El Imaginero y la pandemia de las procesiones
El Imaginero es un excelente poema, atribuido a la Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, que refleja muy bien, por un lado la mitificación que hemos hecho de la Pasión y Muerte de Jesús, y por otro el sentido profundo del mensaje de Viernes Santo de compromiso con la humanidad doliente y marginada.
Lamentablemente estamos convirtiendo la Semana Santa en una PANDEMIA de Procesiones, pues cada año que pasa, no solo aparecen otras nuevas o se reinventan, sino que las ya existentes se hacen más fastuosas, más recargadas, más multitudinarias, más llenas de ritos y sentimentalismos, pero más vacías de contenido del verdadero Mensaje que nos debería trasmitir hoy el Proceso de la Pasión y Muerte de Jesús, que hemos recogido en el Comentario de ayer dedicado al Viernes Santo. Ahora la Semana Santa es cada vez más Turismo, Negocio, Viajes, Espectáculo y Diversión. Se gastan muchos millones en todos esos montajes de imágenes, ropajes, carrozas, aderezos, floristería, etc. Solo en flores se gastan entre 5.000 y 10.000 euros por paso, pudiendo en algunos casos superar los 15.000: NOS PARECE UN GRAN ESCÁNDOLO, ante más de 1000 millones de personas que pasan hambre a diario, no tienen ni agua, ni escuelas, ni hospitales, ni medicamentos, están sometidas, como víctimas sin culpa, a terribles bombardeos en Oriente Medio por unos gobernantes llenos de ambición, de poder, de dinero y de voracidad. Jesucristo no vino para esto. Jesús vino para un mundo humano y gratificante para todos. Necesitamos que venga pronto UN MUNDO NUEVO para una NUEVA HUMANIDAD.
El POEMA:
“¡De qué quiere Usted la imagen?
Preguntó el IMAGINERO
Tenemos santos de pino,
Hay imágenes de yeso,
Mire este Cristo yacente,
Madera de puro cedro,
Depende de quién la encarga,
Una familia o un templo,
O si el único objetivo
Es ponerla en un museo.
Déjeme, pues, que le explique,
Lo que de verdad deseo.
Yo necesito una imagen
De Jesús El Galileo,
Que refleje su fracaso
Intentando un mundo nuevo,
Que conmueva las conciencias
Y cambie los pensamientos,
Yo no la quiero encerrada
En iglesias y conventos.
Ni en casa de una familia
Para presidir sus rezos,
No es para llevarla en andas
Cargada por costaleros,
Yo quiero una imagen viva
De un Jesús Hombre sufriendo,
Que ilumine a quien la mire
El corazón y el cerebro.
Que den ganas de bajarlo
De su cruz y del tormento,
Y quien contemple esa imagen
No quede mirando un muerto,
Ni que con ojos de artista
Sólo contemple un objeto,
Ante el que exclame admirado
¡Qué torturado más bello!
Perdóneme si le digo,
Responde el imaginero,
Que aquí no hallará seguro
La imagen del Nazareno.
Vaya a buscarla en las calles
Entre las gentes sin techo,
En hospicios y hospitales
Donde haya gente muriendo.
En los centros de acogida
En que abandonan a viejos.
En el pueblo marginado,
Entre los niños hambrientos
En mujeres maltratadas,
En personas sin empleo.
Pero la imagen de Cristo
No la busque en los museos,
No la busque en las estatuas,
En los altares y templos.
Ni siga en las procesiones
Los pasos del Nazareno,
No la busque de madera,
De bronce, de piedra o yeso,
¡Mejor busque entre los pobres
Su imagen de carne y hueso¡”
CONSIDERACIONES:
Este texto poético presenta una crítica mordaz y profundamente ética a la desconexión entre la ritualidad religiosa y la realidad del sufrimiento humano.
Aborda la Pasión de Jesús con un claro enfoque social, expresando el deseo de encontrar la imagen VIVA de Jesús en los pobres, marginados y oprimidos de este mundo, pues es en ellos donde hay una presencial real de Jesús: “tuve hambre y Me disteis de comer, tuve sed y Me disteis de beber, estuve enfermo y Me atendisteis…”
La verdadera imagen de Jesús hay que buscarla entre los pobres de carne y hueso.
La proliferación de desfiles, lujos y ritos se ha extendido como un virus que, en lugar de sanar el espíritu, anestesia la conciencia social.
Admirando la belleza de un torturado, ignoramos las torturas de la humanidad.
Es necesario pasar de un sentimentalismo de procesión al compromiso de transformación social.
El verdadero artista que necesita el mundo actual no es el que talla la madera, sino el que talla la presencia viva de Dios en todo ser humano que necesita ser rehabilitado en su dignidad.
En Gijón, a 4 de abril de 2026