Dejar una, recibir cien casas (Mc 10, 28-31 par)

El texto del ciento por uno en casas, amigos.... (Mc 10, 28-31; Mt 19, 23-30; Lc 18, 24-30)

El Papa, en la cárcel
El Papa, en la cárcel

Pedro introduce la escena en forma de pregunta indirecta, reasumiendo el argumento   de Mc 10, 16-28 par (la historia del hombre que abandona a Jesús y no puede ser cristiano porque es muy rico), diciéndole: ¡Mira! nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido (10, 28).

    Habla como portavoz de la iglesia (dice nosotros) y contrapone su conducta a la del rico, que ha rechazado la invitación de Jesús porque no quiere abandonar la seguridad y ventaja que le ofrecen las riquezas, a diferencia de los cristianos que deben dar su riqueza a los pobres y compartirla entre sí, como creyentes.

     Pedro y le dice a Jesús (con más o menos razón) que  ellos lo han dejado todo y le han seguido Jesús, a pesar de las dificultades del camino, para ser su familia, dando su dinero a los pobres y compartiéndolo entre ellos, formando así un familia, donde la verdadera riqueza no son unos campos y bienes externos, sino la casa de amor mutuo y comunión que ellos forman entre todos.

    La respuesta de Jesús forma el “credo”, el ideario o principio de identidad de los cristianas que dejando en un sentido todo lo que tienen (una sola casa propia, con familia y campos) recibiendo cien veces más en casa, familia y campos de riqueza, trabajo  producción. Ésta e la “carta magna” de la familia cristiana:

     En verdad os digo que

- no habrá nadie que haya dejado (dado)casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre o hijos o campos por mí o por el evangelio

-que no reciba el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, en madres  (sin padres) e hijos y en campos con persecuciones, en este tiempo, y en el siglo futuro la vida eterna (10,29-30).

             Vivir es dar todo.

El texto está centrado en la casa propia (una casa) que cada uno debe dejar; esa casa es su vivienda, su forma de vida antigua (como posesión propia (el edificio en el que vivo, mis padres e hijos en exclusiva, mis hermanos, hermanas y campo. Dejar significa desprenderse (en griego afiemi, perdonar, da voluntariamente, quedar así sin nada, yo mismo, como persona. No me         No me quitan nada por la fuerza, lo doy yo, lo regalo, me regalo, confiando en los demás, dando campos y familia, es decir, el tema económico (posesiones) y el personal (hermanos, hermanas). Lo que para el rico de Mc 10,17-22 eran sus muchas posesiones, entendidas en sentido indeterminado (ktêmata polla: 10,22),

Vivir es quedar sin casa externa en la que apoyarme y ser, en un plano familiar, social, y económico. El el nombre propio, original y “distintivo” de la familia en la Biblia es casa (bet, oikia), entendida en el sentido extenso de edificio y campos, con el entorno de tierras de labranza y rebaños que fundamentan y sostienen la unidad familiar, con un padre que lo dirige todo, con mujeres, hijos, criados etc.

    Éste es el texto clave de la ruptura cristiana, que retoma en otra perspectiva la opción primera de Abrahán, cuando dejó su casa y parentela, para ponerse en camino hacia la tierra que Dios le mostraría (Gen 12 1-3). Nos hallamos ante la gran decisión que actualiza y aplica desde la experiencia de Jesús el motivo del éxodo de Egipto; los que siguen a Jesús deben dejar un orden social dominado por casa, familia y campos, entendidos en clave de posesión y dominio posesivo, para así instaurar la nueva familia del reino.

Vivir es recibir todo, y así tenerlo por gracia como regalo multiplicado

    Aquel que da (deja, regala) casa, familia y posesiones… recibirá por gracia, amor de los demás el ciento por uno en casas, familia y posesiones, El que da casa, familia, posesiones… recibirá, en amistad, dice Jesús, el ciento por uno en casas, familia y posesiones…. Las cien casas de sus amigos serán suyas los cien familiares de sus amigos serán sus familiares, los cien campo y trabajos de sus amigos serán suyos. De esa forma, el que ama y se hace amigo de todos podrá vivir y vivirá por la amistad de todos.

Explicación

‒El bien primero que incluye todos los otros es, la casa, entendida como la familia lugar permanente de vida y riqueza (campo de trabajo y ganancia). Es el edificio donde se vive con sus posesiones (campos, bienes de producción y de consumo) yes, al mismo tiempo, la familia que allí vive (quese puede expandir hacia parientes más lejanos y criados). Dejar la casa o perderla sería perderlas raíces donde la vida entera se sustenta, en plano de este mundo. Construir la casa es crear nueva familia. En ese sentido, casa es la familia entera, en un contexto tradicional, de fondo agrícola.

‒Hermanos y hermanas forman el contexto horizontal de la familia. Son el grupo de la parentela, los que están vinculados por origen y opción en los gozos, posesiones y tareas de la vida. Es evidente que en este esquema general de hermandad pueden y deben incluirse esposo y esposa, aunque no se nombren. Normalmente, como expansión de ese plano, en la familia extensa solían incluirse otros parientes, criados y siervos o esclavos. Pero el evangelio de Marcos, desde su nuevo contexto social, sólo alude a hermanos y hermanas (lo mismo que en Mc 3, 31-35)

‒Madre, padre e hijos forman la línea vertical, que se expresa en la genealogía: los padres como origen, los hijos como descendencia. Significativamente, en contra de una tendencia patriarcal, el texto cita a la madre antes que al padre. Sea como fuere, madre y padre, con los hijos en plural, entendidos como descendientes (tekna), arraigan al hombre en el tiempo ysuelen tomarse como signo de Dios en cuanto principio (padres) y garantía de futuro(los hijos de las promesas patriarcales, de Gen 12 en adelante). Hay que indicar ya desde aquí que los nuevos “familiares” de Jesús tienen que dejar a padre y madre, pero después sólo reciben el ciento por uno en madres, no en padres, como seguiré indicando.

‒Al final vienen los campos (agrous) en los que culmina esta enumeración de bienes, como expansión y concreción de la casa. Estamos en una sociedad agraria donde los campos de cultivo van unidos a la casa y forman parte de la entidad familiar (son fuente de riqueza, trabajo y alimento). En ese contexto es imposible hablar de casa familiar (autosuficiente, rica) sin campos (tierras, posesiones), administrados en familia, evidentemente en un contexto de propiedad y régimen jerárquico, con el padre de familia como dueño y responsable del conjunto de bienes y personas (aunque, como he destacado, al citar primero a las madre, este pasaje desactiva el sentido patriarcal del texto). Hay que destacar esto, porque el mundo moderno ha separado la casa (espacio de vida/familia) y los campos (lugar de trabajo), en un proceso lógico pero fatídico, pues nos permite hablar de familia sin tener en cuenta su profundo componente económico. Así hemos llegado a la situación fatídica actual, en la que se dice que se defiende a la familia, pero se impide que un gran mayoría de familias puedan compartir los “campos” (es decir, los bienes).

    Todas esas “cosas” (personas y bienes)  se dejan «por mí o por el evangelio».

Ambas formulaciones son equivalentes, pues la opción por Jesús y por el evangelio exige e implica una misma ruptura social y personal, que abra una forma distinta de vida, en gesto de superación económica (familiar y social). Se trata de recrear la forma y estilo de vida, pasando del “tener” (ejemplificado por el rico de 10, 17-23) al dar y compartir.

    Evidentemente, dejar es superar, abandonar un tipo de vida que se funda precisamente en la economía de una casa/familia cerrada en sí y opuesta (enfrentada) con otras casas/familias. Las diversas “posesiones” aparecen en un mismo plano, de manera que se habla de casa “o” hermanos, “o” hermanas… (ê,ê...)., como si todas ellas formaran la riqueza del ser humano, entendido como “dueño” de una serie de bienes materiales y humanos, en clave posesiva.

    Pues bien, esas “posesiones” se pueden dejar por mí (=Jesús, signo y presencia de Dios) o por el evangelio, es decir, por su mensaje o su causa, que es la nueva familia de Reino, pasando así de un plano “posesivo” a un plano de comunicación gratuita. No es que las “riquezas” antiguas desaparezcan, o se puedan abandonar por motivos puramente espiritualistas, sino que ellas han de entrar a formar parte de una nueva constelación familiar, como en Mc 3, 20-35, donde Jesús instauraba las bases de su nueva “familia de Reino”.

    

    ‒ Ciento por uno en bienes personales (madres, hermanos…) y materiales (campos, posesiones). La gran mentira de una economía actual está en que ha separado la familia de los campos, las personas de los bienes. Quiere así que la familia se cure, que haya armonía…; pero separa el “ciento por uno” en familia del “ciento por uno” en campos y posesiones, mientras que Jesús ha vinculado ambos aspectos. Sólo se puede compartir de verdad la familia, en gesto de apertura gozosa a los demás (¡cien madres, cien hermanos, cien amigos y cien hijos…!), si se comparte la casa con los campos, es decir, el trabajo y los bienes económicos.

‒ Desde ese fondo se puede hablar de tiempo futuro  o vida eterna (zôên aiônion). El pasaje había empezado con la pregunta del hombre rico que quería heredar la vida eterna (10, 17). Jesús le había propuesto su camino (dejarlo todo y seguirle...) y ahora vuelve a proponer ese camino a los discípulos, sabiendo que la metaes la dsôê, la vida eterna, como don de Dios, Dios mismo, hecho regalo y plenitud.

Sin esa esperanza de futuro el resto del pasaje y el camino entero de los hombres pierde su fundamento. Pero esa esperanza es inseparable de la experiencia del ciento por uno en familia y en campos, en amor y bienes compartidos. Eso significa que la zôêo vida eterna se vincula internamente con el “ciento por uno” de este mundo. Hay, según eso, una relación muy honda entre un tipo de vida en el mundo (el ciento por uno) y la vida eterna. Eso significa que el gran corte o ruptura mesiánica no se da entre el hoy de la tierra y el futuro de la vida eterna tras la muerte, sino entre un tipo de vida actual dominada por el tener y por la lucha mutua, y otra forma vida actual, definida por el seguimiento de Jesús, como nueva familia, con el ciento por uno en bienes compartidos.

Se da todo, pero no se recupera todo... la posesión  de nada, ni al padre como kyrios,  

a) Al dar todo, se renuncia a la posesión privada de todo, toda “posesión” es comunión, en diálogo de libertad y amor. No queda posesión particular de nada…Este es el tema clave: sólo dando todo, sólo renunciando a la posesión privada de todas las cosas se puede recuperar y todo, pero no como posesión privada sino como regalo de gracia. El Dios de Jesús es lo contrario de toda posesión privada, excluida…. El Dios de Jesús no tiene posesión privada de todo, es puro regalo… No exige nada, no posee nada, nada retiene como Cristo (cf. Flp 2 1, 11). En este sentido, la posesión privada de algo (como ius utendi et abutendi) es anticristiana.

b) Por eso, en este proyecto de donación y posesión común…hay que dejar al padre como tal… pero ya no se recupera al padre como kyrios, poder dominador. Hay cien madres, cien hermanos, cien hermanas, cien hijo pero no cien padres (en el sentido antiguo)… Así lo ponen de relieve tanto Marcos como Mateo, desde su fondo judío (hablando de un ciento por uno de madres, pero no de padres). El evangelio de Lucas matiza el tema y pone goneis (engendradores, dadores de vida) y no padres como dirigentes superiores (cf. Lc 18, 29)

    Por esa razón hay que insistir en la recuperación comunitaria tanto de las riquezas como de las relaciones familiares. Ambas perspectivas (casa y familia, campos y parentesco) van unidas en este pasaje. Conforme a los principios de esa gran ruptura, el seguidor de Jesús tiene que dejar todolo que él tiene en sentido posesivo, superando un tipo de familia egoísta, que se expresa como casa, con familiares muy concretos(en plano horizontal de hermanos/as y en plano vertical de padres/hijos), con posesiones o campos, para crear una familia extensa, en gratuidad personal y económica (compartiendo los bienes) .No se trata, pues, de cambiar de religión en el sentido espiritualista (intimista) del término, sino de cambiar de relaciones familiares y sociales, algo que en el fondo resulta mucho más difícil. 

Programa de vida, siembra evangélica.

Jesús ofrece así un programa-camino de cambio de casa/familia con trabajo y posesiones. Sus seguidores entran, al seguirle, en una dinámica muy concreta de recreación (inversión) familiar, como aquella que proponían los esenios de Qumrán, pero sin formar una comunidad aislada, como la del Mar Muerto, sino viviendo en sus propias casas, pero en línea de comunicación extensa e íntima con otras casas (cien casas, cien familias…). Esta dinámica de recreación familiar en línea de renuncia (dejarlo todo…) y de comunicación total (para alcanzar así el ciento por uno) constituye la novedad del movimiento de Jesús, en línea de pobreza (desapego), para instaurar así una forma de posesión nueva, en clave comunitaria (de familia extensa): 

 En la base sigue estando wl “dejar”dar todo a los pobres, casa y familia patriarcal como Jesús ha dicho al rico que quería seguirle (Mc 10, 17-23), en gesto de radical desprendimiento, que se expresa en el “regalo de la vida”, o mejor dicho, en la vida hecha regalo, hecha signo y principio de donación…

Ser es “dar”, dar la casa, superar el tipo de familia egoista (es decir, darse), en la línea del Dios de Jesús que va apareciendo en el pasaje como aquel que abre un camino de entrega a los demás. Se supone así que el grupo no capitaliza en línea particular ni comunitaria, sino que mantiene siempre el principio de “venderlo todo y darlo a los pobres”. Sin esta base de gratuidad fundacional, sin este don más hondo de desprendimiento personal y grupal carece de sentido el evangelio

‒ La pobreza se vuelve comunicación, la casa cerrada se vuelve casa abierta, cien casas compartida  Sólo allí donde lo da todo hacia fuera la comunidad puede compartirlo todo hacia adentro, de manera que cada uno reciba el ciento por uno de aquello que ha dado. Surge así, entre los mismos seguidores de Jesús, un tipo de existencia compartida donde la pobreza (vivida como gratuidad) se vuelveprincipio de comunión, es decir, de fraternidad. Este es rasgo de máxima densidad mesiánica del movimiento de Jesús: el mismo desprendimiento (dar todo a los pobres) se vuelve lugar yprincipio de la más intensa comunicación humana (lugar del Espíritu Santo).

            Desde aquí se entiende la iglesia mesiánica como “casa/familia” o, quizá mejor, como federación o comunión de “cien casas/familias”, establecida sobre bases generosidad externa (dar todo a los pobres) y de comunicación interna (compartir todo). No hay victimismo, no hay gesto de pura cruz... Ciertamente, la cruz está al fondo; todo se funda en el camino de entrega de Jesús. Pero esa entrega se ha expresado como siembra de generosidad que nos lleva a recibir y disfrutar en este mundo el ciento por uno de aquello que damos.    

             Éste es el ciento por uno de la siembra evangélica que penetra en la tierra buena de la comunidad cristiana, conforme a la parábola del sembrador (Mc 4, 8 par).  De la casa patriarcal cerrada se pasa a las cien cases fraternas, compartidas. Es evidente que Jesús ha sembrado reino en todo tipo de tierra (entre leprosos y publicanos, posesos y enfermos, escribas y pescadores...). Pero la misma buena simiente transforma las condiciones del campo y consigue que se logre ya en el mundo el ciento por uno de cosecha, de vida en abundancia, en plano interior y exterior, económico y social, creando así una familia mesiánica:

Un programa de cristianismo. La iglesia como experiencia de gratuidad

‒Más que sobre una fe teórica, la iglesia se edifica sobre la comunicación económica y vital de los miembros, que forman así una familia o, mejor dicho, una comunión de familias, que al convertir su vida en don (al darlo todo) pueden abrir espacios de comunión económica y afectiva, personal y social... No se trata de crear una comunión espiritual (puramente ideológica), en torno a unas verdades generales, sino de suscitar una comunidad integral donde se comparten casa y campos, hermanos y hermanas, empezando así desde una perspectiva económica. Según eso, la comunidad de los seguidores de Jesús no es una  reunión de espíritus, como a veces se ha pensado y querido, sino espacio de comunicación de almas y cuerpos, experiencia de vida compartida. Significativamente, el texto no habla de “amor mutuo” (como hará el evangelio de Juan en un contexto semejante); pero es claro que este tipo de vida sólo es posible allí donde surgen lazos nuevo de comunión-abiertos a “cien madre, hermanos…”.

‒Esta comunidad de Jesús es “familia abundante” y no lugar de prohibiciones o penurias, una familia que es posible allí donde los llamados y acogidos (los creyentes)van creando espacios de maternidad, fraternidad/sororidad y filiación, de forma que la participación de bienes se vuelve signo y garantía de una más intensa comunión de afectiva (hermanos, madres, hijos...). Es evidente que esta “apertura familiar” puede crear y crea dificultades, tanto en el plano afectivo como en el económico, pero el evangelio apenas ha insistido en ellos, destacando más bien la aportación positiva de las “cien casas, hermanos…”. En esta línea, el movimiento de Jesús ha venido a expresarse como un proyecto de transformación y unificación de familias.

‒ Esta familia es comunión de hermanos y hermanas (fraternidad y sororidad) en un sentido intenso, en una línea que había sido iniciada ya por el Antiguo Testamento, donde los judíos aparecían básicamente como hermanos, en sentido genealógico (hijos de unos mismos antepasados), social y religioso. Pero esa fraternidad “nacional” había corrido el riesgo de perder su dinamismo, convirtiéndose en una fórmula genérica (a pesar de la importancia que ha seguido teniendo la experiencia de fraternidad en el judaísmo posterior). Ésta no es una fraternidad “genealógica” de buenas familias, sino que se abre a todos, especialmente a los expulsados sociales, porque está fundada en la escucha de la voluntad de Dios, como sabía Mc 3, 31-35. Ésta es una fraternidad/sororidad, de manera que en ella tienen igualdad dignidad e importancia los hermanos y las hermanas (sin que las hermanas aparezcan sometidas a los hermanos).

  Reino, familia de amor. De la casa propiedad solitaria a las cien casas comunión

             1. Dejar para encontrar, un ciento por uno bien diferenciado. La comunidad de seguidores de Jesús es una familia de madres e hijos, sin que pueda hablarse de padres/patriarcas en el sentido antiguo. De manera muy significativa, el texto comienza diciendo que hay que dejar “a la madre y al padre”  (Mc 10, 29), pero después, al hablar de aquello que se “recupera”, el texto ya no habla de “cien padres”, sino sólo de cien madres, hermanos… (10, 30). Ese mismo motivo (ausencia de padre) aparecía en Mc 3, 31-35.

    La nueva familia de Jesús está formada por cien casas madres, hermanos… sin que se pueda hablar en ese nivel de cien padres: (a) En un sentido sólo Dios puede presentarse como Padre dentro de las comunidades cristianas (cf., en otro contexto, Mt 23, 9). (b) En otro sentido, la figura del “padre” está tan vinculada a un tipo de “patriarcalismo” (en el fondo la familia es como una “propiedad” del padre), que en la comunidad cristiana no puede utilizarse esa figura. Lógicamente, en esa iglesia de madres hallarán lugar de preferencia los niños y pequeños(cf. 9, 33-37; 10, 13-16). Sólo en un contexto más tardío, en la línea de la tradición de Pablo, se podrá recuperar la figura del “padre de familia” dentro de la comunidad cristiana.    

            Lógicamente, el texto no habla de esposos/esposas, quizá porque el tema está expuesto en otro lugar (cf. Mc 10,1-12), como veremos en el capítulo siguiente, quizá porque el motivo de los esposos no se puede “universalizar” en la línea anterior (no se podría hablar de cien maridos o mujeres como se habla de cien madre/hermanos/hijos…). La familia mesiánica aparece como lugar donde, en un contexto más amplio de amor, los esposos pueden mantenerse unidos de un modo especial (en entrega mutua, como la de Cristo por los hombres; el tema aparece en el fondo de Mc 2, 18-19) y no por exigencia de una ley patriarcal, administrada por varones, de tal forma que a su lado (precisamente a partir de la fidelidad matrimonial) puede multiplicarse la familia con cien madres, hermanos e hijos, con el campo compartido.

 Múltiple familia, cien casas fraternas unidas,  sin padres-patriarcas.

Lógicamente, el padre-patriarca (dominando sobre el resto de la familia) tiene que desaparecer, lo mismo que la figura de un esposo dominador. Sólo dentro de una fraternidad abierta (cien hermanos…) y al servicio de ella puede y debe hablarse también de un padre y de un esposo.  Sólo allí donde ha desaparecido el padre/ley, signo y portador del patriarcal, sólo se supera la visión de un esposo que domina desde arriba a su esposa, puede hablarse de un Dios universal, que se revela a través de la comunidad de hermanos y hermanas. 

‒ El texto destaca la relación familiar de hermanos/as, que incluye a varones y mujeres. Ésta es la línea del encuentro horizontal que define a los que habiendo dejado un modelo de sociedad impositiva (con sus poderes económicos y sus egoísmos grupales) asumen un ideal más alto de desprendimiento, de gratuidad y de servicio mutuo, pudiendo así gozar juntos los que tienen, poseerlo en común y disfrutarlo... Surge así la nueva familia mesiánica,  la hermandad/sororidad del nuevo pueblo,instaurado por Jesús como familia, rompiendo las barreras que separan a ricos/pobres (todo es ya común, todo se comparte), a varones/mujeres(se igualan en el mismo proyecto de reino)...

Este pasaje nos sitúa así en el mismo contexto que Gal 3, 28 proclamaba al decir que “no hay judío ni griego, siervo ni libre, macho ni hembra,pues todos vosotros sois uno en Cristo”.

‒También es importante la relación especial de madres/hijos, en línea vertical de donación (generación) y recepción de vida. Dentro de la iglesia mesiánica es fundamental el don de la vida que se expande (madres)yse recibe (hijos), sin que deba ponerse de relieve la figura paterna superior de la tradición israelita. Donde el texto está diciendo “ciento por uno en madres e hijos” (sin aludir a los padres) está evocando y ratificando el surgimiento de una nueva identidad de "engendradores" personales (padre y madre) vistos como fuente de vida y no como autoridad legal impositiva. En este contexto no hace falta ya citar al padre, puss su función queda incluida en los otros dos valores fundamentales de la existencia humana: la donación de sí (madres) y la receptividad (hijos).

‒El texto no habla de cien esposos-esposas, porque ese nivel de relación matrimonial no se puede expandir numéricamente, sino que debe profundizarse en línea de comunión personal, como sabe y dirá Mc 10,1-9 (cf. cap. siguiente). La novedad está en que ahora el matrimonio (unión indisoluble de un hombre y una mujer) ha de entenderse desde el fondo de la fraternidad (cien madres, cien hermanos), y al servicio de ella.  Un matrimonio que no se entendiera de esa forma, que no fuera un gesto de comunión de intimidad al servicio de la gran familia mesiánica carecería de sentido según el evangelio. Unidos ambos, de un modo único, marido y mujer, pueden y deben ponerse al servicio de la gran comunidad mesiánico, y no sólo de su egoísmo dual o de sus hijos propios, como seguiremos indicando.

     Es evidente que Jesús no ha proyectado aquí ninguna especie de ascetismo duro, ni en plano económico (campos) ni familiar (madres, hijos) sino todo lo contrario: ha suscitado un camino de abundancia mesiánica en clave de comunicación de vida.El texto se centra en tres figuras: En el origen están las madres como principio de vida; al finalestán los hijos como receptores de vida; en el centro están los hermanos/as como expresión de comunidad, vida compartida. Pero el tema sigue abierto (lo seguiré tratando)

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