Pesos pesados de la diócesis de Bilbao apoyan la carta que rechaza un obispo impuesto
Temen que la Curia dé «un golpe en la mesa» y elija a Mario Iceta
La reivindicación revela los recelos de la diócesis ante el probable nombramiento de Iceta
La carta suscrita por 677 religiosos y seglares vizcaínos en favor de un proceso participativo en la designación del nuevo obispo de Bilbao está respaldada por destacados pesos pesados de la diócesis de Vizcaya. En la misiva, fechada el martes, advierten al embajador del Vaticano en España de que no quieren un prelado «impuesto» ante la sucesión pendiente de Ricardo Blázquez.Lo cuenta Jose Mari Reviriego en El Diario Vasco.
Diversas fuentes consultadas por este periódico apuntan al actual administrador apostólico, Mario Iceta, como relevo «ya decidido» en Roma, en comunión con la Conferencia Episcopal que preside Antonio María Rouco Varela. «Por los pasillos de la Santa Sede ya corre el nombre de quien va a ser el sustituto», confiesan en círculos vaticanistas.
Entre otros firmantes, que constituyen una muestra plural de las sensibilidades de la Iglesia vizcaína, figuran el ex vicario y director del servicio vicarial del clero, Joseba Andoni Gerrikaetxebarria; el delegado episcopal de Cáritas Diocesana, Kerman López; y el director del Instituto Diocesano de Pastoral, Javier Oñate.
El texto cuenta además con el apoyo de miembros de significadas comunidades cristianas de todas las vicarías, desde laicos a religiosos y sacerdotes. Hay agrupaciones vinculadas al movimiento obrero, parroquias, corrientes espirituales y jóvenes pertenecientes a los 'eskaut' y a grupos de estudiantes. La misiva, enviada al nuncio, Renzo Fratini, proclama la legitimidad de la Iglesia local para influir en la elección de su obispo, en línea con una de sus reivindicaciones históricas.
Esta «tradición» se remonta a los tiempos de Antonio Añoveros, obispo de Bilbao de 1971 a 1978, y con anterioridad, de Cádiz. Antes de su nombramiento, una delegación de la diócesis de Vizcaya se reunió con Añoveros para debatir sobre la elección. Tras su salida de la Iglesia de esta provincia, otra representación clesial se citó con el nuncio para aportar su candidato.
«Después, la Santa Sede no ha aceptado consultas colectivas», señala un conocedor de las designaciones. Luis María Larrea fue el nominado entonces. Retirado en 1995, fue sustituido por Ricardo Blázquez, quien finalmente se hizo con el favor de la comunidad al saberse rodear por representantes de la línea oficial de la Iglesia vizcaína.
Terna de candidatos
Recuperar la «interlocución» y no perder la identidad es lo que precisamente exigen los firmantes de la carta. «Esta esposa no quiere un esposo impuesto. Ni secretismos. Ni juego de intereses», subrayan sobre la participación de la Iglesia en el nombramiento del nuevo obispo. En otro comunicado que ha comenzado a difundirse por las parroquias, el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral plantea la presentación de una terna de candidatos, en una elección en la que Roma decidiría al final.
Aunque no hay alusiones a Iceta, estas reivindicaciones revelan los recelos que despierta su figura en sectores eclesiales de este territorio. Según estos medios, su posible elección formaría parte de una «maniobra» de la Conferencia Episcopal para extender la «corriente conservadora» a los obispado vascos. Primero en San Sebastián con José Ignacio Munilla y, ahora, en Bilbao con Iceta. «Es un golpe en la mesa para demostrar quién manda», resume un miembro de la Iglesia con una amplia trayectoria.
La eventual designación de Iceta es considerada por estos medios como «una desautorización» a la línea oficial de la diócesis vizcaína, caracterizada por «dar protagonismo al laicado, ser abierta y progresista y estar en diálogo con la sociedad», resume un experto. También por su vinculación al nacionalismo, más visible en el clero. «Pero reducir su perfil a la política sería un error», apunta un especialista. El último exponente de esta definición fue Juan María Uriarte, «y de eso han pasado ya más de treinta años».