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Argüello llama a evitar "eslóganes polarizadores" en el debate sobre la inmigración

El presidente de la CEE invita a afrontar el debate sobre la inmigración desde la "dignidad humana" y el "bien común", dos principios que, a su juicio, deben guiar tanto la acción política como la social en un contexto marcado por la "polarización"

Mensaje de Luis Argüello | captura de pantalla

El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha llamado a afrontar el debate sobre la inmigración desde la "dignidad humana" y el "bien común", dos principios que, a su juicio, deben guiar tanto la acción política como la social en un contexto marcado por la "polarización".

En su carta pastoral de la primera quincena de mayo, Argüello sitúa la cuestión migratoria como uno de los asuntos centrales del debate público que requieren "una iluminación evangélica en orden a la consecución de la justicia".

El prelado defiende que la dignidad humana es una "línea roja" que debe respetarse en todo caso, lo que implica rechazar prácticas como las deportaciones arbitrarias, la trata de personas o las condiciones laborales degradantes.

Al mismo tiempo, subraya que la gestión de las migraciones debe vincularse al bien común, entendido como el conjunto de condiciones que permiten a las personas desarrollarse plenamente dentro de la sociedad.

En este marco, Argüello recoge la doctrina de la Iglesia, que establece que los países más prósperos tienen el deber de acoger a quienes buscan seguridad o medios de vida, aunque también reconoce el derecho de los Estados a regular sus fronteras.

El texto insiste en que ambos principios —dignidad y bien común— no son contrapuestos, sino complementarios, y advierte de que su enfrentamiento en el debate público contribuye a una mayor división social.

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El arzobispo también alude al contexto global, marcado por desigualdades económicas que impulsan los movimientos migratorios, y señala que la movilidad de las personas está ligada tanto a situaciones de pobreza como a la demanda de mano de obra en países envejecidos.

En este sentido, recoge recientes palabras del Papa León XIV, quien ha defendido que los Estados pueden controlar sus fronteras, pero deben garantizar el respeto a la dignidad de quienes llegan.

Asimismo, plantea la necesidad de abordar las causas estructurales de la migración, especialmente mediante políticas que favorezcan el desarrollo de los países de origen.

Argüello concluye con un llamamiento al diálogo y a evitar "eslóganes polarizadores", en un momento en el que el fenómeno migratorio ocupa un lugar central en el debate político y social tanto en España como en el conjunto de Europa.

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