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Reus entrega al arzobispo Joan Planellas una cruz pectoral inspirada en el arte de Antoni Gaudí

La iniciativa, enmarcada en el Año Gaudí, refuerza los vínculos entre patrimonio, Iglesia y territorio.

Joan Planellas, recibiendo la cruz pectoral. | Agencia Flama

En la penumbra recogida de la sacristía de la iglesia prioral de Sant Pere de Reus, alejados del bullicio de la nave central y bajo una atmósfera de complicidad institucional y espiritual, tuvo lugar este viernes 27 de marzo la entrega de una cruz pectoral de inspiración gaudiniana al arzobispo de Tarragona, Joan Planellas. Un acto discreto en la forma, organizado por Amics de Gaudí de Reus, pero denso en significado, que ha querido conjugar memoria, territorio y creación contemporánea en el marco del Año Gaudí.

La pieza, concebida por el escultor y joyero Joan Serramià, se presenta como una recreación libre y a la vez respetuosa de la cruz que corona la torre de Bernabé de la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia, la única que Antoni Gaudí vio culminada en vida. En esta reinterpretación, sin embargo, el autor no se limita a la cita formal: introduce una lectura simbólica propia que dota a la pieza de una dimensión teológica y narrativa.

Joan Serramià, en el Mas de la Calderera, propiedad de Gaudí. | Agencia Flama

Con una altura definitiva de 12 centímetros y elaborada en plata de ley 925, la cruz incorpora dos piedras naturales procedentes del Mas de la Calderera, lugar íntimamente ligado a los primeros años de Gaudí. Estos elementos, integrados con sobriedad en la composición, establecen un puente material con el paisaje originario del arquitecto, como si la propia tierra participara en el gesto litúrgico.

La iconografía de la pieza refuerza esta voluntad de síntesis: tres esferas de mayor tamaño evocan la Santísima Trinidad, mientras que doce más pequeñas remiten a los apóstoles, configurando una arquitectura simbólica que despliega, en miniatura, una verdadera catequesis visual. Todo ello se articula en un lenguaje formal que oscila entre la fuerza escultórica y la delicadeza orfebre.

El origen de la iniciativa, sin embargo, responde a una escena mucho más cotidiana. Según se ha podido saber, la idea surgió en una cena en Reus, en la que Serramià y el arzobispo Planellas coincidieron de manera informal. Fue entonces cuando el artista propuso la creación de la cruz como obsequio personal, una intuición que con el tiempo ha tomado forma hasta convertirse en este gesto institucional.

La pieza contiene elementos vinculados a los orígenes del arquitecto. | Agencia Flama

En este sentido, la trayectoria familiar de Serramià añade una capa de significado no menor: su bisabuelo materno, llamado Joan Gaudí, fue primo segundo del arquitecto. Su muerte, en 1919, marcó —según la tradición oral— un progresivo distanciamiento del arquitecto respecto a Riudoms. Un hilo discreto, pero persistente, que parece cerrarse simbólicamente con esta pieza.

La entrega, sin estridencias, se desarrolló en un tono de reconocimiento mutuo. Para el arzobispo Joan Planellas, la cruz no es solo un atributo episcopal, sino también una expresión tangible del diálogo entre fe y cultura. Para la ciudad de Reus, ciudad que Antoni Gaudí pisó en sus primeros años, representa una nueva forma de actualizar su legado, proyectándolo más allá de la memoria patrimonial hacia la creación viva.

Así, en la discreción de una sacristía, se ha consumado un acto que, sin pretenderlo, deja una huella duradera: la de una cruz que no solo se lleva, sino que se lee.

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