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Como Tomás, reconocer en Jesús al Hijo de Dios

II Domingo de Pascua (12-04-2026)

Jesús está pensando en nosotros que no estuvimos en su vida histórica y no vimos los acontecimientos, pero hemos sido invitados a creer sin haber visto

La llamada para nosotros hoy es a creer sin ver para que el testimonio de la resurrección de Jesús alcance a todas las generaciones.

Jesús se aparece a Tomás

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: La paz esté con ustedes. Después de decir esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: La paz esté con ustedes. Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes. Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: Reciban el Espíritu Santo. A quienes les perdonen los pecados les quedarán perdonados; a quienes se los retengan les quedarán retenidos. Tomás, llamado Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: Hemos visto al Señor. Él replicó: Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y Tomás con ellos. Se presentó Jesús a pesar de estar las puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: La paz esté con ustedes. Después dice a Tomás: Mira mis manos y toca mis heridas; extiende tu mano y palpa mi costado, en adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe. Le contestó Tomás: Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: Porque me has visto, has creído; felices los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, que no están relatadas en este libro. Éstas quedan escritas para que crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida por medio de él (Jn 20, 19-31).

El mismo día en que María Magdalena, Pedro y el otro discípulo van y encuentran la tumba vacía y, posteriormente, Jesús se le aparece a María Magdalena confiándole que anuncie a los discípulos lo que él le ha dicho (Jn 20, 17-18); Jesús se aparece a sus discípulos que están reunidos “con las puertas bien cerradas” -según dice el texto que leemos hoy- por miedo a los judíos, completando así una serie de apariciones en el domingo de resurrección. Notemos que el hecho de Jesús puede entrar en un recinto bien cerrado, nos habla del cuerpo resucitado de Jesús. Pero, al mismo tiempo, al mostrarle a sus discípulos sus manos y el costado, les está haciendo ver que él es el mismo crucificado que ahora ha resucitado.

Jesús les da los dones escatológicos propios de la resurrección: la paz, la alegría, en otras palabras, el Espíritu Santo -dador de todos los dones- y les confía la misión que él había realizado hasta entonces: “como él Padre lo envío, ahora él los envía” y les da la gracia de perdonar los pecados, como Jesús mismo lo hacía en su vida histórica. Como podemos ver, el resucitado ahora se hará presente entre nosotros a través de sus discípulos que serán los encargados de dar testimonio de ese hecho.

El texto continúa con el relato de Tomás que no estaba con ellos esa tarde y cuando se entera dice que hasta no ver la marca de los clavos en su mano y no meter el dedo en el lugar de los clavos y en el costado, no creerá. Tomás quiere estar seguro de que el resucitado es el mismo crucificado. Precisamente por eso, a los ocho días cuando Jesús vuelve a presentarse ante ellos, se dirige a Tomás y le invita a que compruebe su identidad. El texto no dice si Tomás metió su dedo en el lugar de los clavos, pero si se nos relata su confesión de fe: “Señor mío y Dios mío”. Tomás cree en la resurrección de Jesús y así la confiesa. Es entonces cuando Jesús dice: “felices los que creen sin haber visto”. Con estas palabras Jesús está pensando en nosotros que no estuvimos en su vida histórica y no vimos los acontecimientos, pero hemos sido invitados a creer sin haber visto. El texto termina diciendo que Jesús hizo muchas otras señales en medio de sus discípulos, invitándolos a creer que él es el Mesías, el Hijo de Dios y, precisamente porque creen tengan vida en él y sean sus testigos para todas las generaciones.

La llamada para nosotros hoy es a creer sin ver para que el testimonio de la resurrección de Jesús alcance a todas las generaciones. Es bueno aclarar que creer sin ver no quiere decir una fe ciega y sin preguntas. Es una fe adulta que reconoce los signos de la resurrección y cree en ellos dando testimonio con las palabras y las obras.

(Foto tomada de: https://radiomaria.org.ar/programacion/catequesis/la-paz-la-comunica-jesus-mostrando-sus-llaga/)

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