Salmo 82 (81). Contra los malos jueces. Dios se levanta de su trono para juzgar
Este salmo de Asaf retoma el motivo de Sal 72, donde se decía que el “ungido” de Dios defenderá a los oprimidos y socorrerá a los pobres, estableciendo un reino de salvación para afligidos e indigentes desde el Mar Occidental al Gran Río de Oriente.
Este motivo (que Sal 72 exponía de manera mesiánica) ha sido desarrollado aquí en perspectiva judicial como acusación y condena de los jueces perversos que no defienden a los oprimidos, sino que han puesto su falsa justicia al servicio de los opresores.
Junto a esos dos salmos (72 y 82) se pueden citar otros (cf. Sal 16, 18, 32, 34, 40, 58, 68, 69, 82, 91, 107, 142, 145, 146, 147) que insisten en la prioridad de la justicia y, sobre todo, en el servicio a los pobres (huérfanos, viudas, extranjeros: Ex 22,20-23; Dt 16,9-15; 24,17-22), como atributo esencial de Dios y principio de salvación.
Empleando un lenguaje simbólico (mitológico), este salmo presenta a los jueces/gobernantes como “dioses subordinados”, bajo Yahvé, Dios supremo. Les llama “dioses” en sentido irónico, pues no lo son, sino que han querido serlo (divinizarse a sí mismos, dominando sobre otros), pero Yahvé, único juez y poder verdadero, se lo impide, destronando a los falsos dioses (reyes, cadillos militares, hombres ricos…) que oprimen con su poder a los pobres. Dios ha decidido expulsarles (derribarles), a fin de que los hombres puedan vivir y orar en libertad.
Este salmo supera y destruye toda sacralización divina del poder, para insistir en la justicia liberadora, que consiste en proteger a los débiles. Conforme a la experiencia orante de este salmo, cuya verdad culmina, según los cristianos, en la vida y obra de Jesús, Dios se identifica con los pobres y oprimidos no con el poder de jueces (gobernantes) opresores .
1 Salmo de Asaf.
Dios se levanta en la asamblea divina; rodeado de dioses, juzga:
2 «¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta, poniéndoos de parte del culpable? (Pausa)
3 Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al oprimido y necesitado, 4 defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable».
5 Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras, mientras vacilan los cimientos de la tierra.
6 Yo declaro: «Aunque seáis dioses e hijos del Altísimo, todos
7 moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos».
8 Levántate, oh Dios, y juzga la tierra, porque tú eres el dueño de todos los pueblos.
α
Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al oprimido
a. Justicia de Dios: Contra los jueces injustos (82, 1-4). Se ha reunido (como en Job 1-2) la asamblea divina Rodeado de los Elohim dioses inferiores, poderes angélicos, gobernantes, el verdadero Dios se eleva sobre todos y ratifica su autoridad proclamando su juicio contra todos esos opresores.
b. El salmista no describe con más precisión la identidad de esos elohim (gobernantes cósmicos, reyes y jueces auto-divinizados), sino que proclama sobre todos ellos su autoridad como verdadero Dios que eleva y libera a los hombres, destronando a todos los dioses y poderes opresores. Éste es el gran juicio: Dios condena a los dioses y poderes que oprimen a los hombres.
c. Ésta es la más honda de las liberaciones, mucho más honda que la de los hebreos esclavos de Egipto. Ésta es la liberación teológica por excelencia: Se eleva el Dios del salmo (Yahvé, el que hace ser) y destrona a todos los dioses falsos, a todos los que se imponen sobre los hombres. La verdadera religión no es someterse a los dioses, sino liberarse de ellos, proclamando la grandeza del “Dios divino” que se eleva en la “asamblea de los dioses” para juzgarles, destronarles, porque en vez hacer justicia a los pobres les han oprimido, y se han hecho ellos “culpables” .
Ésta es la paradoja o, mejor dicho, la revolución de Dios, que condena a los poderes que han usurpado su nombre para oprimir a los pobres. Por eso se eleva, rodeado por aquellos que gobiernan-juzgan el mundo y, en vez de avalar su poder y agradecerles su servicio, les condena porque se han puesto de parte de los opresores. Eso significa que los poderosos del mundo (reyes, grandes gobernantes, jueces), no son representantes de Dios, sino anti-dioses.
Este salmo proclama la revolución del cielo: El verdadero Dios se levanta en la Asamblea divina, condena a todos sus representantes falsos y les expulsa de sus tronos, de forma que ellos quedan sin poder sobre la tierra. Sólo el Dios justo gobierna sobre el mundo; los restantes dioses cósmicos o sociales que oprimen a los pobres son falsos, de forma que Dios les destrona y destituye .
d. Condena: Moriréis, caeréis… (82, 5-7). Estos versos declaran la sentencia de Dios, que se expresa de modo tajante. Por más que se crean y digan representantes de Dios (ángeles, reyes, jueces…) los poderes del mundo son simples mortales, pues sólo Dios es el Viviente (dador de vida) y los que se oponen a su justicia a favor de los pobres se destruyen, cayendo en manos de la muerte530.
Este Dios no condena, sino que se limita a recordar a los jueces/reyes injustos que están condenados, que no tienen poder ninguno. No tiene que matarles, pues, haciendo lo que hacen, se condenan y matan a sí mismos. Se creen poderosos, esto es, dioses (hijos del Altísimo, ), pero son simplemente mortales. Esta es la palabra clave que el salmista, dirige a los príncipes del mundo recordándoles el destino de muerte que ellos han originado.
e. Petición: “Levántate, oh Dios, y juzga la tierra… (82,
. El texto anterior nos ponía ante Dios, que debía alzarse para juzgar a los jueces poderosos. Ahora escuchamos la voz del salmista o de los creyentes que le piden que lo haga, que se levante para realizar su juicio sobre todos los pueblos, condenando a los que han usurpado la autoridad de Dios para oprimir a los pequeños.
Los que así piden a Dios son, por una parte, los israelitas fieles, que le dicen que condena a los “gentiles” (~yI)AGh;). Pero en un sentido más amplio son todos los oprimidos del mundo (pobres, huérfanos, necesitados…), sin distinción de pueblo o raza (judíos y gentiles), pidiendo a Dios que condena y destituya a los jueces opresores (cf. Ap 6, 9).
Ω
Este salmo proclama la revolución del “palacio de Dios”, que condena a los dioses y gobernantes perversos que se han venido presentando y actuando como divinos, no siendo más que príncipes demoníacos de opresión. La religión del poder y la injusticia, que ha querido aparecer como “divina” y salvadora, era y sigue siendo una falsedad corrupta.
En contra de esa “religión del mundo”, el Dios bíblico viene a presentarse como justicia de gracia, por encima de los “dioses” y poderes opresores, que han usurpado e invertido su autoridad. Éste es el mensaje radical de la teología y de la apocalíptica judía, tal como culmina en Jesucristo.
Sin ella carece de sentido la teología de Israel y el evangelio .
Ѱ 82 (81). A los malos jueces: Aunque seáis dioses moriréis
Este salmo de Asaf retoma el motivo de Sal 72, donde se decía que el “ungido” de Dios defenderá a los oprimidos y socorrerá a los pobres, estableciendo un reino de salvación para afligidos e indigentes desde el Mar Occidental al Gran Río de Oriente. Este motivo (que Sal 72 exponía de manera mesiánica) ha sido desarrollado aquí en perspectiva judicial como acusación y condena de los jueces perversos que no defienden a los oprimidos, sino que han puesto su falsa justicia al servicio de los opresores.
Junto a esos dos salmos (72 y 82) se pueden citar otros (cf. Sal 16, 18, 32, 34, 40, 58, 68, 69, 82, 91, 107, 142, 145, 146, 147) que insisten en la prioridad de la justicia y, sobre todo, en el servicio a los pobres (huérfanos, viudas, extranjeros: Ex 22,20-23; Dt 16,9-15; 24,17-22), como atributo esencial de Dios y principio de salvación.
Empleando un lenguaje simbólico (mitológico), este salmo presenta a los jueces/gobernantes como “dioses subordinados”, bajo Yahvé, Dios supremo. Les llama “dioses” en sentido irónico, pues no lo son, sino que han querido serlo (divinizarse a sí mismos, dominando sobre otros), pero Yahvé, único juez y poder verdadero, se lo impide, destronando a los falsos dioses (reyes, cadillos militares, hombres ricos…) que oprimen con su poder a los pobres. Dios ha decidido expulsarles (derribarles), a fin de que los hombres puedan vivir y orar en libertad.
Este salmo supera y destruye toda sacralización divina del poder, para insistir en la justicia liberadora, que consiste en proteger a los débiles. Conforme a la experiencia orante de este salmo, cuya verdad culmina, según los cristianos, en la vida y obra de Jesús, Dios se identifica con los pobres y oprimidos no con el poder de los jueces (gobernantes) opresores .
Para meditar
Dios se levanta en la asamblea divina; rodeado de dioses, juzga:
2 «¿Hasta cuándo daréis sentencia injusta, poniéndoos de parte del culpable? (Pausa)
3 Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al oprimido y necesitado, 4 defended al pobre y al indigente, sacándolos de las manos del culpable».
5 Ellos, ignorantes e insensatos, caminan a oscuras, mientras vacilan los cimientos de la tierra.
6 Yo declaro: «Aunque seáis dioses e hijos del Altísimo, todos
7 moriréis como cualquier hombre, caeréis, príncipes, como uno de tantos».
8 Levántate, oh Dios, y juzga la tierra, porque tú eres el dueño de todos los pueblos.
α
Proteged al desvalido y al huérfano, haced justicia al oprimido
a. Justicia de Dios: Contra los jueces injustos (82, 1-4). Se ha reunido (como en Job 1-2) la asamblea divina Rodeado de los Elohim dioses inferiores, poderes angélicos, gobernantes, el verdadero Dios se eleva sobre todos y ratifica su autoridad proclamando su juicio contra todos esos opresores.
b. El salmista no describe con más precisión la identidad de esos elohim (gobernantes cósmicos, reyes y jueces auto-divinizados), sino que proclama sobre todos ellos su autoridad como verdadero Dios que eleva y libera a los hombres, destronando a todos los dioses y poderes opresores. Éste es el gran juicio: Dios condena a los dioses y poderes que oprimen a los hombres.
c. Ésta es la más honda de las liberaciones, mucho más honda que la de los hebreos esclavos de Egipto. Ésta es la liberación teológica por excelencia: Se eleva el Dios del salmo (Yahvé, el que hace ser) y destrona a todos los dioses falsos, a todos los que se imponen sobre los hombres. La verdadera religión no es someterse a los dioses, sino liberarse de ellos, proclamando la grandeza del “Dios divino” que se eleva en la “asamblea de los dioses” ), para juzgarles, destronarles, porque en vez hacer justicia a los pobres les han oprimido, y se han hecho ellos “culpables”
Ésta es la paradoja o, mejor dicho, la revolución de Dios, que condena a los poderes que han usurpado su nombre para oprimir a los pobres. Por eso se eleva, rodeado por aquellos que gobiernan-juzgan el mundo y, en vez de avalar su poder y agradecerles su servicio, les condena porque se han puesto de parte de los opresores. Eso significa que los poderosos del mundo (reyes, grandes gobernantes, jueces), no son representantes de Dios, sino anti-dioses.
Este salmo proclama la revolución del cielo: El verdadero Dios se levanta en la Asamblea divina, condena a todos sus representantes falsos y les expulsa de sus tronos, de forma que ellos quedan sin poder sobre la tierra. Sólo el Dios justo gobierna sobre el mundo; los restantes dioses cósmicos o sociales que oprimen a los pobres son falsos, de forma que Dios les destrona y destituye .
d. Condena: Moriréis, caeréis… (82, 5-7). Estos versos declaran la sentencia de Dios, que se expresa de modo tajante. Por más que se crean y digan representantes de Dios (ángeles, reyes, jueces…) los poderes del mundo son simples mortales, pues sólo Dios es el Viviente (dador de vida) y los que se oponen a su justicia a favor de los pobres se destruyen, cayendo en manos de la muerte530.
Este Dios no condena, sino que se limita a recordar a los jueces/reyes injustos que están condenados, que no tienen poder ninguno. No tiene que matarles, pues, haciendo lo que hacen, se condenan y matan a sí mismos. Se creen poderosos, esto es, dioses (hijos del Altísimo, pero son simplemente mortales. Esta es la palabra clave que el salmista, dirige a los príncipes del mundo (~yrIåF'), recordándoles el destino de muerte que ellos han originado.
e. Petición: “Levántate, oh Dios, y juzga la tierra… (82,
. El texto anterior nos ponía ante Dios, que debía alzarse para juzgar a los jueces poderosos. Ahora escuchamos la voz del salmista o de los creyentes que le piden que lo haga, que se levante para realizar su juicio sobre todos los pueblos , condenando a los que han usurpado la autoridad de Dios para oprimir a los pequeños.
Los que así piden a Dios son, por una parte, los israelitas fieles, que le dicen que condena a los “gentiles” (~yI)AGh;). Pero en un sentido más amplio son todos los oprimidos del mundo (pobres, huérfanos, necesitados…), sin distinción de pueblo o raza (judíos y gentiles), pidiendo a Dios que condena y destituya a los jueces opresores (cf. Ap 6, 9).
Ω
Este salmo proclama la revolución del “palacio de Dios”, que condena a los dioses y gobernantes perversos que se han venido presentando y actuando como divinos, no siendo más que príncipes demoníacos de opresión. La religión del poder y la injusticia, que ha querido aparecer como “divina” y salvadora, era y sigue siendo una falsedad corrupta.
En contra de esa “religión del mundo”, el Dios bíblico viene a presentarse como justicia de gracia, por encima de los “dioses” y poderes opresores, que han usurpado e invertido su autoridad. Éste es el mensaje radical de la teología y de la apocalíptica judía, tal como culmina en Jesucristo.
Sin ella carece de sentido la teología de Israel y el evangelio