❤️ CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (VI): SABER PERDONAR
Perdonar es una decisión de la voluntad: es decidir libremente que vas a soltar la piedra que llevas en la mano para apedrear al otro. Si sigues cargando con la piedra, el único que acaba con los brazos reventados y el corazón podrido eres tú, no el que te ofendió. Alfonso: Y
El mal solo se detiene cuando alguien decide tragarse el golpe y no devolverlo
CHARLAS CON SAN FRANCISCO DE ASÍS (VI): SABER PERDONAR
¡Hola, hermanos!
En la charla anterior, Francisco me dejó claro que lo de ser hermano es "para todos, para todos", sin mirar el carné ni elegir a los amigos. Pero claro, cuando te abres a los demás y te pones en modo fraternidad, lo inevitable acaba pasando: tarde o temprano alguien te la juega, te ofende o te pisa un callo.
Hoy le he sacado el tema del perdón. De ese perdón que cuesta Dios y ayuda pronunciar cuando te guardas rencor muy dentro y te apetece hacerle la cruz a más de uno.
Un abrazo enorme y ¡Paz y Bien!
(Estamos sentados bajo un olivo, y Francisco está entretenido intentando quitarle una espina diminuta que se le ha metido en el dedo gordo del pie con ayuda de una pequeña astilla de madera).
Alfonso: Oye, Francisco... esto de abrirse a la gente y amar a todo el mundo suena precioso, pero tiene un riesgo enorme. El otro día un compañero de trabajo me soltó una bordería delante de los demás, me dejó en evidencia y encima luego hizo como si nada. Reconozco que se me quedó una espina clavada dentro, igual que esa que intentas quitarte tú. ¿Cómo se perdona de verdad a alguien cuando te hace una faena y sientes que no te da la gana de pasar página?
Hermano Francisco:(Consigue sacar la espina, la sopla, se ríe y me mira de reojo). ¡Vaya, Alfonso! Veo que la escuela del amor no regala los títulos. ¿Te creías que perdonar era como firmar un papel en una notaría? El perdón de verdad duele al principio, porque te obliga a arrancar el orgullo de cuajo. Cuando te ofenden, por dentro se te enciende un fuego de mil demonios y te apetece cobrarte la revancha con intereses. ¿A que sí?
Alfonso: ¡Pues claro! Se me enciende la sangre. Y lo peor es que intento perdonar con la cabeza, digo "venga, ya está olvidado", pero luego te lo vuelves a cruzar y el rencor salta otra vez como un muelle. ¿Cómo se arregla eso?
Hermano Francisco:(Se cruza de brazos y se pone serio). Porque confundes perdonar con tener buena memoria y un carácter blando. Perdonar no es decir "no pasa nada" cuando sí que ha pasado. Tampoco es borrar el pasado de golpe como si tu memoria fuera de teflón. Perdonar es una decisión de la voluntad: es decidir libremente que vas a soltar la piedra que llevas en la mano para apedrear al otro. Si sigues cargando con la piedra, el único que acaba con los brazos reventados y el corazón podrido eres tú, no el que te ofendió.
Alfonso: Ya, pero es que hay ofensas que pican muchísimo, Francisco. A veces perdonar parece de cobardes, como si te tragaras el orgullo y le dieras la razón al que te ha tratado mal.
Hermano Francisco:(Se levanta, coge una piedra redonda del suelo y me la tiende). Toma, cógela. Imagínate que cada ofensa, cada desprecio o cada bronca que te tragas y no perdonas es una piedra como esta. Métela en el zurrón y llévala contigo todo el día al caminar, al currar, al rezar y a dormir. ¿Cuánto tiempo aguantarías cargando con una mochila llena de piedras pesadas sin reventar la espalda?
Alfonso: Acabaría destrozado, claro.
Hermano Francisco: ¡Pues eso es exactamente lo que te pasa cuando no perdonas! Te pasas el día cargando con el muerto de los errores de los demás, dándole vueltas a la cabeza como un hámster en una rueda. Perdonar es abrir el zurrón, vaciarlo de golpe y tirar las piedras al río. No lo haces porque el otro se lo merezca o porque sea un santo, lo haces por tu propia salud mental y espiritual, para quedar libre.
Alfonso: Reconozco que cuesta lo suyo. ¿Y si la otra persona ni siquiera te pide perdón ni se arrepiente?
Hermano Francisco:(Se ríe con ganas y me da una palmada en el hombro). ¡Hombre, si esperas a que te pidan perdón para perdonar, vas apañado en esta vida! Mucha gente nunca te va a pedir disculpas por soberbia o porque ni se entera del daño que ha hecho. Si tú condicionas tu paz a que el otro cambie o reconozca su error, te has convertido en su esclavo. El perdón de Jesús no espera a que el culpable pida clemencia; se adelanta y tiende la mano primero. En la cruz, antes de que nadie le pidiera perdón, Él ya estaba disolviendo el odio.
Alfonso: O sea, que perdonar es un acto de libertad, no de debilidad.
Hermano Francisco:(Me ayuda a levantarme y sacude su hábito). ¡Exacto, hermano! Es la única forma de romper la cadena de los rencores que ahoga al mundo. El mal solo se detiene cuando alguien decide tragarse el golpe y no devolverlo. Venga, vamos a dar un paseo, y si te acuerdas de ese compañero de trabajo que te la jugó, dile una oración corta pidiendo que le vaya bien. Ya verás cómo se te quita el peso de encima de golpe. ¡Paz y Bien!
Paz y Bien