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Comienza el Ramadán más duro para la comunidad musulmana de Manlleu, tras la muerte de 5 adolescentes

Mohamed, Mustafa, Amin, Mohamed y Adam, presentes en la oración de una comunidad golpeada por la tragedia

Cinco jóvenes, fallecidos en Manlleu. | Archivo

Manlleu ha iniciado este miércoles el Ramadán con el peso de una ausencia que recorre calles, institutos y familias. La muerte de cinco adolescentes en el incendio de un trastero en el número 66 de la calle Montseny ha golpeado especialmente a la comunidad musulmana del municipio, que representa cerca del 20% de los más de 20.000 habitantes de la ciudad. El mes sagrado de ayuno, oración y encuentro familiar ha comenzado este año en silencio.

Los hechos ocurrieron el pasado lunes 16 de febrero por la tarde, en un espacio reducido, sin ventilación ni luz eléctrica, situado en el desván de un edificio de cinco plantas. Según las primeras hipótesis, el fuego se habría originado al prenderse algún elemento textil —posiblemente un colchón— y el humo se expandió rápidamente, dejando a las víctimas inconscientes. Los Mossos d’Esquadra mantienen la investigación abierta, pero ya se ha descartado que la causa de la muerte fueran las quemaduras: los jóvenes habrían muerto por inhalación de humo.

Se llamaban Mohamed Z. (15 años), Mustafa B. (16), Amin A. (15), Mohamed M. (14) y Adam B. (18). Cinco nombres que estos días resuenan en las aulas y en las calles del barrio de l’Erm. Cuatro estudiaban en el Instituto Antoni Pous y Argila y uno en el Instituto del Ter. Los centros abrieron el martes para ofrecer apoyo psicológico del Sistema de Emergencias Médicas (SEM) y del equipo de Bienestar Emocional del Departamento de Educación. “Estamos todos destrozados, no se ha podido dar clase”, explicaba una alumna a las puertas del centro. Los institutos han expresado su condolencia y han asegurado que velarán por el bienestar del alumnado.

Los chicos, hijos de familias de origen magrebí arraigadas desde hace años en Osona, utilizaban aquel trastero como punto de encuentro. En este sentido, algunos vecinos han explicado que accedían a menudo y que el espacio era conocido en el barrio como un lugar donde pasaban las tardes.

La mezquita de Manlleu, llena de fieles de todas las edades. | Archivo

El Ramadán comienza con oración y lágrimas

La coincidencia con el inicio del Ramadán —que arrancó con la puesta de sol del martes— ha intensificado la dimensión espiritual del dolor. Los primeros iftars, las comidas que rompen el ayuno, se han vivido con contención. Allí donde habitualmente hay celebración y reencuentro, este año ha habido recuerdo y oración.

La Comunidad Musulmana de Manlleu, consultada por Flama, ha expresado públicamente su “más profundo dolor y consternación” por el trágico incendio. Así, sus miembros hacen llegar “las más sinceras condolencias a las familias de las víctimas”, comparten su dolor y rezan “para que Dios acoja las almas de los difuntos en su misericordia y conceda una pronta recuperación a los heridos”. “Esta tragedia ha herido a toda nuestra ciudad. Como vecinos y comunidad, nos unimos en duelo y solidaridad”, señalan.

Miembros de la comunidad musulmana de Manlleu, entre niños y ancianos, reunidos en la mezquita. | Archivo

Este medio también ha podido recoger el testimonio de Ilyasse Guellil Hedri, amigo de la comunidad, que resume el sentimiento compartido estos días con una expresión muy presente en el duelo musulmán: “Somos de Dios y a Él retornamos”, reconoce, en una confesión de fe y aceptación ante la muerte que hoy muchos han repetido con los ojos llorosos.

Para muchos creyentes, estas últimas noches han sido largas y algunos, incluso, no han podido dormir. El primer día de ayuno ha comenzado con la consternación aún viva, con familias que se han levantado antes del alba con el corazón encogido. El Ramadán es mes de paciencia, de confianza y de misericordia. Pero este año, en Manlleu, estas palabras han adquirido un significado más crudo y más real.

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