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Joan Àguila: "Queremos que la música sea un primer anuncio, pero después hacen falta comunidad, proceso y un camino de fe"

Un recorrido por su música y su visión de la fe, entre el silencio de la capilla y el escenario

Joan Àguila, en su parroquia de Tarragona. | Agencia Flama

Al entrar en el despacho parroquial de la parroquia de San Pedro y San Pablo de Tarragona, la imagen rompe cualquier idea previa de entrevista solemne: Joan Àguila no está sentado esperando, sino de pie, atareado, ordenando bafles, cables y altavoces del concierto que el grupo Canta la Teva Fe había ofrecido unos días antes. Es lunes, y aún quedan restos sonoros y físicos de un fin de semana intenso. Con este punto de partida, la conversación comienza con naturalidad, entre la actividad pastoral y la resaca musical de un proyecto que, lejos de ser ocasional, forma parte de su día a día.

Àguila, párroco y también provicario general de pastoral de la Archidiócesis de Tarragona, explica que el disco El meu memorial no nació como un proyecto inmediato, sino como una respuesta a un momento muy concreto: la pandemia. "Aquel tiempo de confinamiento —recuerda— reordenó prioridades y abrió espacios para la oración y la composición". Con la parroquia cerrada y más tiempo para interiorizar, volvió a la guitarra como instrumento de diálogo con Dios. De aquella experiencia surgieron las primeras canciones, que después se convirtieron en el germen de un disco que recorre toda la Semana Santa. No fue, sin embargo, un recorrido premeditado desde el principio, sino "el resultado de un proceso creativo que se fue ampliando hasta completar un relato musical de veinte temas", detalla.

Es uno de los fundadores de Canta la Teva Fe, hace 20 años. | Agencia Flama

La fe que se canta

El proceso de composición que describe Àguila es profundamente interior. No parte de la voluntad de "hacer una canción", sino de una experiencia de oración que, a veces, arranca de una frase concreta del Evangelio o de un salmo. "Esa palabra o expresión se repite, se medita, se deja resonar hasta que, casi de manera natural, se transforma en melodía", subraya el sacerdote nacido en Falset en 1976.

En el caso de este disco, ha habido momentos especialmente significativos. Àguila habla de dos experiencias concretas de oración que han marcado algunas de las canciones: por un lado, la contemplación de la figura de la Verónica, que le evoca la memoria de tantas mujeres y, en particular, su madre; por otro, la canción A les vostres mans, que conecta directamente con la vocación sacerdotal y con la idea de abandonarse en manos de Dios. También subraya el valor de la capilla del Santísimo de esta parroquia tarraconense como "espacio donde han nacido muchas de las composiciones": un lugar discreto, pero central, donde se funden silencio, oración e inspiración musical.

El disco no rehúye las zonas oscuras de la experiencia humana. De hecho, Àguila defiende que la música cristiana debe afrontar también la traición, la negación y el sufrimiento, porque forman parte de la condición humana y de la propia narración evangélica. Esto se refleja en canciones que evocan episodios como el del buen ladrón o el de la negación de Pedro, que, según explica, "permiten al oyente identificarse con situaciones límite de la vida".

El sacerdote detecta hambre de profundidad, pero pide evitar reducir la fe "a una moda o a una experiencia emocional". | Agencia Flama

Al mismo tiempo, el disco incorpora momentos festivos y luminosos, como la canción que abre el trabajo, con una entrada en Jerusalén protagonizada por niños. Para Àguila, este detalle no es anecdótico: es una manera de insistir en que la fe, como indica, "también es acogida y alegría", y que los niños tienen "un papel simbólico" en la forma de acercarse a Jesús. El conjunto del disco, así, se construye como un itinerario espiritual que abarca desde la acogida inicial hasta la Resurrección.

"La música puede llegar a quien no se acercaría a la Iglesia"

Su relación con la música es inseparable de su vocación sacerdotal. Así, reitera que, si no fuera sacerdote, probablemente no se dedicaría a la música. "La música no es el centro, sino un instrumento al servicio del ministerio y de la pastoral", sostiene. En las actuaciones de Canta la Teva Fe, esta intención se concreta en un "equilibrio entre concierto y oración", sin confundir los lenguajes pero permitiendo que se complementen. El escenario se convierte, de este modo, en un espacio de evangelización y, al mismo tiempo, de encuentro.

En su experiencia, la música tiene una capacidad singular de interpelar. "Puede llegar a personas que, de entrada, no se acercarían a la Iglesia, y abrir una puerta a la fe", asegura. Pero Àguila insiste en que este primer impacto debe ir acompañado de un proceso: comunidad, formación y acompañamiento. "Sin este paso, el riesgo es que la música se quede solo en una experiencia emocional puntual", admite. Es aquí donde entra la dimensión pastoral de su trabajo, especialmente en un contexto en el que observa cierta búsqueda espiritual entre los jóvenes, que a menudo se manifiesta como necesidad de sentido.

Desde su responsabilidad en la pastoral diocesana, interpreta este momento como "una oportunidad", pero también como un reto. Detecta un hambre de profundidad, pero advierte de que hay que evitar reducir la fe "a una moda o a una experiencia emocional". La clave, sostiene, "es ofrecer caminos que permitan integrar esta inquietud en una vivencia sostenida y comunitaria".

A pocos días de un nuevo concierto, el 27 de marzo en el Monasterio de Sant Cugat del Vallès, Àguila continúa compaginando la gestión parroquial, la música y la responsabilidad pastoral. Entre cables, altavoces y palabras, su trabajo apunta en una misma dirección: hacer de la música un lugar donde la oración tome forma y donde la fe pueda ser compartida, sin artificios, desde la experiencia vivida. Al salir del despacho, la sensación es que aquel espacio, aparentemente desordenado al principio, es en realidad un lugar donde todo tiene su sitio: el trabajo, la música y la fe.

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