“Me preocupa que la polarización desemboque en un juego de puñales”
“La frontera es nuestro sitio. Si la frontera desgasta, nos hemos equivocado”, concretó Cobo, defendiendo a la Iglesia samaritana, pese a que “seamos pocos”. “Pero no conozco ninguna realidad de exclusión donde no haya una presencia de la Iglesia”. Eso "es lo que nos ha salvado, y lo que nos salvará, la caridad. No el poder, ni el que seamos más, ni que tengamos la razón. El día en que perdamos eso, la Iglesia deja de ser Iglesia"
“Me preocupa que la polarización desemboque en un juego de puñales”. El cardenal Cobo compartió, después de la comida, un jugoso juego de preguntas y respuestas, enfocadas en la sinodalidad, la elección de obispos, el papel de la mujer o la campaña electoral.
Sobre esta última, el vicepresidente del episcopado recordó las palabras de León XIV en el Parlamento. “El Papa les habló de la claraboya que culmina el Congreso, por donde entra la luz que a todos les ilumina”, apuntó, destacando que “estamos en un momento donde es crucial el valor de la palabra desarmada y desarmante”.
“Necesitamos valorar la palabra, y hablar de política con mayúsculas”, frente al “riesgo de denigrar a la persona”. “Eso es una línea roja que no debemos consentir. Es bueno discutir las ideas, pero a veces queremos aniquilar a las personas”, trazó Cobo, que insistió en que la Iglesia “está llamada a ser, en este momento, un instrumento de consenso y de diálogo”.
"Un obispo magnífico" para suceder a Omella
“Espero que el Papa os presentará un obispo magnífico”, subrayó Cobo respecto al sucesor de Omella. Tras explicar las dificultades de un proceso que cuenta con informes de más de 800 páginas, el cardenal abogó por “agilizar” estos procesos, y hacerlos más participativos. En España “hay como veinte” procesos abiertos, subrayó, comentando, entre risas y veras, que “necesitaríamos un departamento solo para España”. Al final, la decisión depende del Papa que, añadió, “ya está recibiendo papeles y firmando. No piensen que va a parar”.
Sobre el derecho canónico, Cobo planteó que “intentamos trabajar unos organismos sinodales, pero nos falta la estructura canónica para desarrollarla”. En este sentido, abogó por “una revisión del Derecho Canónico en clave sinodal”.
“Los seminaristas son hijos de su tiempo”, respondió Cobo, quien abogó por “escuchar la realidad de los jóvenes que vienen”, y también los lugares de los que proceden. “lo importante es que los seminarios sean propuestas formativas”, recalcó, haciendo gala de su coordinación en ese grupo del Sínodo.
En cuanto al papel de la mujer, Cobo admitió que “venimos de una institución que tiene que espabilar”, recalcando que “la dignidad de la mujer en la Iglesia es indiscutible. Y que haya que defenderla. Nos tenemos que poner las pilas, no podemos ir con el piloto automático. Tenemos que cambiar la partitura, para ser sensibles a un déficit que tenemos ahora mismo”.
Sobre las rupturas y amenazas de cisma que pueden frenar las reformas, el purpurado admitió que “lo que más nos duele es la salida del hijo, porque la Iglesia es madre”.
“La frontera es nuestro sitio. Si la frontera desgasta, nos hemos equivocado”, concretó Cobo, defendiendo a la Iglesia samaritana, pese a que “seamos pocos”. “Pero no conozco ninguna realidad de exclusión donde no haya una presencia de la Iglesia”. Eso "es lo que nos ha salvado, y lo que nos salvará, la caridad. No el poder, ni el que seamos más, ni que tengamos la razón. El día en que perdamos eso, la Iglesia deja de ser Iglesia".