Resurrección, homosexualidad y androginia: Juan de la Cruz (CB 31) y la Biblia (Gen 2-3) con , David y Jonatán

El amor de resurrección enciende los colores de la vida en gratuidad en libertad, en esperanza, como indicaré como indicarán las tres secciones de esta postal:

cf. (20+) Facebook Texto base con imágenes

1. Juan de la Cruz, “prueba” Bíblica. El amor de David y Jonatán es para Juan de la Cruz uno de los argumentos o modelos principales de la pascua. No olvidemos que Juan de la Cruz no es uno más, sino el Doctor Oficial del amor en la iglesia católica, de el siglo XVI hasta el XXI, cosa que cierta moralina y y derecho parecen haber olvidado.

2. Gen 2-3. Cada ser humano (varón o mujer) es la humanidad entera. En el principio está la androginia. En el Génesis no hay varón y mujer separados en jerarquía, sino vinculados en comunión, siendo separados y en amor l humanidad entera, en una línea que según Pablo (Gal 3, 28) culmina en Cristo, que es palabra/amor de Dios.

3. Desde ese fondo vuelvo a los amores de David y Jonatán, en la línea del Canto del Justo (2 Sam 1), retomando el ejemplo y testimonio de Juan de la Cruz que presenta dos varones (=personas) como signo privilegiado del amor divino, esto es, de la resurrección.

1 JUAN DE LA CRUZ, (CB 31): EL AMOR DE DAVID Y JONATÁN

La tarea y prueba de la vida en resurrección (=matrimonio realizado, Cántico B 30) es simplemente amarse, sin otra ley y norma en sí mismo tejiendo y poniéndose coronas-guirnaldas de vida, siendo reyes-soberanos del reino de Dios (=cielo) que es la vida de los hombres y mujeres en la tierra, todos, sin excepción, en igualdad, belleza y gozo:

De flores y esmeraldas, en las frescas mañanas, escogidas,

haremos las guirnaldas, en tu amor floridas

y en un cabello mío entretejidas (CB 30)

Estas guirnaldas vinculan a Dios con los seres humanos y a los seres humanos entre sí, en amor de reino. Ellos mismos, varones y/o mujeres, se buscan, se encuentran, se casan, se ponen coronas, son reyes de amor sobre un mundo abundante de flores y piedras preciosas que pueden escogerse con facilidad cada mañana.

La flor de estas coronas es el mismo amor florido del Amado y del amante. Ésta es la única misión del evangelio: Amaos unos otros como yo os es amado (Jn 13, 34). Estes el único mandamiento esencial y permanente, la llamada de amor del discípulo amado de Jn 21, 13-23, que simplemente ama, no guarda ganado ni se deja dirigir por pastores. A partir de aquí se entiende la siguiente estrofa que voy a comentar, con cita y ejemplo posterior de amores de David y Jonatán. En un sentido la vida es ua guerra, es una lucha, es un esfuerzo, y no pueden encontrarse en toda la Biblia dos “guerreros” más esforzados, más comprometidos, más inmersos en problemas que David y Jonatán. Pero ellos son al mismo tiempo, el testimoio y camino de un amor que supera la muerte. Esta es la estrofa que Juan de la Cruz interpreta luego como estrofa de Pascua (muere y vida) de David y Jonatán:

En sólo aquel cabello que en mi cuello volar consideraste,

mirástele en mi cuello y en él preso quedaste,

y en uno de mis ojos te llagaste (CB 31).

Ese cabello puede compararse con el vínculo de unión del que habla Pablo en Colosenses 3, 14, como hilo que vincula a los creyentes desde Cristo: Lo más frágil, un cabello de mujer, de ser humano (-los guerreros nazireos de Israel no se cortaban el cabello) puede romperse y ser llevado por el viento, siendo, sin embargo, signo y presencia del amor fuerte que es Dios:

Porque este hilo del amor ase (=vincula) con tanta fuerza a los dos,

es a saber, a Dios y al alma,

que los junta y los transforma y hace uno por amor,

de manera que, aunque en sustancia son diferentes,

en gloria y parecer el alma parece Dios, y Dios parece el alma...

(Esta unión…) es admirable sobre todo lo que se puede decir.

Dase algo a entender de ella por aquello que dice la Escritura... donde dice

que era tan estrecho el amor que Jonatás tenía a David

que conglutinó el ánima de Jonatás con el ánima de David.

De donde, si el amor de un hombre para con otro hombre

fue tan fuerte que pudo conglutinar un alma con otra

¿qué será la conglutinación que hará el alma con el Esposo Dios,

mayormente siendo Dios aquí el principal amante,

que con la omnipotencia de su abisal amor

absorbe al alma en sí con más eficacia y fuerza

que un torrente de fuego a una gota de rocío de la mañana,

que se suele volar resuelta en el aire?

De donde el cabello, que tal obra de juntura hace,

sin duda conviene que sea muy fuerte y sutil,

pues con tanta fuerza penetra las partes que ase

(Coment CB 31, 1-2).

Esta es la obra del cabello fuerte de amor, que el Amado ha “considerado” en el cuello de su Amante que de tal forma unifica a Dios y al hombre (amantes ambos) que, siendo dos en sustancia, son uno en parecer y gloria, como muestra el lamento funerario de David por Jonatán, de quien dijo en su lamento de muerte: “Tu amor era para mí más estrecho que el amor de las mujeres” (2 Sam 1, 26).

Este canto de David a Jonatán, canto supremo de todos los que aman y se esfuerzan en la vida, es para la Biblia, según Juan de la Cruz un canto de resurrección… un canto pascual de la vida que triunfa sobre la muerte… de la guerra que se sonvierter en paz supema de amor.

Esta estrofa prolonga y explicita el tema en los versos anteriores del Cánatico Espieitual de Juan de la Cruz., el sentido y fuerza de la guirnalda de amor tejida en el cabello de la amada.

En esa línea, el Cantar de los Cantares había puesto de relieve la fuerza de amor de los cabellos, del Amante, vinculados con los ojos, como hace nuestra estrofa. Así dice Ct 4,9 Vulgata: “Heriste mi corazón, hermana mía, esposa; heriste mi corazón con uno de tus ojos y con un cabello de tu cuello" .

Juan de la Cruz no muestra inhibiciones cuando quiere aludir a lo más hondo del amor como expresión de encuentro mutuo, pero ha preferido tender un velo de pudor sobre ciertos rasgos somáticos, aumentando así la densidad y belleza de sus alusiones amatorias. El amor es flor (cf. Ct 2) y cabello que "junta", ase y unifica las flores y las piedras preciosas del amor, según CB 31,1:

-El cabello parece una parte ecundaria del cuerpo: caen los cabellos o se cortan y la vida sigue sin cambiarse. Pero, siendo muy frágil, el cabello es signo de hermosura y puede presentarse como expresión de todo el cuerpo, mejor dicho, de toda la persona. Es el cabello de los guerreros nazireos como Sansón en la biblia, como Jonatán y David amigos, amantes que cantan y clebran el amor sobre la guerr, el amor que triunfa de la muerte.

- Tres comentarios he escrito sobre el Cánico de amor de de guerra y amor de Juan de la Cruz…y en ls tre me he enfrentado con estr motivo de CB 31: Al llegar el momento culminante del amor, la resurrección de la vida, Juan de la Cruz pone como testimonio el amor de dos varones dos guerreros, David y Jonatán, no por ser amor homosexual en sí, sino por ser amor,,, amor intenso, amor profundo, amor gratito, que conglutina la vida, la voluntad, la mente y corazón de dos persona, como amor de Dios en Cristo.

- Tres comentarios he escrito y estoy escribiendo ahora un cuarto, y le firmado ya el contrario, en una de las editoriales de más prestigio y rigor en lengua castellana…. Y he vuelto a “chocar” con este ejemplo de Juan de la Cruz, como testimonio de amor de Dios, amor-amor de dos homosexuales en gratuidad de vida. Juan de la Cruz no razona al poner este ejemplo, pero es evidente que lo pone porque le parece el más adecuado literria, teológica y cristianamente. Él conoce como nacie (¡mejor que nadie!) la Biblia del AT… y así nos pone al llegar el amor más alto ante el ejemplo y testimonio de David y Jonatán.

¡Oh cosa digna de toda acepción y gozo, quedar Dios preso en un cabello!...El alma regracia esta merced a su Esposo..., estimando en mucho(que él, su Esposo) se haya querido pagar y prendar de su amor. En lo cual se podría considerar el gozo, alegría y deleite

que el alma tendrá con este tal prisionero (=Dios prisionero de ella), pues tanto tiempo había que lo era ella de él, andando de él enamorado (Coment CB 31,8.10).

Quedan así mutuamente prisioneros Dios y el alma, David y Jonatán, guerreros de aor, uno del otro, pero siendo cada uno liberado por (en) el otro, en amor de mirada, de cuerpo y de alma. Quedan así prisioneros los amantes humanos, uno en el otro, por amor, sin más que amor Con imaginación oriental, el Cantar de los Cantares, había descrito emocionado el cuerpo entero de la Amada, bailando como fuego de deseo, ante su Amado: ojos y cabello, dientes y labios, sienes y garganta, pechos y “monte de mirra”... (Ct 4, 1-7).

SJC podía haber seguido ese modelo oriental, describiendo el cuerpo entero del amado y de la amada, pero lo ha evitado por condensación poética. No necesita describir cada detalle, le basta con insinuarlo, en versos de gran intensidad. Sólo necesita con-siderar (con-templar) un cabello que vuela sobre el cuello desnudo de la amada, al aire del amor. Esto es suficiente para quien sepa mirar y admirar amando. Los otros rasgos (pecho: CB 27 y aquello que me diste el otro día…: CB 38) quedan al trasfondo. El Cantar de los Cantares 1, 10; 4, 9 destacaba el collar en la garganta; pero aquí no hay collar de perlas, ni sartas de flores, sino que basta un cabello como expresión de la riqueza exuberante del amor de los enamorados .

2. GEN 2-3, EN EL ORIGEN DE LA VIDA HUMANA ESTÁ LA ANDROGINIA

Dejamos por sabido el primer relato de la creación (Gen 1, 1-2, 4) del mundo, de los animales y los hombres/mujeres en siete días, con la creación del “ser humano” en genera,l como ha-adam, el humano en general (Gen 2, 5-22), para situarnos en el principio de la verdadera humana, formada por dos seres humano, que aparecen como varón y mujer (Adán y Eva), aunque más que varón y mujer son simplemene dos seres humanos que se descubren y se hablan. Aquí no se habla de la generación (como en el caso del padre y de la madre) sino de la unión de amor de unos seres humanos en otros. Adán, el primero que habla dice así:

¡Esta es hueso de mis huesos, carne de mi carne!

Su nombre es Hembra, pues ha sido tomada del Hombre.

Por eso el Hombre abandona padre y madre

y se junta a su mujer y se hacen una sola carne (Gen 2,23-24).

En el principio, antes del surgimiento de la mujer, no se podía hablar de personas, ni de varones ni mujeres. Ahora, en cambio, puede hablarse de “personas” que se hablan, varones y mujeres,,, No surge uno sólo, sino dos, al mismo tiempo, en compañía de amor y palabra, siendo cada uno (varón o mujer) carne de la carne y hueso de los huesos del otros.

Dios creó al ser humano a su imagen. Varón y mujer los creó. Contando así la creación, la Biblia no argumenta, ni demuestra, ni prueba, sino que expone (expresa) el despliegue de Dios, mostrando así que su principio (bereshit o arkhe, Gen 1, 1; Jn 1, 1) se expresa en la palabra, de manera que entre Dios y el hombre puede trazarse un camino de diálogo, en el que Dios se revela divino y el hombre se eleva y colabora en/con Dios como imagen‒presencia suya sobre el mundo (cf. Gen 1, 26‒28).

Dios los creó y los está creado cada día varón y/o mujer, esto es, persona y persona, de forma que al comulgar en amor entre ellos comulgan con el mismo Dios, que se hace palabra-amor en Cristo.

Ésta formulación del primer relato de la creación (Gen 2, 1-2, 4) debe completarse y entenderse en la Biblia cristiana, partiendo no sólo de Jn 1, 12-14 (en el principio era la Palabra… y la Palabra se hizo carne, es decir, comunión de pdersonas), sino también de Gal 3,28, donde se añade que en Cristo (Dios pleno) no existe ya varón y mujer, como opuestos en sí, pues ambos se distinguen y vinculan (son) como Palabra, siendo de esa forma Uno en comunión con otro, en Cristo, en una especie de andro-ginia, por la que cada ser humano es persona en sí, siendo persona en los otros.

Dios es Comunión/Personal por la palabra ( “hagamos”) y lo expresa (se expresa)en la comunión de los seres que, siendo distintos por su sexo biológico (varón‒hembra) se definen y vinculan (son) uno en el otro y por el otro a través la “palabra”, como vivientes personales que se comunican (son) compartiendo y extendiendo (=sembrando) su vida, como dice de manera radical el evangelio, desde Mc 4 (donde el hombres ess embrador de palabra, no del semen sexual) y Jn 1, 14 (la palabra se hizo carne por comunicación personal), ara culminar en los relatos de pascua, en los que Jesús no resucita en forma biológica, sino como persona/palabra, creída, madurada y proclamada a partir de las mujeres de la tumba vacía (vincular Mc 16, 1-8 con 12, 18-27, donde los resucitados no se casan en sentido sexual para tener sino que se comunican en sentido personal, como se supone que se comunican los ángeles).

‒Varones y mujeres son imagen y presencia creadora de Dios como Palabra. Por eso, su identidad más honda no es un tema de biología (como en el resto de los animales), sino de comunión de Palabra,, como expresión y presencia de un Dios que les dice “hagamos”, haciendo (=haciéndose) en ellos, para que ellos mismos sean (se hagan) al comunicarse la palabra.

− Varones y mujeres son biología pero sin negar ese plano se vuelven comunicación “espiritual” de vida por la Palabra, experiencia y esperanza de creación y resurrección. Por su forma de ser y actuar, ellos comparten con los animales la capacidad de crecer/multiplicarse, pero no de una forma puramente biológica, sino en línea de intercomunicación personal, como signo y presencia del Dios que existe (es Dios) siendo Palabra creadora, compartida

Por eso, en el principio del Génesis no está el signo (mito) de la gran madre divina, que retorna, para ser trascendida en Ap 12 (mujer celeste vestida de sol), no como varón dominador, que quiere poseerlo todo. Como sabe y dice en forma de lucha mutua para sometimiento de unos sobre otros, sino la Palabra de diálogo personal, a modo de comunicación de varones y mujeres, iguales y distintos, es decir, complementarios, en un camino abierto de gozo, tarea y esperanza en la Palabra de Dios, que es comunión de todas las palabras de la historia humana.

El Dios de Gen 2,4b-25, que por un lado nos fundamenta en la raíz cósmica como varones y/o mujeres (en el sentido de machos y hembras), nos ofrece al mismo tiempo, de un modo muy hondo, la libertad personal y la palabra, para así escoger en libertad lo que queremos (=lo que amamos) y comunicar/compartir lo que somos por la palabra, pues somos mestizos, tierra arcillosa y aliento de Dios (Gen 2,7), siendo así vivientes de Palabra, comunicación personal, llamados a escoger, esto es, a elegir nuestra identidad (nuestra forma de ser) en comunión con otros como dice el texto, distinguiendo tres momentos:

Cada uno de los seres humanos concretos (individuos, personas hablantes y amantes ) son “más” que el Adam anterior, que parecía humanidad, pero carecía de Palabra. Lo que hace al ser humano persona (individuo y comunidad, imagen y presencia de Dios) es la Palabra-Amor, por la que un ser humano se comunica con todos los demás seres humanos, pudiendo dar existencia y siendo (comunicándose) con todos ellos.

Cada individuo es “la humanidad entera” siendo al mismo tiempo una “parte”, persona en compañía, esto es decir, en Palabra, como sigue matizando el texto: Dios “puso al ser humano en estado de letargo”, para dividirlo por dentro, de manera que surgieran a la vez dos humanos pues si sólo hay uno no hay hombre/persona todavía.

El Adam primigenio (frente al mundo y con los animales, pero sin palabra) no era ser humano, pues sólo si hay al menos dos que se dan y comparten vida se puede hablar de verdadera humanidad, en amor y palabra, en comunión de varones y/o mujeres como personas, no sólo en relación de sexo (algo que tenían ya los animales anteriores, machos‒hembras), pues la humanidad como tal sólo nace en dualidad/comunidad de palabra, no contra del sexo, sino superando el puro sexo. De esa forma pasamos del “monstruo” anterior (Adám‒Totalidad ante el mundo y con los animales, pero sin palabra) a los seres humanos concretos, que son ya personas, esto es Vida de Dios hecha palabra.

En principio Adam era la Humanidad universal (pre-personal, pero sin palabra) totalidad indiferenciada, con rasgos femeninos y masculinos. Pues bien, en el momento en que Dios toma su costilla/corazón (intimidad profunda) Adam presexuado) para modelar con ella a otro ser humano podemos hablar de un Adán persona, con otro Adán persona (que empezará siendo Eva, cf. 3, 20), humanidad en compañía.

Antes podía haber macho‒hembra (como en los animales), dualidad de naturaleza, pero sin personas. Sólo ahora descubrimos que del Adam indiferenciado surgen, en Cristo, dos y más seres humanos, que, en un plano, de hecho, serán varón y varona, hombre y hembra, pero que en sentido radical más hondo son personas, “seres humanos concretos”, en diálogo de vida, en relación inter‒personal de Palabra, más que como simple dualidad sexual.

Más que ante un hombre y una mujer como macho‒hembra este pasaje nos sitúa ante dos seres humanos, para dialogar y ser personas, en dimensión de palabra compartida (superando la pura relación del primer Adam con el mundo y con los animales, que no le daban verdadera compañía). Este pasaje no nos pone ante una pareja de procreación como padre‒madre, en sentido biológico), sino ante una pareja y camino de comunicación personal, para “llenar el hueco de soledad”, creando así un nuevo modo de ser en comunión de palabra, que puede darse entre amigos y amigas, de uno u otro sexo. Sólo ahora, cuando el antiguo Adam pre‒sexuado (sin dualidad) se descubre persona concreta, en comunión con otras personas, surge y se expresa el verdadero ser humano, en forma de comunicación.

Este pasaje (Gen 2, 19‒25) supone, en una línea, que un ser humano es varón y otro mujer, pero no les presente como tales, en un plano de dualidad hétero‒sexual (no se refiera a la procreación y nacimiento de hijos), de manera que puede y debe aplicarse a todo tipo de comunicación entre personas, que, en un sentido profundo, es una comunicación “carnal” (de sarx), es decir, “integral”, en línea de palabra, retomando el sentido originario de un camino que va de Gen 1 (Dios crea por la Palabra) a Jn 1, 14, donde se añade que la Palabra (Logos de Dios, Cristo) se hizo sarx (carne), es decir, humanidad compartida, en línea de de comunicación personal (que puede ser hétero‒ u homo‒sexual, genital o no genital, celibataria o matrimonial).

El Génesis nos sitúa de esa forma en el principio de la antropología bíblica: Un ser humano ante otro ser humano, desnudos ambos (Gen 2, 25), ante el impulso de amor y palabra (comunicación), empezando por el varón, que ha de hallarse dispuesto a perder su identidad (su separación, su egoísmo, vinculado a la procreación dominadora como: padre) para encontrarse su propia realidad en otro ser humano. Ese Adam anterior ha buscado en vano un interlocutor (en el diálogo con Dios, sobre el mundo‒paraíso, domesticando animales); sólo ahora, superando ese nivel de soledad, para unirse a otra persona, recibiendo vida en (con) ella se puede afirmar que ha logado su identidad de persona (ser de Palabra, como Dios, en Dios‒Palabra).

La primera finalidad de esta pareja de Gen 2, 23‒24 no es pro‒crear biológicamente (en línea de generación, cosa evidentemente no excluida), sino crear espacios de comunicación personal, con la finalidad de “llenar el hueco de soledad” de las personas, en la línea de una relación más extensa y profunda, que podría y puede darse entre amigos y amigas, de uno u otro sexo

Gen 2-3 ha contado este proceso de formación (culminación) de la pareja, desde la perspectiva de la persona que parece más “fuerte”, esto es, desde el varón que debe romper (superar) su tendencia posesiva (expresada en general en forma de matrimonio: padre‒madre, con hijos), para formar así un espacio de amor, es decir, de comunicación personal. Sólo ahora, cuando el antiguo Adam pre‒sexuado (es decir, sin dualidad) esté dispuesto a dejar a sus padres e iniciar (reiniciar y definir) su vida por la unión a otra persona (que simbólicamente empieza siendo una mujer, pero que puede ser también otro varón) surge el verdadero ser humano, entendido en forma de comunicación.

Este pasaje no insiste ya en Adán como humanidad andrógina pre-personal en su raíz, en su conjunto, sino como androginia post-personal entre vivientes huma nos, que pueden ser varones y mujeres, pero también varones entre sí y mujeres entre sí, pues sólo la comunicación verbal y afectiva convierte a los homínidos (machos y hembras) en humanos, en la línea de Jn 1, 14, donde se dice que la palabra se hizo carne, lo que implica en otro sentido que la carne se hizo “palabra”, es decir, comunicación personal, superando así el nivel de la relación del hombre con el parque de plantas y con los animales, tema del que venía tratando Gen 2, 1‒18.

Como vengo diciendo y como quiero repetir, en un primer momento, este pasaje (Gen 2, 19‒25) supone, en línea tradicional, que los dos seres humanos son varón y mujer, pero tal como está formulado (sin referencia a la procreación y nacimiento de hijos), este canto de Adán (2, 23‒24) puede y debe aplicarse a toda comunicación humana intensa, que es de tipo “carnal” (de sarx), pero no sólo carnal, sino , “integral”, de persona a persona, en línea de Jn 1, 14, donde se añade que la Palabra (Logos de Dios, Cristo) se hizo sarx (carne), es decir, humanidad compartida.

Pues bien, en este contexto se añade que cada ser humano (¡empezando por el varón!), ha de hallarse dispuesto a perder (superar) su conciencia de poder y dominio sobre otros (su deseo patriarcal o matriarca de dominio su egoísmo de dominio, vinculado a una relación y procreación posesiva) para encontrarse a sí mismo en otro ser humano. Ha estado solo, se ha buscado en vano (en el diálogo con Dios, en el dominio sobre los animales). Pero únicamente ahora, cuando supera ese nivel de soledad, para unirse a otra persona (que en un primer plano es una mujer), recibiendo vida en (con) ella se puede afirmar que ha logado su identidad personal, humana, como revelación y presencia del Dios Amor.

3. DAVID Y JONATÁN. AMOR Y ANDROGINIA (2 Sam 1)

Suponemos conocida la historia a la que se había referido Juan de la Cruz en CB 31: Los amores de David y Jonatan como signo del amor pascual de Dios. De ellos empieza tratando el libro de 2 Samuel, narrando la muerte del padre (Saúl), adversario de David y de Jonatán (hijo de Saúl, “amante” de David). Entonces David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán, y ordenó a los hijos de Judá que la Canción del Arco, escrita en el Libro del Justo (2 Sam 1, 17-18)::

19«La flor de Israel herida en tus alturas. Cómo han caído los héroes.20Que no se cuente en Gat, que no se pregone en las calles de Ascalón,para que no se alegren las hijas de los filisteos,

para que no salten de gozo las hijas de los incircuncisos.

21Montes de Gelboé, no haya en vosotros ni rocío ni lluvia, ni campos feraces.Porque allí ha sido manchado el escudo de los héroes: el escudo de Saúl, no ungido con óleo, 22sino con sangre de muertos, con grasa de héroes. El arco de Jonatán no se volvió nunca atrás, ni la espada de Saúl regresó vacía.

23Saúl y Jonatán, amables y gratos en su vida, inseparables en su muerte, más veloces que águilas, más valientes que leones.

4Hijas de Israel, llorad por Saúl, que os cubría de púrpura y adornos, que adornaba con alhajas de oro vuestros vestidos.

25Cómo han caído los héroes en medio del combate. Jonatán, herido en tus alturas. 26Estoy apenado por ti, Jonatán, hermano mío. Me eras gratísimo, tu amistad me resultaba más dulce que el amor de mujeres. 27Cómo han caído los héroes.Han perecido las armas de combate» (2 Sam 1, 17-27)

Éste es el canto más bello de guerra y amistad de la Biblia y podría servirnos de confirmación de todo lo que he dicho d la androginia bíblica, expresada en la comunión personal, la solidaridad en la batalla y el amor entre David y Jonatán, que se ayudan y defienden en la guerra, se acompañan en la paz de la vida como hermanos y se quieren como pareja de amor en momentos de intimidad.

Ésta es es originalmente una elegía (un lamento funerario) cantado en la gran liturgia del entierro del Rey Saul y de su hijo Jonatán, el gran guerrero, que amaba más a David, compañero, conmilitón que a su padre rey (con riesgo de perder por ello su herencia real).

Ésta es la experiencia más fuerte ds amor que se siente y se llora, entre dos varones que son compañeros y amantes, amigos y colegas. David ha sido el soldado supremo de Israel, enfrentado por cuestiones de poder, con el Rey Saúl, ha sido gran seductor de las mujeres más importantes de Israel, tanto en la familia del rey Saul (con su esposa, con su hija Mikol), como entre las mujeres de su entorno… lleno de fieras pasiones y de amores seductores…

Pero en el fondo de sus grandes torbellinos de amor sólo uno le ha llegado a lo más profundo del alma, y así confiera al final de esta elegía de pasión, de dolor y de muerte: Pena inmensa tengo por ti, Jonatán, hermano mío. Gratísimo eras para mi tu amistad, más dulce que el amor de mujeres.

Con esas últimas palabras podía haber empezado y acabado este trabajo sobre la androginia y el amor en la Biblia. Pero he querido dejar este tema para otra ocasión. Para hoy han sido suficientes los motivos de Gen 2-5 (Xabier Pikaza)

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