Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas (ONU 2026)
8 de marzo, conmemoración del día de la mujer: tiempo de no bajar la guardia
Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas (ONU 2026)
Cada año seguimos conmemorando el Día Internacional de la mujer y según la ONU, ningún país ha logrado cerrar las brechas legales entre hombres y mujeres. Sólo el 64% de los logros legales que tienen los hombres, alcanza a las mujeres. En materias de trabajo, dinero, seguridad, familia, propiedad, movilidad, negocios y jubilación la ley es desfavorable para las mujeres. Las mujeres siguen enfrentándose a leyes desfavorables y a obstáculos arraigados, e incluso retrocesos para alcanzar la igualdad ante la justicia. Si sigue ese ritmo, se tardarán 286 años en cerrar las brechas de protección legal. Por este motivo, el lema de la ONU para este año 2026 es “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y niñas” porque “nos negamos a dar un paso atrás o a abandonar nuestro mandato. En cambio, avanzamos juntas, por los derechos y el empoderamiento de todas las mujeres y niños”.
Sin embargo, una mirada menos comprometida está arraigada en muchas personas del común de la sociedad. Mujeres y varones opinan que no hay discriminaciones contra las mujeres e, incluso, muchas mujeres afirman que ahora los varones son las “víctimas” porque las mujeres los golpean o en los tribunales fácilmente los condenan por feminicidio y también existe el discurso de que las cosas ya están bien y los reclamos de las mujeres incomodan, crean mal ambiente y no debemos ser, justamente las mujeres, las que propiciemos ese clima.
Así es nuestra realidad en tantas situaciones. Gente con agudeza intelectual y moral para luchar por los cambios y transformaciones necesarias y muchas personas acomodadas a su entorno pequeño, sin muchos juicios críticos sobre los problemas de nuestra realidad, viviendo el día a día en su pequeño mundo.
No podemos negar que algunos actos violentos que surgen en protestas de activistas feministas, han sido ocasión propicia para seguir reforzando esa mirada en contra de cualquier reclamo de las mujeres. Y tampoco podemos negar que la condición humana, de varones y mujeres, hace que los dos sexos cometamos actos y acciones violentas que no nos exentan de la culpa. Pero siempre hay que mantener la capacidad crítica para no desacreditar todo el movimiento feminista por los actos reprochables que se han dado y que hubiera sido deseable no se dieran. Ahora bien, no todos los actos son violentos, pero si son actos que incomodan y desinstalan. Para no ir muy lejos, ya en España, el movimiento “La revuelta de las mujeres en la Iglesia”, se adelantó a este 8 de marzo, haciendo plantones en la puerta de varias catedrales a lo largo de España, con el lema “Este es mi cuerpo” y no tardaron mucho en tildarlas de “sacrílegas” por utilizar esta expresión, considerada “eucarística” (por gente de iglesia), en su activismo social. Pero lo que pretendieron fue muy legítimo y válido: el cuerpo de las mujeres es sagrado, como el de todos los seres humanos y, por eso, no puede ser objeto de discriminación de ningún tipo y menos en el ámbito eclesial.
Contando con todo lo anterior, sería bueno preguntarnos a fondo, de qué lado queremos estar. Y si somos personas creyentes, preguntarnos si nuestra fe nos desinstala y nos permite el juicio crítico que tuvo el mismo Jesús sobre la sociedad de su tiempo y que tantas otras personas a lo largo de la historia han sabido mantener e incluso dar la vida por esta causa, luchando por su transformación. Porque no lo olvidemos: Jesús en la sociedad patriarcal de su tiempo, se relacionó con las mujeres de igual a igual (mujer samaritana), las ayudó a superar las exclusiones que las mantenían en un segundo lugar (hemorroísa, mujer encorvada, siriofenicia, etc.) y las llamó a integrar su comunidad como verdaderas discípulas, haciendo a una de ellas -María Magdalena- la primera testiga de su resurrección.
Por todo esto, es tiempo de no bajar la guardia, empujando la transformación de la sociedad patriarcal porque todos -mujeres y varones- tenemos derecho a vivir en una sociedad sin exclusiones de ningún tipo y, mucho menos en razón del sexo. Y, por supuesto, seguir luchando porque también en la Iglesia esa igualdad sea una realidad. Se han dado pasos y son de celebrar, pero mientras persistan lugares, funciones y ministerios, negados a las mujeres, no es real la igualdad fundamental y el testimonio eclesial no puede ser creíble.
Agradezcamos en este día a tantas mujeres valientes que nos abrieron camino, para hoy gozar de las oportunidades que muchas mujeres tenemos, oportunidades de las que no gozan todas. Y sigamos denunciando esa mentalidad “patriarcal” tan arraigada en varones y mujeres que nos hace acomodarnos a la sociedad, tal y como ella es, y donde nos dicen que ya todo está bien y que nos vemos “más femeninas” si no seguimos incomodando a nadie. Ojalá no nos cohíba ese contexto social, sino que “no bajemos la guardia” hasta que nuestro mundo sea, en verdad, como Dios lo quiere: varón y mujer a imagen suya (Gn 1, 27), sin ninguna discriminación.
(Foto tomada de: https://redescristianas.net/1-de-marzo-manifiesto-revuelta-de-mujeres-en-la-iglesia-este-es-mi-cuerpo/)
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