Torreciudad (1).No te vayas, Ibarrondo. Aquí siempre tendrás dinero y mujeres
Sigue creando disputa el tema de la Virgen y Santuario de Torreciudad (Aragón, España), entre el obispado (Barbastro) la Prelatura de la Santa Cruz (Opus Dei) por Virgen de la Ermita del
Quien esté interesado por el tema puede acudir a las “fuentes” de Google, Religión Digital, Religión Confidencial etc. Pero algo he conocido sobre el tema y quiero presentarlo las dos “postales” que siguen en RD y FB. La primera, que publico a continuación tiene como protagonista al alférez A. Ibarrondo, La segunda que publicaré dentro de dos días tiene como protagonista a mi amigo F. Mateo.
Alférez Antonio Ibarrondo
Es hermano de mi madre (1914-999). Ingresó de adolescente en la Orden de la Merced y cursaba estudios de Teología en la Merced de Poio, Pontevedra cuando se produjo el “alzamiento militar” de 1936, y fue llamado a filas por los sublevados en nombre de “Dios y de la patria”. Hizo un curso de oficiales y participó en la guerra en el frente de Aragón y , siendo desmilitarizado al acabar la guerra (año 1939), retomando el estudio de teología y fue ordenado presbítero en agosto de 1941. Fue Elegido Provincial de Castilla y de varias naciones de América (Puerto Rico, Brasil…).
Tras una enfermedad de corazón, tuvo que abandonar el apostolado intenso (año 1972), retirándose a conventos más tranquilos, en los que siguió trabajando como profesor y animador espiritual hasta su muerte (año 1 999). Desde el año 1975 al 1998. yo solía salir unos días de descanso con él, y sus dos hermanas (mi madre y mi tía Miren, misionera) por el entorno de Bilbao, El año 1987 estuvimos entre Navarra y Aragón.
Él me dijo: Me gustaría ver unos pueblos en los que estuve en la guerra. Mira a ver: Pina de Ebro, Balaguer del Segre y Torreciudad sobre el Cinca. Miramos el mapa, calculamos tiempos y rutas e hicimos la peregrinación de guerra y búsqueda de paz
Pina de Ebro. Guerra en estado puro, la gran matanza.
Legamos temprano, un día de claro otoño. Paramos en la plaza del convento destruido de San Francisco, desayunamos, vimos alguna calle y casa que le interesaba ver, y nos sentamos junto al río. El nos explicó, era el mejor profesor de historia y de estrategia militar que yo he conocido.
- Mirad: Al norte está la sierra de Alcubierre, por donde venían los de Durruti. Hacia el sudoeste, cruzando la inmensa estepa, esta Belchite, tomada de día por unos, de noche por otros, hoy pura ruina .Aquí se dio una gran batalla, junto al Ebro. Voy recordar sólo una noche.
Llegaron los de Durruti, estábamos nosotros, y nos pusimos a tiro limpio y a bomba de trueno en la noche, bomba tras bomba, el cielo iluminado por una luz de infinitos fuegos artificiales. Parece que entraron, parece que les contuvimos, cientos y cientos de muertos. De mis compañeros no quedó casi ninguno. Al comienzo de la batalla e llamó el General Equis:
- Tú, Ibarrondo, alférez de transmisiones, Mira este mapa, míralo bien, oriéntate , tienes que llevar instrucciones, a este grupo, a este otro y al tercero. No funciona la radio, se han roto las comunicaciones. El contacto entre los tres grupos depende de ti; es mejor que vayas solo, bien escondido, que te vean poco, así, vestido de negro, quizá esta noche muramos todos. Rézale a tu Dios… Yo rezaré también, aunque no acostumbre….
Me puse en marcha, entre muertos, ya eran muchos, el fuego y el agua que venía ensangrentada a la luz de la luna Tres veces cayó una bomba a mi lado tres veces me logré levantar. Pensaba que no lo haría pero logué entregar los tres partes de guerra… y volví ensangrentado. El general Equis me dio un abrazo, me curó el mismo una herida y me dijo: Escóndete debajo de aquella piedra, haz un hoyo, no te muevas. Ya has hecho bastante, no estás para nada más … Si Dios perdona nuestros pecados mañana al amanecer nos veremos, pero es posible que muramos todos
Y nos vimos al amanecer, después de una noche de fuegos de infierno. Aquellos a quienes yo había transmitido instrucciones para salvar a todos. Habíamos defendido la plaza, los atacantes se habían retirado, quizá tuvieron al fin miedo.
Por las callejas que tomamos para llegar a la plaza había decenas de muertos. Yo supe que la vida es un regalo. Unos y otros, todos iguales, los de Durruti y los nuestros…. No se distinguían ante Dios, ante la vida y la muerte. Al llegar a la plaza, a la puerta de la iglesia caída de San Francisco, el general Equis me dijo:
- Alférez Ibarrondo. Dios tiene que estar contigo. De lo contrario no me explico cómo volviste. Vete con ese grupo Dentro de cuatro o cinco semanas quiero estar en el Segre, unos kilómetros por encima de Balaguer. Acompaña a este grupo.. Yo tengo que rehacer mi gente. No me queda casi ninguno, nos comunicaremos por radio. A estos muertos los enterrarán mañana. Nosotros tenemos que irnos por caminos escondidos, mejor en dos grupos que uno. Allí arriba, por encima de Balaguer nos veremos, en la zona de los pantanos.
Balaguer del Segre
El capitán Equis nos dijo dentro de cuatro o cinco semana... y así fue. No sé exactamente cómo llegamos pero llegamos. No nos dijo para qué nos convocaba allí arriba, pero podía haberlo imaginado, por encima de la ciudad de Balaguer, dónde vamos ahora.
Yo estaba ya conduciendo por la autovía hacia Lleida. Cruzamos el río bajo Monzón, y salimos por Lleida, para llegar a Balaguer. Cruzamos la parte baja del pueblo y subimos por una calle empinada hasta el mirador, junto a la gran iglesia Alli nos podían servir algo de comer y mi tío Antonio Ibarrondo nos quiso explicar su segunda batalla, la del alto Segre.
- Mirad allí los montes, hacia el Pirineo donde están las presas; no están muy lejos, pero no tenemos tiempo para subir, ni yo quiero verlas de nuevo. En una de ellas nos estaba esperando el capitán Equís. De pronto, sin saber como habíamos llegado nos encontramos en la parte superior de una presa desde la que mandaban electricidad a Barcelona. Era la de Camarasa, creo. Estábamos bien situados, no nos podían atacar por detrás. Nos manteníamos además muy camuflados… Varias horas de espera, hasta que vimos que por el cauce del río subía un destacamento enemigo que se acercaba hasta la presa y podía rodearnos…. Entonces sucedió lo que yo podía haber imaginado
-- Cuando el enemigo se acercaba subiendo por el cauce del río el capitán Equis mandó abrir las compuertas…. No sé cómo lo hizo, pero lo hizo; sonó además una explosión en la parta baja de la gran represa y saltó todo el agua, inundando el cauce, arrastrando a los enemigos…con sus cañones, con sus carros militares, y dejando sin luz eléctrica a medio Barcelona….Ésta es una cosa que no se cuenta en los libros. Unos no la quieren explicar, otros no la saben… A los que vencieron esta guerra les produce vergüenza esta masacre.
Así fue la parte central de batalla del alto Segre. Me han dicho que han construido por allí un observatorio astronómico, no quiero verlo. El hecho es que bajó la inundación y mató a muchos soldados enemigos, que no tuvieron tiempo para escapa y defenderse. Esperamos arriba, escondidos dos días de miedo, pero nadie se acercó en plan de guerra para matarnos. Entonces el general Equís nos dijo:
- Ahora podemos bajar poco a poco hasta Balaguer…Me dicen por radio que los supervivientes han huido…. Iremos con seguridad, sin que nos puedan ver demasiado…
Con gran valentía yo le dije: No está bien lo que hemos hecho….Ahora, mientras bajamos, déjenos, por lo menos, enterrar a los muertos que veamos
- La guerra es la guerra, me contestó el General Equis…. Aquí no hay Dios. Aquí sólo manda la muerte… Mañana bajamos hacia Balaguer, la ciudad del Marqués…
- Bajaremos, si usted quiere, Pero déjenos enterrar a los muerte..
- Bajaremos poco a poco cuando termine la riada… Tú puedes escoger a tres o cuatro compañeros… Y mientras vamos limpiando el terreno, matando enemigos si quedan emboscados, tú y tus amigos cristianos enterráis a los muertos.
Y eso es lo que hicimos. Había en nuestro batallón otros cuatro seminaristas… y el general Equis nos dio permiso para enterrar a los muertos. Enterrar era buscar sus bolsillos, ver si había alguna dirección, algún recuerdo, para escribir después a las familias cuando esto acabara. En el bolso de un ahogado de guerra había una medalla de la Virgen que devolví a su familia, cuando acabé la guerra. Aquí perdí o mi inocencia de soldado cruzado de Cristo, viendo que en una guerra que y tomaba como cruzada cristiana se podía matar inútilmente a los enemigos, casi por el juego de matarles.
El río había quedado libre de enemigos, enterramos a dos o tres docenas de ahogados, poniendo una cruz sobre los hoyos…. Llegamos a esta gran iglesia y yo me puse a llorar. Lo de Pina de Ebro había sido horrible… pero esto era peor, la batalla del marquesado de Balaguer, con todos los puentes rotos por la riada, si, esos puentes que veís ahora, reconstruidos. Así terminé de decir:
-Pedid algo de comer. Luego seguimos a Torreciudad Aquí no sé ni si puedo rezar. Que Txabi nos lleve después a la ermita de la Virgen
Torre-ciudad, torre sin Virgen, Virgen sin pueblo
Volvimos hacia atrás, por la carretera que lleva hacia Barbastro. Pasamos por Grau-Grado, donde tenía un amigo alumno. Paramos en su taller de iconos… y llegamos a Torreciudad. Lo primero que hicimos fue llegar a la Ermita, junto a la torre, Ermita sin Virgen y cerrada. Bajamos del coche, nos sentamos
Mi tío quiso entrar, llamó a la puerta, pero no entró. Estuvo un gran rato ensimismado, vino luego a nuestro lado y nos dijo:
-- Esta ermita era distinta cuando yo pasé por aquí en la guerra. Venía como alférez, dirigiendo un grupo de exploradores Entonces entré. Llamé y me abrieron, estaba la Virgen Antigua, una Virgen negra…Venía con unos soldados que me esperaron… Me dijeron los de la ermita que no había peligro, ni de un lado ni del otro, que la Virgen era de todos, de los montes aquellos, de las aldeas antiguas y en parte abandonadas. Nadie nos dría nada, nadie nos haría nada. Y siguió diciendo:
--Mirad… han hecho el pantano de Grau o de Grado que antes no estaba…. Me parece bien para regar los campos de Monegros… Pero se han llevado a la Virgen y la han puesto en ese inmenso santuario, que no sé si es para la Virgen de los pobres, los campesinos, pastores… o si es para gloria de sus constructores
Tomamos de nuevo el coche y les llevé a la inmensa plaza del inmenso santuario, de mucha riqueza, de mucha propagando, de mucha auto-gloria de los vencedores de una guerra homicida….. Para justificar las muertes de Pina de Ebro y de los cauces del Segre han hecho este inmenso santuario.
Llamamos a la puerta y no nos dejaban entrar… Juro por mi tío, el Alférez Ibarrondo que es cierto. No nos dejaban entrar porque el santuario y la Virgen Negra era de los vencedores de las guerras de este mundo. Así nos dijeron: Estaban rezando unos devotos de peregrinación. Estaba cerrado el santuario para todos los demás. Así nos dijeron, juro que es cierto
Entonces Yo me enfadé como pocas veces me he enfadado. Llamé al encargado del Santuario y le dije:
-Mire Usted, a mi no me importa mucho todo esto de rezar en el santuario… pero estos vienen de lejos a rezar… y si usted no les deja llamaré al Obispo Ambrosio Echevarría, me madre fue su profesora, yo le conozco… . Éste que es mi tío, es el alférez Ibarrondo estuvo por aquí en la guerra, protegiendo el lugar, era encargado de comunicaciones, defendió a la ermita…. Yo he hecho algo de teología y conozco a muchos colegas de la Obra… Se van a enterar todos mañana… todos ellos, si les digo lo que pasa.
Nos dejó pasar…. Mi tía quería verlo todo y contar si era de oro como se decía, mi madre juzgada por un tribunal militar por republicana, tras la guerra y siete años sancionada se puso a llorar, lo mismo que mi tío
… A la salida nos sentamos un rato a mirar, a descansar antes de volver a Navarra. El tío Antonio terminó de decirnos:
-Nos hemos equivocado casi todos, todos menos los verdaderos santos. Yo estuve en la guerra y me equivoqué…Cuando cayó Barcelona fui a despedir al General Equis… Estaba reunido con la plana mayor de los generales de la guerra, con Franco. Pero al saber que era yo salió para dame un abrazo.
- Pídeme lo que quieras, todo lo que quieras.. Ven a dormir esta noche a mi casa, mi hija quedará muy contenta al vete
- Sólo vengo a despedirme. Sabes que yo era fraile y vuelvo al convento, aquí tengo el papel, con mi nueva documentación.
.Me cag… Ibarrondo, no vuelvas. Quédate con nosotros. Hoy mismo arreglo tu caso y te ascienden… Mañana te hacen capitán, aquí tendrás siempre dinero y mujeres. No te vayas.
Necesitamos gente como tú…Yo he hecho la guerra porque es mi carrera. Tú la has hecho por fe y por justicia Ven, Ibarrondo, por favor… Yo no creo en la guerra, ni en la cruzada, ni una religión que tiene que defenderse con armas. Tú, en cambio, crees en la vida de los hombres. Hemos ganado contigo la guerra, pero te necesitamos para ganar la paz con perdón. Eso es mucho más importante
-Gracias, José, deja que te llame así. Has sido para mí un amigo. Dile a tu hija que tengo aquí el billete, que esta noche salgo en el Shangai para Pontevedra. Por eso voy, porque tenemos que ganas con justicia la paz