Trump como Mahoma, pero Mahoma se creía profeta de Dios, mientras…
Mahoma se creía Gran profeta enviado para proclamar y realizar desde Arabia la transformación de la humanidad instaurando la Umma o comunidad final de creyentes, en primer lugar por la palabra (Corán), pero también por un tipo de Yihad armada.
Trump, en cambio, vendedor de Biblias, defensor de un cristianismo de cartas oscuras, se cree enviado para exportar al mundo un buen capitalismo universal Made in USA, tipo Fukuyama (Fin de la historia), con una nueva Yihad, que le empodera para superar la política anterior inoperante y extender al mundo la Umma del buen dinero, con felicidad para los bien nacidos
La pelota está sobre el tejado y Trump tiene cartas para ganar la partida. Le he comparado en mi mente con poderosísimos personajes del pasado, y entre ellos no encuentro, desde Jesucristo hacia acá, ninguno tan digno y valioso como Mahoma. Por eso he querido compararles, para bien o para menos bien, poniendo como referencia medianera a Cristo, como verá quien siga leyendo. Buen día final de reyes a todos, con Jesús y con Mahoma (pidiendo a cada uno que piense en la “suerte trump”.
Mahoma y Jesús.
Mahoma y los musulmanes afirman que los hombres han de ser “siervos” de Allah, conforme a la Revelación del Corán, no hijos en amor y libertad. También los cristianos creen en la revelación, pero añaden que Dios no les habla para someterle a su voluntad y decirles lo que han hacer, sino para encarnarse en ellos, diciéndoles que vivan en libertad y se definan a sí mismos como Hijos, presencia libre y amada de Dios, no para obedecerle con sometimiento, sino para unirse en amor a él sobre el mundo, libre y amorosamente, vinculándose así a su misterio divino.
Mahoma pensaba que Jesús había sido hombre bueno pero débil, pues había muerto por no luchar contra otros, por no vencer y no imponerse a los enemigos de Dios, siendo, por eso, condenado a muerte. Más aún, Mahoma afirmaba que Jesús se había equivocado al creer que Dios le había permitido vivir en libertad de amor, para amar a los pequeños, oprimidos y excluidos de la tierra, sin luchar por su verdad. Conforme a la visión de Mahoma, Dios había querido que Jesús fuera poderoso, pero Jesús optó por ser “amoroso, de forma que no utilizó su capacidad de hacer milagros para tomar el poder sobre el mundo, ni se hizo respetar por sus obras, triunfandi sobre sus enemigos y por eso murió crucificado[1].
Mahoma estaba convencido de que Dios le había enviado como profeta final, para completar lo que Jesús no había completado, para vencer y someter a todos los enemigos de Dios, transmitiendo sus más hondas “revelaciones, como las que él, Mahoma iba escuchando en su interior y dictando en forma de Corán, para así vencer a todos los enemigos sobre la tierra, imponiendo la voluntad de Dios, según él quería,, Inshallah, si Dios quiere, que Dios quiera.
De un modo consecuente, para cumplir su obra profética, conforme a la voluntad de Dios que él escuchaba en sus revelaciones, Mahoma apeló a sus amigos guerreros (Omar, Utman, Alí) y escogió la vía de las armas, para imponer la ley a los enemigos de Dios, de forma que pudieran someterse al Islam, para que todos los hombres se sometieran a ella, en obediencia a sus mandaros, según el Corán.
Conforme al evangelio el sometimiento a Dios se expresa como amor o comunión de vida en libertad (shema: Dt 5, 8) y se traduce en forma de amor al prójimo (Lev 19, 18; cf. Mc 12, 28-35; Rom 13, 8-9), no imponiendo la voluntad de Dios sobre los demás, sino más bien entregando la vida a favor de ellos, según el logos de la Cruz (cf. 1 Cor 1, 18: λόγος τοῦ σταυροῦ), que puede parecer carente de sentido, pero que, para los creyentes cristianos, es la revelación más alta del sentido y ser de Dios). En esa línea, Mahoma no buscó colaboradores “apóstoles o enviados pacíficos” como los de Jesús (los Doce, Magdalena y las mujeres, Discípulo amado…), sino a unos guerreros religiosos para imponer el islam sobre el mundo.
Palabra de Dios: Imposición o encarnación
Los seguidores de Mahoma se someten bajo el poder superior de Dios, inclinándose al suelo, en filas de solitarios obedientes, unos junto a otros (no con otros), en mezquitas o plazas públicas, sin comunicare entre ellos, cada uno ante Dios, bajo la palabra superior, sin someterse unos a otros, sino cada uno y todos a Dios. Esa es conforme a la tradición de Mahoma la esencia de la religión, tal como, a su juicio se había expresado en los profetas de Israel y especialmente en Jesucristo, que no pudo culminar la misión de su vida (que todos se sometieran a Dios, pues le mataron).
A diferencia de Jesús, que no subió a Jerusalén con un ejército, para conquistar la Ciudad, sino que entró desarmado en ella, Mahoma salió primero de la Meca, en gesto de ruptura social y militar, para volver después como profeta de la sumisión a Dios, con un ejército de fieles, creyentes y seguidores, para tomar la ciudad e imponer en ella el Islam o sumisión a Dios.
- Mahoma proclamó el sometimiento a Dios, imponiendo su Corán y formando con sus compañeros una comunidad de sometidos inclinándose hasta el suelo, escuchando y proclamando la palabra superior de Dios. Supo organizarse, tuvo a su lado un grupo de expertos soldados, reconquistó por ellos la ciudad y santuario la Meca e inició una campaña de islamización del mundo, en línea de sometimiento (no de encarnación) de Dios. Su proyecto no iba en la dirección del evangelio (que no es sumisión, sino libertad en Dios) aunque podía estar cerca de lo que muchos cristianos imperiales (bizantinos y romanos) de aquel tiempo y del nuestro creían y siguen creyendo.
-Jesús no se humilló bajo el poder de Dios, sino que actuó con él, en él y por él, como presencia o, mejor dicho, como encarnación divina realizando en el mundo la obra de Dios. Jesús no se sometió, sino que, que asumió y expresó con toda libertad, la obra de Dios entre los pobres y excluidos de su pueblo.Mahoma pudo pensar que su mensaje y camino era, en el fondo, el mismo camino y mensaje de Jesús y que Dios le había confiado la tarea de lograr que todos los hombres y mujeres se sometieran al dictado de Allah. Pero, Jesús no había querido que los hombres se sometieran a Dios sino que vivieran en libertad de amor en Dios, por encima (contra) toda guerra (cf. 1 Jn 4, 7-21).
La diferencia entre el Mahoma y Jesús es la que hay entre el sometimiento y la encarnación. Jesús no vino al mundo con el fin de que los hombres se postraran bajo el poder de Dios, sino para que fueran presencia de Dios suya y para que así vivieran en libertad para amarse unos a otros, como se amaba cada uno a sí mismo, según Lev 19, 18 (cf. Lev 18, 19; Rom 13, 8-10; Mc 12, 28-35 par).
-Jesús había ofrecido un mensaje de futuro, abriendo un camino de expansión mesiánica, que Jn 14-16 simbolizaba en el Espíritu Santo, libertad de amor en Dios y de amor entre los hombres. Conforme a la tradición musulmana, ese “Espíritu Santo”, prometido por Jesús se identifica con Mahoma, pero no como principio de libertad en amor mutuo (como el Paráclito de Jn 14-16, sino como poder sometimiento para extender su religión (islam) al mundo entero.
- Mahoma pensó que Dios le enviaba para que todos los hombres se inclinaran bajo el poder deDios, conforme a una ley de acatamiento, que se expresa en el Corán y se traduce en forma de guerra Santa, en una línea cercana a ciertos estratos del Antiguo Testamento que, como he mostrado en cap. 1 de este libro, habían sido superados ya por profetas como Isaías II (Siervo de Yahvé) y, sobre todo, por Jesucristo.
Mahoma no aceptó la opción de Jesús (no se dejó matar por renuncia a la violencia), sino que, como profeta y mensajero final de la voluntad triunfadora de Dios, estaba convencido de que él debía triunfar en la Meca, para que triunfara Dios, fundando así un pueblo de sometidos (=musulmanes) formando con ellos la 'Umma de Dios.
Mahoma pareció seguir al principio los pasos de Jesús, pero, en el momento de riesgo, cuando vio que podían matarle, planeó y cumplió una estrategia que puede compararse a la de Pedro en Mc 8, 17-31, no a la d de Jesús, de manera que algunos de sus seguidores musulmanesbuscaron refugio en Etiopía (hacia el 615 d.C.) y después, rompiendo los lazos tribales que le unían con la Meca, "emigró" con el grueso de sus creyentes a Yatrib/Medina (Hégira, año 622 d.C.), para fundar desde allí la primera comunidad estable de sometidos a Dios, según, su ley, no de dialogantes con Dios.
La diferencia estaba en Dios. Mahoma pensó que Dios era poder al que los hombres deben someterse (poder que él representaba y y de algún modo imponía). Jesús, en cambio, pensaba que es amor gratuito con quien los hombres han de dialogar, en quien los hombres han de vivir por gracia y amor mutuo, no por sometimiento.
-Los discípulos/compañeros de Mahoma confiaban en sus dotes militares y en conjunto le siguieron y lucharon con él para conquistar la Meca, como ejército de fieles de Allah, Dios de guerra santa. Él no quería una religiosidad puramente interior, ni tampoco una comunidad de amigos, sino que quiso fundar y fundó un “pueblo social”, una umma” o comunidad de sometidos a Dios desde la Meca, ciudad que “purificó” de la idolatría, para convertirla en santuario o mezquita universal de todos los creyentes, son sometidos a Dios (no encarnación de un Dios que es libertad en amor)..
- Algunos discípulos/amigos de Jesús quisieron que él encabezara un movimiento mesiánico de guerra y conquista de Jerusalén, semejante al de los amigos de Mahoma, Pero Jesús se opuso y subió a la ciudad del templo sin armas, dispuesto a que le mataran, porque amaba a los hombres en libertad, aunque pudieran ello. En ese contexto se sitúa la dificultad que tuvo para comunicar a los discípulos lo que él entendía y quería sobre el Reino, de manera que ellos le abandonaron cuando fue condenarle a muerte por ello[2].
El evangelio destaca así la disonancia entre Jesús y sus discípulos, una incomprensión creciente, que se encuentra también motivada por el hecho de que, al parecer, ni siquiera Jesús podía saber y describir externamente la manera en que iban a desarrollarse los acontecimientos, aunque conocía el plan del Reino de Dios y conforme a ese plan no podía subir a Jerusalén con armas, para imponerse por la fuerza y conquistar como soldado la ciudad, sino que vino desarmado para quedar en manos de las “autoridades de Israel” (como él había dicho a sus seguidores itinerantes, pidiéndoles que quedaran en manos de sus amigos sedentarios).
Jesús confiaba en Dios, como poder de gratuidad, le llamaba Padre y le pedía “venga tu Reino”, pero sin someterse a su imposición como criado (esclavo), sino dialogando con él como amigo. Si hubiera apelado a las armas, si hubiera “levantado” un ejército para tomar Jerusalén (como Mahoma tomó la Meca), Jesús no hubiera sido el Cristo del Sermón de la Montaña, ni del conjunto del NT y de la Iglesia posterior, a partir del siglo II-III d.C., sino fundador de una religión política de poder divino, como el Islam
La fe que Jesús tenía de Dios y de los hombres le impidió subir a Jerusalén con armas. Si hubiera entrado en ella con un ejército no hubiera creído en el Dios de la encarnación, ni en su evangelio de Reino y de amor universal en gratuidad (cf. amémonos, amados, porque Dios es amor; 1 Jn 4, 7).
Mahoma, en cambio, creyó que Dios le impulsaba a conquistar la Meca y así lo hizo y terminó tomando la ciudad, siendo aceptado como dirigente social y religioso por muchas tribus del entorno, creando así una “fraternidad de guerreros” sometidos al Dios del poder, no una comunidad de amigos, compartiendo en comunidad el amor divino.
- Mahoma pensaba que Dios, Señor supremo, no puede permitir que su profeta muera fracasado y por eso quiso triunfar y en nombre de Dios triunfó: Conquistó la Meca e impuso, la paz de un Dios que es islam (=sumisión, pacificación) no diálogo de amor. Eso significa que el hombre está determinado desde Dios, pues no tiene voluntad propia, sino sólo la de Dios, por pre-destinación; abandonándose en manos de Dios, sometido a él, integrado en él de manera mística y social[3].
- Jesús, en cambio, pensaba que Dios es amor en libertad, que no impone desde fuera su destino de los hombres, sino que lo va trazando paso a paso, en amor, con ellos a quienes no toma como sometidos, sino como dialogantes en amor (amarse entre sí) y compartir en amor el camino, dándose la vida unos otros. Según eso, la voluntad de Dios no consiste en que los hombres se sometan, sino que dialoguen con él.
El Dios de Mahoma se impone por superioridad. El de Jesús no es superioridad, sino que está implicado en la vida de los hombres, con ellos habla, por medio de ellos actúa. El Dios de Mahoma no se encarna, no camina en/con los hombres y mujeres, haciéndoles libres sino que permanece separado de ellos, decidiéndolo todo de antemano, desde arriba. Por eso, estrictamente hablando, los hombres “no se hacen a sí mismos (no son libres), sino que Dios les hace, desde arriba, sin verdadera encarnación[4]
- El Dios cristiano se encarna en Jesús, no en un libro, sino en un hombre en comunión con los hombres, abriendo un camino de diálogo, en libertad de amor, de forma que la misma razón compartida y la historia de los hombres sea revelación y presencia del Espíritu divino (=Espíritu Santo). El signo máximo de la presencia de Dios no es un libro (Corán), escrito de antemano, sino el mensaje/vida de Jesús, Hijo de Dios, y la comunión de amor de los creyentes (Ap 5: Libro de los siete sellos, carnero degollado.cf cap 7 de este libro).
- El Dios de Jesús tiene (=es) historia, mientras que el de Mahoma no tiene historia, pues todo está dicho y fijado en el Corán. Ese Dios de Mahoma no necesita ni quiere que los hombres sean creadores de sí mismos, pues su voluntad (la de Dios) es la voluntad de todos, tal como se expresa en un Corán eterno, ue todo lo gobierna. El Islam no es religión de diálogo y comunicación personal, sino de sometimiento de todos y cada uno de los hombres a la voluntad de Dios[5].
Guerra o amor de Dios
Según Mahoma, Jesús era bueno, un musulmán verdadero, pero no logró realizar la obra de Dios, ni culminar su promesa: No conquistó Jerusalén para extender (imponer) la voluntad de Dios, y sus discípulos fracasaron también: no lograron extender su evangelio a todo el mundo. En ese contexto han de entenderse las palabras más fuertes del Corán, del “período ·de Medina (622-630 dC), en el tiempo de la guerra fundacional del Islam
Quienes crean, emigren y luchen por Allah con su hacienda y sus personas
tendrán una categoría más elevada junto a Dios...
Su Señor les anuncia su misericordia y satisfacción,
así como Jardines en los que gozarán de delicias sin fin. Dios
tiene junto a sí una magnífica recompensa.
¡Creyentes! No toméis como amigos a vuestros padres y hermanos
si prefieren la incredulidad a la fe (Corán 9, 20-24).
El musulmán debe someterse a Dios, dejando los ídolos, saliendo de la Meca (ciudad de injusticia) para luchar por Allah (por la voluntad de Dios y por el triunfo y expansión del Islam). La fe en Dios implica según una ruptura familiar y económica una decisión y lucha por el Islam, de forma que la sumisión a Dios sea principio de todas las restantes sumisiones.Por el contrario, el cristiano no se somete a Dios, sino que le ama, de tal manera que el amor de (a) Dios es principio de todos los amores, como indicaré en el próximo capítulo (centrado en Rom 13, 8-9). Jesús quería una familia de hombres y mujeres libres (cf. Mt 10, 34-39; Mc 3, 31-35; 10, 29 par), en amor, sin sometimiento de unos a otros. Mahoma, en cambio, quiso crear una comunidad de sometidos a Dios, al servicio de Allah”, en sometimiento religioso, pero también social (de hijos a padres, de mujeres a maridos, de nueras a suegras etc.), fundado en el sometimiento a Dios.
Así interpreta y así cumple su programa de creación del pueblo musulmán, la Umma, como experiencia de Dios, como poder supremo, en línea de pacificación por sometimiento regulado para siempre en el Corán. A diferencia de eso, Jesús había iniciado y recorrido un camino de libertad de amor y salud en Dios, según el mandamiento central: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, Lev 19, 18; Mc 12, 31; Rom 13, 8-10.
Según el evangelio, la palabra, siendo divina (Dios mismo), se “encarna” en el diálogo de amor entre los hombres. No es una Voz exterior que les somete, sino una llamada interior y compartida, que se expresa en la comunicación de vida entre los hombres. Por el contrario onforme al Corán, la Palabra de Dios viene a los hombres, pero sigue estando fuera de ellos, como orden superior, al que ellos deben someterse todos y por siempre.
De un modo consecuente, Mahoma puede apelar a principios y medios de guerra santa, para que se cumpla (en forma social), impuesta desde arriba la voluntad de Dios establecida conforme al Corán, donde todo se encuentra establecido de antemano. Según eso, en sentido radical, la palabra de Dios (=Dios) puede imponerse por la fuerza:
Cuando hayan transcurrido los meses sagrados (tregua):
−Matad a los asociadores (=que vinculan a otros dioses con Allah).
dondequiera que los encontréis.
− ¡Capturadles! ¡Sitiadles! ¡Tendedles emboscadas por todas partes!
− Pero si se arrepienten, hacen la azalá (=oración) y dan el azaque (=tributo),
dejadles en paz. Dios es indulgente, misericordioso (Cor 9, 5).
La estrategia del Islam se concreta según eso en forma de victoria sobre los enemigos, pues el Dios de Mahoma es talión militar y victoria que se impone por la fuerza, un dios cuyas “proclamas” militares pueden seguirse escuchando (año 2026). En la base del mensaje de Mahoma y de la experiencia musulmana, desarrollada por la tradición posterior, late por tanto una mística radical de sometimiento a Dios, que así aparece como el que es (hace) Todo, acogiendo de un modo especial a los humildes y pequeños pero de tal forma que, en realidad, ante su Juicio superior, terminan siendo iguales ricos y pobres, opresores y oprimidos.
Por eso, el Islam es, en un plano, religión de suma tolerancia, dejando que cada hombre o mujer pueda vivir a su manera. Pero, en otro plano, es una religión intolerante, pues piensa que la voluntad de Dios, revelada en el Corán, puede y debe aplicarse sobre todo el mundo, utilizando si es preciso métodos de fuerza.
En los últimos siglos, muchos musulmanes se han sentido amenazados por un tipo de vida occidental que ellos vinculan al cristianismo. Varios países de mayoría islámica fueron colonizados entre el XVIII y XX por potencias “cristianas” (Rusia, Inglaterra, Francia, USA…). Muchos de los habitantes de esos países siguen siendo pobres y se siente dominados por un sistema neo-liberal, contra el que quieren rebelarse. Algunos tienen miedo de que la marea de opresión de occidente les destruya) y, asumiendo visiones extremas del Corán y de la 'guerra santa', se sienten llamados a luchar contra un occidente “opresor”. A pesar de eso, la mayoría de los musulmanes desean la paz y anhelan la concordia social, por razones y s sociales, culturales y religiosas
1. Los musulmanes asumen expresamente la herencia de Abrahán (Ibrahim) que, acompañado de su hijo Ismael habría peregrinado hasta la Meca para orar ante la piedra sagrada de la Caaba. Ratificando el gesto del patriarca, para imitar su fe y expandir su herencia, los fieles musulmanes se comprometen a peregrinar también hasta la Meca, una vez en la vida, si pueden. En ese camino de fe y adoración, se confiesan herederos y garantes de la tradición de Abrahán, fijada en el monoteísmo musulmán y en la piedad que se centra en la Meca. Así se creen herederos de Abrahán, patriarca hanif, devoto de Dios, monoteísta, en la línea de una tradición religiosa que se habría manifestado desde el principio (por Adán, Noé y los demás de los profetas).
2. El monoteísmo de los musulmanes es parecido al de los judíos. Por eso rechazan la Trinidad cristiana lo mismo que la Encarnación de Dios en Cristo. Dios es para ellos Señor siempre transcendente que dirige desde arriba el curso de la historia, predestinada de antemano. De tal modo destacan el poder y acción de ese Dios que tienden a dejar en segundo plano la libertad del hombre. Jesús es para ellos un profeta excelso, hijo María, nacido de forma virginal, predicador del evangelio, pero solamente un hombre creyente, sometido a Dios, un Cristo importante, pero fracasado, pues no puede imponer el Islam sobre los judíos.
4. Más que una religión espiritual (una forma interiorizada de encuentro con Dios) y de comunión libre y amorosa entre los hombres, el Islam es un programa de vida social en el que (pareciendo que todo es secular) todo está en el fondo sacralizado. Religioso es el ejercicio del poder y religiosa es la forma de entender la propiedad y la justicia, igual que la manera de fundar y organizar la familia. Por eso resulta difícil una desacralización del Islam en el sentido occidental del término. Lo que Dios ha revelado a Mahoma debe mantenerse de forma inmutable, para que los fieles ratifiquen total sometimiento a Dios.
En principio, los musulmanes quieren respetar a los creyentes de las religiones del Libro (judíos, cristianos) y piensan que sólo pueden convertir por fuerza a los paganos. Pero allí donde son mayoría ellos tienden a adueñarse de los resortes de la administración judicial, política y económica (como parece pedirlo la sharia), para así ofrecer a todos la "plenitud sagrada", que consiste en la sumisión a Dios, en forma musulmana. Por eso los mismos estados que asumen la ley del Islam se sienten obligados a proteger y expandir sus normas a fin de que la globalización se realice a través de la sharía o ley musulmana.
Los musulmanes defienden en teoría la libertad ante Dios y entre los hombres, pero, al mismo tiempo, afirman que Dios se manifiesta a través de una palabra dominadora (de sumisión), dirigida a todos. Según el Islam, no hay un pueblo escogido, en el sentido judío del término. No hay tampoco encarnación de Dios (ni en Cristo ni en Mahoma, ni en María o un profeta de otro tiempo). Pero Dios ha revelado su Palabra por Mahoma a todos los pueblos, suscitando así el Islam, término emparentado con shalam/shalom que significa, al mismo tiempo, sumisión (a la voluntad de Dios) y pacificación (culminación de la historia.
[1] Cf Benedicto XII, Discurso de Ratisbona (https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2006/september/documents/hf_ben-xvi_spe_2006091). La temática de de ese discurso no ha sido aún elaborada y dialogada de un modo suficiente por cristianos, musulmanes y pensadores independientes.
[2] Cf. Comentario de Marcos. Cf. R. M. Fowler, Gospel of Mark, Fortress, Minneapolis 1991; M. Navarro, Marcos, Verbo Divino, Estella 2006.
[3] Cf. A, Aya, Predestinación, en X. Pikaza, Diccionario tres Religiones, 922-92. Los musulmanes en general consideran la muerte de Jesús (si murió de verdad) como un fracaso (pues no pudo culminar su obra profética). Según ellos, los cristianos han recaído en una idolatría: Han divinizado a Jesús abandonando la sumisión a Dios al menos en occidente.
[4] Así lo puso de relieve Luis de Molina, Libo de la Concordia, Lisboa 1588.
[5] La fe musulmana deja poco espacio para la oración como diálogo entre los hombres, pues Dios lo hace todo y los hombres no tienen más tarea que someterse a Dios.