«Creo que el celibato debería ser opcional para los sacerdotes, los hay muy solos»
Lorenzo Castiñeira, párroco jubilado de Lires (A Coruña)
«Visité como voluntario a más de 12.000 enfermos en el hospital de Cee»
Lorenzo Castiñeira es un sacerdote de esos que dejan huella por donde pasan. Cuenta que en 1962, cuando fue trasladado desde A Ponte do Porto a Lires (Cee), un centenar de vecinos fueron a acompañarlo con una pancarta. «Lo mejor de A Ponte do Porto se lo entregamos a Lires», decía la tela, que todavía conserva. Lo cuenta E. Eiroa en La Voz de Galicia.
No nació Lorenzo Castiñeira muy lejos de su primer destino como sacerdote. Procede de una familia de labradores de Xaviña (Camariñas), de esas que trabajaban duro para salir adelante. Con mucho esfuerzo consiguió estudiar, pero recuerda que cuando murió su padre él tenía 14 años y, para seguir viviendo su hermana, de 16, se puso detrás del arado. Eran otros tiempos.
Con becas y alguna ayuda de la familia logró acabar sus estudios en el Seminario, en el que ingresó con 14 años. Sacó buenas notas y, tiempo después, sacaría el título de Filosofía y Letras.
Tres años estuvo en A Ponte do Porto como coadjutor antes de ser trasladado al que sería su destino definitivo, Lires, donde estuvo décadas al frente de la parroquia. Recuerda cuando llegó, un 30 de diciembre de 1962. «Quedé algo fastidiado», rememora. Y es que la carretera más cercana pasaba a casi 2 kilómetros de la localidad, en la que los servicios no existían. Pero su impresión cambió pronto y allí sigue viviendo, después de haber trabajado mucho por sus feligreses.
En lugar de reparar la casa rectoral se esmeró por conseguir un salón parroquial donde reunirse con los vecinos y hablar. A él se debe la llegada del primer televisor, y también el impulso a un buen número de obras realizadas en la localidad para las que pusieron las manos los vecinos.
Con ayuda de Extensión Agraria montaron el Lires una traída de agua que no existía. Después vendría el plantel de jóvenes que reformó el campo da festa, y luego la carretera, también hecha por ellos mismos, y el puente sobre la ría, al que contribuyó toda la parroquia. La parcelaria fue otro de los logros por los que trabajó Castiñeira, quien recuerda a muchos vecinos y en especial a uno, Manuel Canosa Hermida, que llegó a trabajar por el bien común 103 días sin cobrar nada por ello.
Fue también uno de los impulsores de las casas de labranza, los primeros alojamientos de turismo rural de la Costa da Morte, que empezaron a funcionar en 1969.
Lleva doce años jubilado y no se ha movido de Lires. Pero su retiro no significa que haya renunciado a la actividad. Ayuda allí donde se lo piden, desde Fisterra hasta Laxe, Camariñas y aún más lejos. Entre lo que más le gusta, echar una mano a quienes lo necesitan en el Virxe da Xunqueira: «Visité como voluntario a más de 12.000 enfermos en el hospital de Cee», dice.
Su vida está plagada de anécdotas. Durante un tiempo Man, el alemán de Camelle, acudió a sus misas y se confesó con él, por contar una.
De lo hecho está orgulloso y los vecinos agradecidos son muchos. Su nombre fue uno de los propuestos para las medallas Fernando Blanco.
Dice que ahora la gente va mucho menos a misa que antes y que también escasean las vocaciones. «Antes era más fácil ir para el seminario, porque la vida era más dura», dice, ahora, cuenta, conseguir que un joven se someta a esa disciplina es más complicado. Tampoco ayudan otras cosas: «Creo que el celibato debería ser opcional para los sacerdotes, los hay muy solos», propone. Él cuenta con el cariño de muchos amigos.