Resurrección: Física cuántica y comunicación

(20+) Facebook Resurrección, física cuántica y comunicación ¿El cadáver de Jesús en una fosa común?

Mi amigo y colega B. Vivanco, profesor de Economía, de la Universidad del País Vasco, ha publicado un trabajo muy interesante sobre la problemática en torno a la Resurrección en El Correo (03.04.26: ¿El cadáver de Jesús acabó en una fosa común?).

Borja dice cosas serias para dialogar sobre ellas con respeto y deseo de aprender compartiendo o disentiendo. Pero me ha llegado la voz de que algunos le han criticado con poco respeto conocimiento. Pensaba responderle dándole gracias por ese trabajo, añadiendo dos ideas importantes:

1. El mundo entero es una fosa común, sin diferencia entre los cadáveres depositados en ricos panteones o los consumidos en el mar por tiburones o en la tierra por aves carroñeras.

2. El mundo entero es un semillero de esperanza, tierra, aire y mar sembrados de vida en comunión, de conciencia y palabra compartida, que podemos vincular y muchos vinculamos con “lo divino”, el principio vital, personal, comunicativo de la realidad.

Dicho eso he añadido: no entres al trapo... si te critican sin entrar en el tema ni aprender unos de otros.

El NT no puede ni quiere, ni saber responder a pregunta de mala idea, con acusaciones poro respetuosas. El NT y la lglesia cristiana quieren ofrecer el testimonio de que Cristo está vivo en Dios y en la vida de los creyentes. Insistir en el cadáver significa no interesarse por la pascua cristiana, convirtiéndola en un falso milagro físico químico... ...

Una vez dicho eso, podemos y debemos entrar en la temática real de la presencia de los difuntos en la vida real de aquellos que les seguimos... que no es presencia de un cadáver sino de una vida personal que comienza en la presencia real de unos en otros, en vida, en comunicación real de corazón... inhabitación/presencia real de unos en otros.... Se puede empezar leyendo y traduciendo Flp 2, pero no empezando en 2 6-11, sino en 2 1-5 la presencia de la vida de unos creyentes en otros.

La resurrección empieza siendo la presencia viva de Jesús en las mujeres de Mc 16, 1-8. Ellas mismas y lo que con ellas surge es presencia de Jesús… En la misma línea sigue la confesión de Pablo en 1 Cor 15, 3-8… Jesús, resucitado en Dios, sigue viviendo en aquellos que le han visto, que le han recibido en su vida, en la vida de las iglesias… Desde ese fondo quiero añadir algunas reflexiones marginales sobre los temas de fondo de tu trabajo.

Osario de Talpiot y la presunta familia de Jesús

El año 1980 se descubrieron en el barrio de Talpiot, Jerusalén, unos osarios que, según los arqueólogos, datan del siglo I d.C. aproximadamente. Contienen los huesos de ciertos judíos, que fueron re-enterrados tras un tiempo (una vez consumida su carne y sus partes blandas), en arquetas preparadas para ello, en las cercanías de Jerusalén, esperando la resurrección, cuando según Ez 37, 1-14, Dios juntaría los huesos de los muertos, dándoles vida de nuevo. Ese tipo de enterramientos se empleó en siglo I d. C., hasta la guerra del 56-70 y constituye uno de los rasgos característicos del judaísmo palestino de ese tiempo.

Pues bien, en la zona de Talpiot se hallaron unos osarios, con inscripciones en arameo y/o hebreo donde se diría que los restos allí contenidos pertenecían a ciertos personales llamados Jesús, María, Judas…. Durante años, los arqueólogos estudiaron técnicamente las urnas, los restos y los textos y no vieron nada relacionado con el fenómeno cristiano (con Jesús y María Magdalena y con un posible hijo de ambos). Pero entre el 2006 y el 2007, el cineasta James Cameron y su colaborador S. Jacobovici publicaron un documental “científico” en el que “demostraban” que los restos los osarios (con las inscripciones) pertenecerían a Jesús hijo de José (=Jesús de Nazaret), a madre de Jesús (María) y a su esposa (María de Magdala), con un hijo de ambos, llamado Judas. También se habrían encontrado los restos de otro hermano de Jesús y los de Mateo, uno de sus discípulos.

Este descubrimiento mostraría (a) que Jesús tenía hermanos; (b) que estaba casado con María Magdalena, (c) que él y familia era fieles judíos pudientes que observaban las normas rituales y tenían los medios suficientes para costearse un sepulcro con osarios, y (d) que Jesús resucitó “físicamente”, pues sus restos se conservaron en osarios, al lado de los restos de sus familiares, de manera que podría obtenerse incluso su ADN.

Pues bien, en contra de eso, la inmensa mayoría de los investigadores no han aceptado las “interpretaciones” de Cameron, ni siquiera en un plano arqueológico, pues los osarios y los nombres que están pretendidamente escritos en ellos pueden y deben interpretarse de otras maneras, a no ser que sean falsos (al menos en lo relacionado con uno de los osarios). Por otra, parece casi imposible que la familia de un pretendiente mesiánico pobre como Jesús (que anunciaba el fin este orden histórico) se hubiera preocupado de tener un osario en Jerusalén, porque ello costaba mucho dinero, y porque resultaba innecesario para un hombre como él. Finalmente, los datos que tenemos sobre el enterramiento de Jesús (que no fue realizado por sus familiares, sino por un delegado del sanedrín) van en contra de esa posibilidad de los osarios de Talpiot. Todo parece indicar que nos hallamos ante un montaje mediático sin fundamento alguno.

Sobre la muerte de Jesús

(1) Algunos “historiadores•, como J. D. Crossan (Nacimiento del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2002), se atreven a decir que no sabemos casi nada de lo sucedido, pues todo se re-escribió en clave teológica (como teología historizada), partiendo de unos textos del Antiguo Testamento; de todas formas, él piensa que algunos sacerdotes judíos colaboraron con Pilato en su condena.

(2) Otros, como R. E. Brown (Muerte del Mesías, Verbo Divino, Estella 2006/2006), suponen que sabemos mucho sobre aquello que debió pasar de hecho, aunque los textos del Nuevo Testamento (tanto Pablo como los evangelios) apelan para entenderlo a los signos del Antiguo Testamento; más que una teología historizada, ellos han escrito una historia teologizada, como he puesto de relieve en Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2023.

En ese fondo se sitúa (y ha de entenderse) el tema clave de la pretensión “davídica” de Jesús, que “subió” a Jerusalén, de una forma provocativa (en el entorno de las fiestas de Pascua, del año 30 dC), realizando públicamente dos gestos muy significativos: Entrada mesiánica en la ciudad, como hijo de David, y “purificación” del templo). Es como si estuviera provocando un tipo de intervención superior de Dios, para que comenzara su Reino (provocando de hecho la intervención de las autoridades, que le mataron).

Parece evidente que Jesús pro-vocaba (llamaba) a Dios, esperando quizá su intervención final, incitando, al mismo tiempo, a Pilato (entrada mesiánica en la ciudad) y a los sacerdotes (gesto en el templo). Contaba con unos discípulos y simpatizantes galileos, podía contar con una respuesta (al menos parcial) de los habitantes de Jerusalén. Pero, tomado externamente, tal como aparece presentado en los evangelios, su gesto era una “locura”. De manera lógica, Poncio Pilato, gobernador romano, le mando crucificar como a un “rey de los judíos”.

Tumba vacía y Resurrección, un tema hermenéutico.

La “historia” de Jesús no acaba en su muerte, como suele suceder algunas veces. Lo más importante de su historia ha “sucedido” después, cuando algunos de sus discípulos y seguidores, y después muchos “creyentes” han experimentado de algún modo su presencia y afirman que ha resucitado. En este contexto hay que hablar de su entierro y del impuso nuevo de su “recuerdo”, entendido como resurrección o como otra forma de presencia.

a. Entierro, el cadáver de Jesús. Las opiniones de los investigadores permanecen divididas sobre el tema. Muchos piensan que Jesús fue enterrado en una fosa común, de manera que no pudo encontrarse su cadáver. Otros siguen afirmando que hubo un “entierro honorable”, realizado por un judío distinguido (José de Arimatea y/o Nicodemo), y defienden el valor histórico de la tumba vacía (es decir, del hecho de que unas mujeres fueron a la tumba de Jesús, encontrando que ella estaba abierta y vacía, por la razón que fuera: ¡Habían robado el cadáver, Dios le había “resucitado!...).

Sea como fuere, gran parte de la exégesis actual deja abierto el tema (o considera la tumba vacía como un símbolo de la fe pascual); por otra parte, la hermenéutica cristiana propiamente dicha desvincula la fe pascual del hecho físico de la desaparición del cadáver de Jesús; ella apela, más bien, a un tipo especial de experiencia de varios grupos de sus seguidores, que afirmaron que se hallaba estaba vivo y que ellos le habían “visto” (se les había aparecido) .

Resurrección, una presencia “real”.

Sobre el hecho o, mejor dicho, sobre el “sentido” de la resurrección se sigue discutiendo con pasión, tanto en plano histórico como teológico (creyente). Pero más que la resurrección como posible hecho “físico” (transmutación de un cadáver) a los historiadores les importa la ruptura y continuidad entre la vida/muerte de Jesús y el nacimiento de la Iglesia, es decir, el tema de la relación de Jesús con sus compañeros y seguidores, no sólo antes, sino después de su crucifixión.

La historia de una persona no acaba con su muerte, sino que en ella se incluye su “recuerdo real”, es decir, su influjo y presencia en aquellos que le han conocido, y que siguen quizá recreando su figura y continuando su obra. En ese sentido, la resurrección forma parte de la historia del influjo de Jesús (de su Wirkungsgeschichte), como profeta del Reino y/o como pretendiente mesiánico ajusticiado. En este campo resulta quizá mayor y más importante la diferencia (y posible complementariedad) entre el puro historiador (quien en su plano ha de ser agnóstico) y el creyente.

El puro historiador se limita a estudiar el influjo de Jesús, mostrando la forma en que su vida ha marcado la vida y acción de sus seguidores (amigos, continuadores), sin hacer ninguna afirmación sobre un posible “estado superior” de Jesús (si ha resucitado en sí). El científico en cuanto tal (no en cuanto persona, que puede ser creyente o no) no puede negar ni afirmar nada en este campo, limitándose a estudiar el comportamiento de aquellos que dicen haberle visto vivo (resucitado) tras su muerte. Es evidente que algunos discípulos de Jesús le han “visto” tras su muerte. Todos los intentos que algunos han hecho (desde Celso, siglo II dC) por negar la resurrección apelando al engaño de sus seguidores, o a un tipo de alucinación enfermiza, carece de sentido. Cuando dicen que le han visto y que “creen” que está resucitado, los primeros cristianos no “mienten” (aunque pueden estar en el fondo equivocados).

Formas de presencia.

En este contexto se plantea el tema de la continuidad de Jesús. Como he visto en la presentación de este trabajo, algunos han querido que Jesús perviva a través de una descendencia genética (Dan Brown), otros quieren que pueda ser clonado... para así fabricar cientos de jesusitos. Pues bien, los cristianos están convencidos de que Jesús “pervive” por su resurrección, que inaugura un tipo nuevo de “realidad”, es decir, de presencia transformadora. Como he dicho al hablar de G. Theissen, la resurrección cristiana sólo puede entenderse en clave de “mutación”, es decir, de nueva presencia y acción de Jesús, que ha sido “transformado” por Dios y que actúa a través de aquellos que creen en él. En sentido estricto, no puede darse ninguna prueba objetiva (física) ni a favor ni en contra de la resurrección (ni el posible descubrimiento de una tumba con los huesos de Jesús, ni la posible demostración de que su cadáver se “trans-materializó”, como quieren algunos defensores de la “Sábana Santa” de Turín).

Para los creyentes cristianos la resurrección de Jesús significa el descubrimiento y despliegue de un nuevo “campo de realidad”, una verdadera “mutación” que les transforma, capacitándoles para ser testigos de ella.

En esa línea, ellos se atreven (nos atrevemos) a decir que Jesús (¡que ha muerto realmente!) está vivo y presente, en una dimensión más alta, que puede llamarse “histórica”, pero no en el sentido anterior (biológico), sino en un sentido de cumplimiento y anticipación mesiánica. La fe mesiánica (cristiana) en la resurrección de Jesús ha de entenderse como una “mutación antropológica”, como la experiencia de un nuevo “continente” humano, de tipo mesiánico que se expresa en una forma de vida como la de Jesús. Evidentemente, los creyentes no puede “demostrar” que Jesús ha resucitado, sino decir que ellos le han visto (le ven), actuando en consecuencia.

Epílogo. Conversación con NN. Resurrección, teoría cuántica y comunicación

En mi juventud leí lo que decía Zubiri, muy interesado sobre el tema… Quería hacer teología desde Heisenberg, Bohr y Schrödinger, con la resurrección de Jesús releída desde nuestra experiencia nueva del espacio-tiempo, de las ondas y partículas… de la transmisión y comunicación de la conciencia… Yo andaba por ahí, había escrito pero me atrajo más el estudio de la la Biblia. Después he dirigido una tesis sobre el Caos y Resurrección escrita y publicada en Costa Rico. … Incluso le puse un prólogo sobre la resurrección como nueva experiencia de la continuidad entre espacio y tiempo y sobre la pervivencia supra-individual (proto-personal) de la conciencia, sobre Jesús como nueva conciencia de una humanidad transmutada…, pero no estoy seguro de lo que allí decía. Tengo que pensarlo.

Actualmente, quizá más que la dimensión cuántica de la realidad, en un plano psicología sub-atómica, yo acentuaría la experiencia de la comunicación, tal como vengo haciendo en algunos de mis últimos libros, sobre la realidad humana como conciencia y comunión de conciencias en la historia...

Dios no hace cosas… sino que habita en la realidad, alienta en el ella, en la línea de “genitus non factus” del credo… También y los seres humanos alientan, viven unos en otros… La realidad es energía comunicativa… y lo que llamamos materia es también comunicación. La categoría substancia-accidente de Aristóteles no vale ya en este campo, ni tampoco lo de sujeto-objeto de la modernidad (en una línea cartesiana o incluso kantiana).

La experiencia de la resurrección real de Jesús nos sitúa en este nuevo espacio de comunicación de Dios, de comunicación interhumana, de personalidad compartida.. Ciertamente, la física cuántica nos puede ayudar mucho, aunque, como te digo, para mí la clave está en la forma en que la energía divina (fuego, luz, palabra: todo son metáforas) está presente en toda realidad de todo.

Tengo la impresión de que Juan de la Cruz en Llama 3 está pensando en esa línea, o yo lo entiendo así. Desde Juñís desde Jesús puedes insistir en el hecho de que su vida es Palabra, comunicación plena… y que su mensaje-muerte es comunicación total, ser desde, en, con otros, y que eso es lo divino… La resurrección es la forma de ser/estar/alentar con y en (para) los demás. Que ahí está la mutación (evolución de la evolución).

Evidentemente, hay muchos cabos que hay que ir pensando, precisando, pero en esa línea… No hay Dios y además mundo, sino Dios en el mundo, Dios que se hace mundo, humanidad. En esa línea, Encarnación no es una cosas distinta de la creación, sino la misma creación, abierta por dentro a la recreación pascual, desde una perspectiva de pneumatología, como ha visto Juan de la Cruz en Llama 3, lámparas de fuego… con la insistencia en la •sombre” (Dios cubrió a María con su sombra)-

El Espíritu Santo no viene después de Dios y su Verbo, después, sino que es la forma de ser estar de Dios/Verbo en el mundo como mundo: Palabra, carne, Espíritu. . Quizá se puede precisar más la relación entre el hombre como Espíritu/energía (no substancia) en comunicación universal y como conciencia (sujeto personal).

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