Os quitarán el reino, será para otra gente. Renteros y asesinos, pensar con Jesús Mt 21, 33-43. (Dom 27 TO, día 4.10.2026)

Esta es, desde una perspectiva histórica, la parábola más importante de los evangelios, que Mt 23 ha tomado de Mc 12, 1-22 y que ha reelaborado desde su perspectiva eclesial y social, como nosotros (año 2026) debemos hacer desde la nuestra, como pide al final el mismo evangelio ra los enteros

 Donde el texto dice arriendo/viña podemos poner economía o casa  v donde dice renteros podemos poner propietarios, políticos, economistas o clérigos… Esta parábola recoge toda la vida de Jesús y la del pueblo de Israel, la del imperio de Roma y la de los poderes actuales de la tierra. Leamos con atención y sepamos precisar nuestros matices, desde el lugar de la “baraja” (juego) enelque estamos y jugamos (o nos juegan).

Jesús va ofreciendo su opinión y su respuesta, pero al final la deja abierta, para que nosotros respondamos, con nuestra opción de vida, como si estuviéramos en una “votaciones de evangelio”. Los temas clave son arriendo y evidia, envidia y asesinato, el futuro de la historia humana y de la iglesia.

La respueta final de Jesús es: Se os quitará el reino (βασιλεία) a vosotros, renteros asesinos, y se dará a otra gente/pueblo (ethnos, ἔθνει) que produzca frutos.

Nuestra pregunta es hoy:  quiénes son (2026) los arrendatarios y quiénes los asesinados, y sobre todo quién ee ese pueblo gente a quien se dará el reino

Esta es una parábola que merece la pena leer, pensar, actuar…Os aseguro que vale más que cien telediarios de algunos canales, más que mil discursos de algunos partidos.

Ésta es una palabra de juicio y condena contra los que gobiernan matando, y una llamada de esperanza para los asesinados y explotados, porque “Dios” quitará el Reino/arriendo a los asesinos y se lo dará a los que produzcan frutos. Léase en este fondo. Por comodidad divido el texto en tres secciones: Parábola (21, 33-39); interpretaciones (21, 40-42); conclusión (21. 43-45).

1. Parábola Mt 21, 33-39).

  Mt 2133 Escuchad otra parábola: Había un dueño de casa que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos renteros (agricultores) y se marchó de viaje.

34Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a donde los agricultores, para percibir los frutos que le correspondían. 35Pero los agricultores, agarrando a sus criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. 36 Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo.

 37Por último les mandó a su hijo, diciéndose: Tendrán respeto a mi hijo. 38Pero los agricultores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia. 39Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron[1].

La viña es Israel o, quizá mejor, la obra de Dios en su sentido extenso, y los “viñadores” aparecen así como encargados de una tarea superior, es decir, de la obra y tarea de Dios, al servicio de todos los hombres. Así entendida, esta parábola se encuentra entrelazada no sólo con la historia de Israel, sino con la vida y destino de Jesús, de manera que ella puede interpretarse como parábola biográfica. No quiere ofrecer informaciones teóricas, sino hacernos penetrar en el sentido de la obra de Diosy de la muerte de Jesús, utilizando para ello algunos elementos simbólicos bien conocidos del Antiguo Testamento: Había un dueño de casa que plantó una viña... (Mt 21, 33). Este comienzo es unaclara referencia al canto de Is 5, 1-7 y quizáuna alusión a Gen 2-3: Dios ha puesto a los hombres en el jardín Edén, como viña, para que la cultiven y consigan frutos.

‒ Es una parábola para los administradores/renters de la viña, que, mirados en perspectiva bíblica, eran en tiempos de Jesús los sacerdotes y ancianos (senadores) del pueblo, que aparecerán después como sacerdotes y fariseos (21, 44). La parábola se eleva así en contrade los dirigentes de Jerusalén, en sentido religioso, social y económico, es decir, contra aquellos que triunfan matando a los siervos de Dios, y viven a costa de la herencia de los otros, es decir, de todos. Es una parábola que les recuerda (y nos recuerda) que no son (no somos) dueños absolutos de la viña (de un sacerdocio, rabinato o propiedad sagrada), sino administradores al servicio del cultivo de la tierra de Dios, cuyos frutos han de ser para los pobres, los necesitados[2].

‒ La parábola supone que el dueño (Dios, amigo de los pobres) ha enviado a sus siervos para que recuerden a los agricultores/renteros, que no son propietarios de la viña, que no pueden hacer lo que ellos quieran con su finca (su dinero, su vino, su imperio…), que son renteros y, por tanto, servidores de una tarea y de una tierra para bien de todos, y en especial de los más pobres. Mc 12, 2-5 contaba la historia de esos enviados de manera más libre y literaria (un siervo, otro siervo, otro siervo…:). Mateo lo hace aquí de manera más monótona, hablando de dos tandas de siervos (24, 34-36), a quienes los renteros hieren, matan y apedrean, como se decía en la historia deuteronomista[3].

‒ El dueño de casa envió al fin a su hijo, diciendo: “respetarán a mi hijo” (21, 37). Los relatos de este tipo suelen hablar de un tercer intento ya eficaz, para alcanzar lo pretendido. En esa línea, el dueño (Dios) tendría que haber enviado a unos siervos más fuertes que los anteriores, con grandes poderes, para conseguir el objetivo. Pero, de pronto, cuando esperamos que vengan y desplieguen su fuerza, descubrimos que el amo no responde con violencia a los violentos, sino con una debilidad aún más grande, con un gesto radical de no violencia, enviando desarmado a su mismo hijo. Ésta era la última oportunidad, tanto para el dueño como para los arrendatarios, y así lo muestra el mismo texto: hysteron, por fin, envío a su hijo[4].

El asesinato del Hijo aparece como un hecho temido (¡el mismo Padre dice como vacilando: respetarán a mi hijo!), pero, en un primer momento, esta parábola se sitúa en la línea de una tradición de violencia, reflejada, de formas diversas, no sólo en el relato de la akedah o sacrificio de Isaac (Gen 22, 1-19), sino también en la figura del siervo/elegido de Is 42, 1 o del justo asesinado de Sab 2, 13-18.Es como si el final de la historia de Israel hubiera quedado pendiente y tuviera que definirse ahora. El amo pide las rentas de un modo paciente, sin apelar a las armas. ¿Qué harán los renteros? ¿Cómo responderá el amo ante lo que ellos hagan?

 Es posible que en un primer momento, la parábola hubiera terminado aquí, con la propuesta de este envío del Hijo (21, 37), dejando la respuesta y solución en manos de los oyentes/actores (como en Lc 15, 32, donde ignoramos si el hermano mayor acogerá o rechazará al pródigo que ha vuelto). Entendida así, esta parábola más breve (Mt 21, 33-37) tendría pleno sentido y podría interpretarse como una expresión narrativa y simbólica del destino de Jesús: la historia sigue abierta, el hijo viene, el desenlace pertenece a los actores (renteros y Jesús), pues son ellos los que deben cumplir lo narrado y terminar este relato con su gesto de acogida o con un asesinato, concretando así el sentido de la trama, de manera que sepamos si los renteros seguirán siendo envidiosos y violentos hasta el fin, o si descubrirán que ellos son hijos con el Hijo querido del Amo.

Pero la parábola sigue en 21, 38, añadiendo que los agricultores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia…”, matando de hecho al Hijo (Mt e21, 39-40). El tema es la herencia (kleronoma), es decir, la adquisición de la viña, que hasta ahora parecía arrendada y que los renteros quieren conquistar por la fuerza, para hacerla propia, matando para ello al Heredero (keronomos). Quizá ha sido Jesús quien ha formulado ese final, diciendo que los renteros mataron al hijo querido, anticipando así lo que le podría sucederle… Quizá lo ha formulado la comunidad cristiana, diciendo que para adueñarse de la viñalos renteros han matado al Hijo Heredero.

  Interpretaciones: ¡La piedra desechada…!  (Mt 21, 40-42).

 El autor de la parábola sabe que el asesinato ha llegado al corazón de Dios, pues los renteros (encargados de suobra) han matado a su Hijo, planteando así un tema que va más allá de las fronteras humanas. En esa línea, para destacar el carácter cristológico de la parábola, Mateo ha matizado la forma de contar la muerte del Hijo. Mc 12, 8 afirmaba que le mataron dentro de la viña y que después le expulsaron fuera de ella. Mateo en cambio ha querido que el orden de los hechos responda al relato posterior (Mt 27), donde se supone que los renteros expulsaron primero a Jesús de la viña, es decir, de Jerusalén, entregándole en manos de los gentiles, para matarle luego fuera de la ciudad.

Esta parábola revela el mecanismo central de la historia, mostrando las dos caras de la realidad. (1) Los agricultores se sienten renteros en el bajo sentido del término, es decir, siervos del amo (¡sus esclavos!) y así actúan en un plano de ley (de talión y violencia), para apoderarse de la tierra y volverse propietarios de ella, por la fuerza, matando incluso al hijo, enviado del amor. (b) Por el contrario, el señor de la casa no apela a la fuerza, ni responde según ley, sino que envía a su hijo desarmado, dejando incluso que le maten, porque en el fondo confía en los hombres y se pone en sus manos.Los renteros tienen envidia de un Dios a quien conciben como propietario legal, y precisamente por eso quieren adueñarse de la herencia, de un modo violento, de forma que lo que debía ser pura gracia (herencia para todos) se convierte en violencia de unos asesinos, que matan al Hijo heredero. La historia de Dios podía haber terminado de esa manera, con la muerte del Hijo.Pero el autor de la parábola sabeque el tema principal sigue pendiente:¿Qué hará el dueño de la viña…?[5]

Mt 2140 Pues bien, cuando vuelva el dueño de la viña ¿qué hará con aquellos agricultores? 41Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros agricultores, que le entreguen los frutos a sus tiempos .42 Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular?.Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente?

La respuesta de los interlocutores de Jesús indica que ellos han entendido la parábola en clave de talión (en contra de lo que él mismo Jesús había proclamado en 5, 38-48). Mateo retoma la respuesta de Mc 12, 8 (¡hará morir de mala muerte…!),pero indicando en que ella no proviene de Jesús (como podía suponerse en Marcos), sino de la gente(21,41:), que entiende al “dueño” (a Dios) en una línea de justicia de talión. Ésta es la respuesta de aquellos que escuchan a Jesús y responden a su “historia” (a su propuesta de Reino) desde una perspectiva de venganza, queriendo resolver una violencia con otra más grande.

En esa línea se sitúa un tipo de legalidad punitiva, que sigue condenando (aplastando) a los hombres bajo el dictado de una espiral de violencia infinita, porque supone que Dios mismo es violento y que, tras un tiempo de paciencia, en que ha dejado a los violentos que asesinen y maten a los justos, vendrá a manifestarse como vengador incontenible, respondiendo en su mismo plano a los asesinos, destruyendo(asesinando) de un modo implacable a los renteros asesinos, como suponen muchos libros apocalípticos e incluso una teología de línea sapiencial[6].

Conforme a esta respuesta (hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros agricultores, que le entreguen los frutos a sus tiempos…),el des-orden anteriorse mantendría como estaba, porque los nuevos viñadores seguirían sometidos a la misma presión de violencia de los ajusticiados. Pues bien, en principio (a diferencia de lo que sucede en Marcos, donde las cosas quedan veladas), Mateo ha dejado claro que esta respuesta no es de Jesús, ni de los cristianos, sino de algunos oyentes, pues ella va en contra del Sermón de la Montaña (5, 38-48) y del mensaje universal de Pascua (28, 16-20). Dios no ha querido matar a los asesinos de su Hijo, sino al contrario: les ha ofrecido la gracia del perdón a través del mismo Jesús resucitado.

En este fondo introduce Mateo el pensamiento de Jesús (¿no habéis leído: la piedra que desecharon los arquitectos…?), que aparecía en Mc 12, 12, pero con una diferencia. Marcos entendíaese pensamiento como una reflexión general, mientras Mateo lo presenta como respuesta de Jesús a la propuesta anterior (matar a los homicidas, dar la viña a otros que produzcan y den a su tiempo los frutos). Jesús no critica ni refuta directamente a los que siguen apelando al talión, no les dice que están equivocados, pero les invita a “entender” y aplicar la palabra de un salmo que puede hacerles cambiar de actitud: “La piedra que desecharon los arquitectos…” (cf. Sal 118, 22-23).

Jesús no habla para condenar sin más a los sacerdotes y fariseos (como ellos supondrán: 21, 45), sinopara que reflexionen y respondan (=cambien de actitud), y lo hace con ese salmo,que cuenta la historia de un hombre que da gracias a Dios porque le ha liberado de una gran crisis o prueba, de manera que aquellos que le acompañan en la oración proclaman “la piedra que desecharon los arquitectos…”. Le habían expulsado, le daban por muerto, pero Dios le ha convertido, de forma maravillosa, enpiedra angular del edificio, cimiento o quizá piedra de cierre central del arco[7].

3. Sentencia de Jesús, se les quitara el reino, se dará a otra gente  (Mt 21, 43-46).

La sentencia de 21, 43es propia de Mateo (no se incluye en Mc 12, 1-12 ni en Lc 20, 11-18), y parece ratificar la respuesta de los primeros oyentes (hará morir a esos malvados: 21, 41), pero incluye cambios, que debemos precisar:

2143Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus fruto… ( aρθήσεται ἀφ’ ὑμῶν ἡ βασιλεία τοῦ Θεοῦ καὶ δοθήσεται ἔθνει ποιοῦντι τοὺς καρποὺς αὐτῆς). 

45Y los sumos sacerdotes y los fariseos, oyendo sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos. 46Y trataban de apresarle, pero tuvieron miedo de la gente porque le tenían por profeta.

    Jesús no dice “os hará morir” (como sentenciaba la gente: 21, 41), sino se os quitará al Reino de Dios, que había sido confiado a las autoridades de Jerusalén, que no han respondido, ni aceptado a su Mesías, como indicabaya la perícopa del templo y de la higuera (21, 12-22). Por eso, para bien de todos,y especialmente de los sacerdotes y fariseos, ellos (sacerdotes y ancianos) han de ser privados de la autoridad sobre el Reino, pues si quedara en sus manos se condenarían y destruirían a los otros.

Esta sentencia no dice que las autoridades de Jerusalén (sacerdotes, ancianos, fariseos…) serán ajusticiadas (que morirán en este mundo, o que se condenarán después para siempre), sino sólo que se les quitará su autoridad (reconocida todavía por los cristianos de Mateo para los escribas y fariseos en 23), de manera que ya no serán representantes y portadores de la obra de Dios, sino que perderán su privilegio(el don de dirigir a los demás, como pueblo elegido) y no serán ya portadores de la promesa del reino. Leída así, esta sentencia no implica ninguna novedad respecto a lo anterior, sino que lo ratifica: Las autoridades de Jerusalén no son ya, en cuanto tales, representantes y portadoras privilegiadas del Reino de Dios[8].

    La segunda frase (y se daráa un pueblo que produzca sus frutos) se parece a lo que proclamaba la gente en 21, 41 (arrendará la viña a otros agricultores, que le entreguen los frutos a sus tiempos…), pero se sitúa en un plano distinto. (a) Según la visión de la gente, todo seguiría igual, pues lo único que cambiaba era el grupo o pueblo al que se arrendaba la viña (con ekdidomi, lo mismo que en 21, 33); seguiríamos así en un nivel de arrendamiento de ley, no de gratuidad, según el evangelio. (b) Ahora en cambio no se habla de arrendarla viña, sino de darla (con dotheseta, de didômi), esto es, de regalar gratuitamenteel Reino, pasando de un régimen de arriendo salarial al de la donación. Más aún, ese Reino no será dado para unos agricultores (georgioi) asalariados, con deseos de vencer y de imponerse sobre otros, sino a un pueblo   distinto.

     Jesús no enfrenta así a unos agricultores antiguos (poco fieles) a unos nuevos que serían fieles (obreros cristianos de la viña: cf. 9, 38), sino a un pueblo nuevo, que produzca gratuitamente los frutos del Reino. Conforme a la visión de Mateo, este nuevo pueblo es la Iglesia mesiánica, que no se opone a Israel en cuantotal (Mateo supone que los judíos pueden formar y forman parte de ese pueblo), sino a sus autoridades (sacerdotes, ancianos…), es decir, a su forma de entender los frutos como posesión que ellos pueden y deben defender incluso con violencia (matando al heredero, para convertirse en dueños impositivos de la viña). Jesús no condena a Israel, ni quiere su destrucción, sino al contrario: que triunfe y se extienda el verdadero Israel del Reino, y por eso se opone a los sacerdotes y escribas (fariseos) de Jerusalén.

Anejo.  Interpolación: 21, 44 Y el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos; y aquel sobre el que caiga esta piedra quedará desmenuzado. Este verso (Mt 21, 44) sólo aparece en algunos manuscritos, y parece una interpolación discutida.

 ‒ Una piedra de muerte. Ese texto (el que caiga…) proviene de Is 8, 14-15, aunque puede y debe compararse con otros pasajes, que han debido preocupar a la comunidad de Mateo (y no sólo a ella, como muestraLc 1, 8). Is 8, 14-15 dice que el Señor (Yahvé), que actúa desde el templo, será una piedra de tropiezo para Israel, una roca de escándalo para el morador de Jerusalén, de manera que muchos tropezarán, caerán y serán quebrantados. En el fondo de esa imagen está el motivo de la piedra que cae y destruye: El mismo Dios que debía ser principio de estabilidad, de confianza y vida, se convierte para aquellos que le rechazan en piedra de muerte (como ha repetido la tradición cristiana: cf.Rom 9,33; 1 Ped 2, 7).

‒ Piedra (lithos) de muerte no roca (petra) de cimiento (a diferencia de Mt 16, 18). El Dios del templo debía ser fuente de gracia, bendición y paz para los habitantes de Israel y de Jerusalén. Pero, a causa del pecado, él ha venido a convertirse en piedra de tropiezo, y lazo de cazador, como sigue diciendo el texto de Isaías, aunque Mateo no evoca ese nuevo tema, pues a él sólo le interesa el motivo de la piedra que aplasta (si cae sobre uno) y que desmenuza (si uno cae sobre ella, como sobre una piedra de molino). Mateo insiste en el sentido y función de la buena roca, ligada a la confesión de Pedro, en contra de los jerarcas de Jerusalén que acaban siendo representantes de una piedra destructora[9].

Mateo insiste pues en los dos motivos de la piedra (li,qoj), por un lado rechazada (21, 42) y por otro destructora (21, 44). Pero lo hace separando ambos versos y poniendo en medio de ellos la gran promesa de que el Reino se dará a un pueblo que produzca sus frutos (21, 43). De esa manera se vinculan y distinguen estos rasgos: La misma piedra que es cimiento o cabeza de ángulo para aquellos que aceptan a Jesús (pueblo que produce su frutos) puede convertirse en piedra de escándalo y destrucción para aquellos que le rechazan, quedando aplastados o desmenuzados por ella.Entendidas así, estas piedras (lithoi) de Jesús deberán verse unidas a petros /piedra y a la petra/roca de la confesión mesiánica de Simón Pedro, en su doble función de cimiento eclesial (16, 18) y escándalo (16, 23). Pues bien, ahora el “escándalo” o principio supremo de discernimiento es Jesús, roca-cimiento del nuevo edificio de Dios, que puede convertirse en piedra de destrucción para aquellos que no le aceptan[10].


[1]   Cf. J. D. Crossan, La Parabole of the Husbandmen:JBL 90 (1971) 451-465; J. D. M. Derrett, Allegory and the Wicked Vinedressers: JTS 25 (1974) 426-32; The Parable of the Wicked Husbandmen: JBL 90 (1971) 451-465; M. Hubaut, La parabole des vignerons homicides, CahRB 16, Gabalda, Paris 1976; M. S.-H. Lee, Jesus und die jüdische Autorität. Eine exegetische Untersuchung zu Mk 11, 27-12, 12 (FB 56), Würzburg 1986; X. Léon-Dufour, La parabole des vignerons homicides: ScEccl 17 (1965) 365-396; B. Lindars,New Testament Apologetics,SCM,London 1973, 169-186; J. G. M. Mbâ Mundla, Jesus und die Führer Israels (NTAb 11), Münster 1984, 5-40; J. A. T. Robinson, The Parable of the Wicked Husbandmen: A Test of Synoptic Relationships: NTS 21 (1974/5) 443-461;R. Silva Costoyas, La parábola de los renteros homicidas: Compost.15 (1970) 319-354. K. R. Snodgrass, The Parable of the Wicked Tenants. An Inquiry intoParableInterpretation, WUNT 27, Tübingen 1983; H. Weder, Metafore del Regno, Paideia, Bescia 1991, 182-199.

[2] La palabra griega es geôrgós alguien que labra los campos, como en los idiomas latinos el agri-cultor (que cultiva el agro). Puede aplicarse de un modo especial al viñador (que trabaja la viña, como en nuestro caso). Estrictamente hablando, estos gewrgoi o trabajadores de la tierra no son más que administradoares  asalariados en el sentido moderno, pues conforme a la visión bíblica más honda toda la tierra es de Dios (Lev 25, 23), de manera que no se puede poseer ni trabajar como propiedad exclusiva de algunos, sino al servicio del bien común, como hedestacado en Fiesta del Pan, fiesta del vino,Verbo Divino, Estella 2005.

[3]La parábola expone así un momento central de la historia humana, la tragedia de unos administradores que quieren hacerse propietarios de la tierra y que para ello matan a los enviados/servidores del dueño (los profetas). Así lo había puesto de relieve  W. U. Popkes,Christus traditus. Eine Untersuchung zum Begriff der Dahingabe im Neuen Testament, ATANT,Zürich 1967.

[4] La “historia” de este Hijo Desarmado, que noha venido a imponer su Reino por la fuerza, sino a dar la vida por los mismos renteros y por todos (para bien de la viña), retoma el motivo básico de 20, 28, donde Jesús (Hijo del Hombre) afirma que no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida por todos.

[5] Este motivo de la muerte del Hijo retoma, como he dicho, la experiencia básica de 20, 28, donde se dice que el Hijo del Hombre ha venido a dar su vida por todos, y anticipa el gran “juicio” por la sangre derramada de todos los justos, desde Abel hasta Zacarías (que es, sin duda, un signo de Jesús).

[6] Así lo he puesto de relieve en Antropología Bíblica (Sígueme 2005)¸ interpretando esta parábola desde una respuesta supra-judicial de Dios, en clave de superación de toda violencia. Entendida así, ésta no es una parábola más en la línea de las anteriores (cf. Mt 13), sino una revelación “nueva”, que recoge y reinterpreta (desde un nivel más alto) las parábolas ya comentadas. Los agricultores homicidas actúan en un nivel “sacrificial”: Matan al “hijo” del dueño, para hacerse de esa forma herederos de su tierra, iniciando una espiral de violencias que se suceden unas a las otras. Pues bien, esta nueva revelación de la viña rompe desde Dios ese esquema sacrificial, desenmascarando y superando la historia y trama de violencia de los hombres, como ha mostrado J. Alison, Traversing hostility: The sine qua non of any Christian talk about Atonement, http://www.jamesalison.co.uk/texts/eng75.html, siguiendo básicamente la visión anti-sacrificial de R. Girard (La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1982). Cf. también R. Schwager, Brauchen wir einen Sündenbock?, Kösel, München 1978.

[7]Este salmo ha sido citado no sólo en este contexto (Mt 21,42 par), sino en otros muy significativos (Hch 4,11; Ef 2, 20 y 1 Ped 2,7), y en todos se evoca de algún modo la resurrección de Jesús que, habiendo sido condenado a muerte y rechazado, se ha convertido por obra de Dios, en piedra fundacional del nuevo templo mesiánico, no por venganza, sino por gracia más alta. Eso significa ante todo que Dios no ha querido matar a los homicidas, sino abrir un camino distinto (más alto) de humanidad para todos, incluidos los viñadores perversos, por la resurrección de Jesús, pasando así del talión a la gracia creadora. Cf. H.-J. Kraus, Los Salmos I-II, Sígueme Salamanca 1993; L. Alonso Schökel, Salmos I-II, Verbo Divino, Estella 1992; Pikaza, Lectura Cristiana de los samos, Estella 2004.

[8] Esta es, en el fondo, la misma “sentencia” de Pablo en Rom 9-11: Israel sigue siendo la raíz santa del “olivo” en el que Dios ha injertado por Cristo a los gentiles (Rom 11, 16-24).

[9]Mateo toma la cita de los LXX, pero la adapta a su contexto, a partir de la imagen de la piedra desechada de Sal 118, 22-23. Es evidente que ese tema evoca otros motivos poderosos de la tradición bíblica, como Dan 2, 34-35. 44-45 (la piedra desprendida del monte de Dios que destruye los reinos del mundo), pero aquí se vincula de un modo especial con la piedra desechada y convertida en cabeza de ángulo de la cita anterior. Aquellos que no quieren aceptar esa piedra de Jesús corren el riesgo de quedar destruidos.

[10]Entendido así, éste es un pasaje de fundamentación y discernimiento, de edificación y posible caída/destrucción. Mateo nos sitúa de esa forma ante el misterio de la gracia que puede convertirse en signo de desgracia para aquellos que no la aceptan, como indican los versos finales (21, 45-56) donde se dice que lo sacerdotes y fariseos reaccionaron con violencia ante esa palabra de Jesús (que suponen dirigida a ellos), y así quieren matarle, como seguirá mostrando el evangelio. La misma gracia, cuando es total, puede convertirse en abismo de condena para aquellos que no la aceptan, una condena que no viene de Dios, sino de la elección equivocada y mentirosa de los hombres, a pesar (en contra) de la gracia universal de Dios en Cristo. Sin posibilidad de condena tampoco se podría hablar de salvación gratuita de Dios.

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