Regularización de los Inmigrantes: cuando nos ocupamos de los pobres estamos en el centro del Evangelio
Regularización de los Inmigrantes: cuando nos ocupamos de los pobres, estamos en el centro del Evangelio
“El fin del Estado no es la riqueza ni el poder, sino la virtud y la felicidad de los ciudadanos”, (Platón, filósofo griego, buscador de la verdad y la justicia)
“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo” (Atribuido a Voltaire, filósofo y escritor francés)
Había una vez un alcalde que tenía espíritu de contradicción, llegaba el último a los plenos, abría la puerta y decía: “de qué se trata que yo me opongo”.
Oyendo a los políticos debatir en los diferentes parlamentos, sobre todo en el nacional, los ciudadanos sacamos la conclusión de que se trata de oponerse por sistema, de confrontar, no para buscar la verdad, sino de quedar por encima, o degradar al otro cada vez más, todo parece que para alcanzar el poder. Esto sucede ya tanto por sistema que el prestigio de los políticos está cada vez más por los suelos. Así no estimulan nada a los ciudadanos a identificarse con el ideal de hacer un país más adulto, más maduro, más educado, más respetuoso, más ilusionado con el bien común, en línea con lo dicho por Gaspar Melchor de Jovellanos: “¿Por ventura es la sociedad otra cosa que una gran compañía, en que cada uno pone sus fuerzas y sus luces, y las consagra al bien de los demás? ¿Son así nuestros políticos para que nos animen a todos los ciudadanos seguir su modelo de ser ciudadanos ejemplares?
Tuvimos un ejemplo nefasto cuando más la mitad del parlamento nacional, por unos motivos o por otros, votó en contra de:
-La subida de las pensiones, que para muchos ciudadanos son de vital necesidad.
-La subida del ingreso mínimo vital, aún más necesario.
-La prohibición de cortes de luz, gas y agua a personas vulnerables.
-La prórroga del bono social eléctrico
-La suspensión de los desahucios para personas vulnerables.
-Las medidas para la jubilación anticipada de colectivos de riesgo.
Eso ha sido ir claramente en contra de los colectivos más pobres y vulnerables de la sociedad. Por ahí estamos muy lejos de ser ciudadanos ejemplares y por tanto mínimamente coherentes con el mensaje del Evangelio, que tiene preocupación por todos, pero con opción preferencial por los más empobrecidos y necesitados: Cuando nos ocupamos de los pobres es cuando estamos realmente en el centro del Evangelio.
Ahora acabamos de tener otro lamentable ejemplo en la oposición a regularizar a más de medio millón de inmigrantes:
La regularización de migrantes permite incorporarse legalmente al empleo, dejando atrás la economía informal y accediendo a contratos con plenas garantías. Facilita una integración real en el sistema administrativo como es el empadronamiento, el acceso completo a la sanidad, a la escolarización de los niños y niñas sin trabas, y la posibilidad de alquilar una vivienda o abrir una cuenta bancaria. A ello se suma la cotización a la Seguridad Social, que conlleva derechos y protección social.
Queremos fijarnos preferencialmente en los menores de edad, porque:
Esta medida aprobada por el Gobierno es un paso necesario para seguir protegiendo a la infancia migrante porque el interés superior del menor debe estar por encima de cualquier otra consideración. Regularizar es cuidar: más estabilidad, más derechos, más futuro para niños y niñas y sus familias.
Para un niño o una niña, tener papeles no es un trámite administrativo: es la diferencia entre crecer con derechos y toda clase de atenciones que merece le infancia, o crecer con miedo e inseguridad. Con papeles los niños y niñas tienen asegurado su acceso a salud, educación y protección:
- Asegura el acceso real y sin barreras a la sanidad, sin temor a que la situación administrativa de la familia sea un problema. Cómo una sociedad mínimamente humana puede consentir y aceptar que un niño o niña no puedan ser atendidos y cuidados cuando enferman?
- Aumenta la estabilidad en la educación con más facilidades para continuar estudios, acceder a becas o a toda clase de formación.
- Mejora la protección social de las familias al poder acceder a ayudas, recursos y servicios básicos.
- Permite mayor seguridad y estabilidad familiar porque cuando madres y padres tienen permiso de residencia y trabajo pueden salir de la economía informal, de la pobreza y evitar ser víctimas de situaciones de explotación y ofrecer mejores condiciones de vida a sus hijos e hijas.
- Mejora la participación en la sociedad: las familias con hijos e hijas en situación de irregularidad viven intentando pasar desapercibidas, incluso medio ocultos, sensación que se traslada a los más pequeños y que crecen sin poder disfrutar de los espacios y vida pública con total normalidad.
No caben argumentos como el posible efecto llamada o el incremento de las víctimas de trata de seres humanos. Los derechos de la infancia no pueden verse desplazados por amenazas y correlaciones infundadas y sobre las que no existen evidencias. Cómo es posible no sentirse interpelado e incluso angustiado ante esos niños que llegan solos, desamparados, sin conocer el idioma, sin poder preguntar ni pedir nada…
La regularización de inmigrantes aprobada tiene tan solo carácter retroactivo, por lo que no afecta a personas que a partir de ahora decidan migrar a España, lo hagan de manera voluntaria o de manera forzosa, huyendo de la extrema pobreza.
Ahora que muchas familias y niños y niñas accederán a sus papeles, debemos acompañar su inclusión social y laboral e impulsar su cohesión social, para que lleguen a sentirse plenamente ciudadanos de este país y a colaborar con su trabajo, con el pago de impuestos y su Cotización a la Seguridad Social, (crecen en torno a los 200.000 al año desde hace cinco, superando los 3 millones a mediados de 2025), y así contribuyendo a mejorar cada vez más el bienestar de nuestra sociedad.
¿Por qué es necesaria esta regularización de inmigrantes?
Porque ningún niño o niña debería crecer sin derechos por una cuestión meramente administrativa. La irregularidad no es una elección de la infancia, pero sí condiciona todo su presente y su futuro, porque carecer de papeles y por tanto estar en situación de irregularidad:
- Aumenta el riesgo de pobreza infantil y exclusión social.
- Dificulta el acceso a vivienda, salud y educación en igualdad de condiciones.
- Genera miedo, estrés e inseguridad, incluso en niños y niñas que han pasado toda su vida en España.
- Aumenta el riesgo de ser víctimas de situación de explotación o trata.
Estos niños y niñas ya forman parte de nuestra sociedad. Van a nuestros colegios, hablan nuestras lenguas y construyen aquí su proyecto de vida. Darles estabilidad jurídica es darles la posibilidad de un futuro digno, al cual tienen derecho como todo ciudadano. (Para más información ver: Save the Children, ACNUR, UNICEF , Intermón y otros informes sociales).
La Conferencia Episcopal Española reconoce, valora y aprueba la importancia de esta regularización, pero los obispos Munilla de Orihuela-Alicante, y Sanz Montes de Oviedo vuelven a llevar la contraria al resto de la Iglesia española: critican que la regularización de migrantes es "populista y demagógica" y que “aquí no caben todos” y otros argumentos que chocan de plano con los valores más esenciales del Evangelio como es la predilección de Jesucristo por los más pobres, débiles, enfermos, emigrantes, encarcelados, y en particular por el cuidado y la atención a los niños, a los cuales Jesús dio tanta importancia que hasta se identificó plenamente con ellos: “Quien recibe a un niño como estos a Mi Me recibe”, pues precisamente los niños resultan especialmente favorecidos con la regularización. Parece mentira que esos dos Obispos no vean esto, sino que incluso se alineen con lo más ultraconservador, antihumano y más incoherente con Jesucrito y su mensaje.
Gijón 2 de febrero de 2026
Faustino Vilabrille Linares