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Ambivalencias de la IA

"Lo malo no es el avance científico y tecnológico que implica la IA, sino el uso que se haga. Te puede auxiliar mucho, pero también te puede despersonalizar, deshumanizar… El desafío no es tecnológico sino antropológico, dice el Papa"

Inteligencia artificial

Hechos

En mi computadora, cuando deseo escribir algo en Word, de inmediato aparece este letrero: Describa lo que le gustaría redactar con Copilot. Es decir, que yo indique unas ideas y la máquina se encarga de hacerme el trabajo. Y cuando pongo en mi pantalla un documento largo que deseo leer, aparece este otro letrero: Parece que este documento es largo. Ahorra tiempo leyendo un resumen usando el asistente de IA. Es decir, que la máquina me puede hacer un resumen, para que yo no tenga que leer todo el documento. Yo no intervengo en nada; todo es obra de una máquina, que alguien ya programó. La máquina me sustituye y ya no tengo que pensar mucho. Esto tiene sus ventajas y sus desventajas.

Si esto nos sucede a todos en nuestros equipos electrónicos, cuánto puede hacer la llamada Inteligencia Artificial en todos los campos: medicina, aviación, comunicaciones, educación, entretenimiento, información, política, economía, etc., etc. ¡Cuánto nos ayuda para llegar a un lugar determinado! La máquina te dice qué camino tomar y ya no tienes que preocuparte ni andar preguntando cómo llegar. 

Deshumanizacion

Esto tiene sus pros y sus contras. Porque se puede usar esta extraordinaria herramienta para bien, pero también puede ser para fines perversos y para que otros piensen y decidan por ti. Lo malo no es el avance científico y tecnológico que esto implica, sino el uso que se haga. Te puede auxiliar mucho, pero también te puede despersonalizar, deshumanizar. Ya no eres tú quien construye y decide, sino una máquina. Hay naciones donde ya se empieza a legislar para que los menores de edad no estén expuestos a cuanto las redes ofrecen, porque pueden dañar el desarrollo de su cerebro y de sus capacidades personales. 

Iluminación

El Papa León XIV, en su Mensaje para la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2026 (24-I-2026), advierte:

“La tecnología digital, cuando se falla en su cuidado, corre el riesgo de modificar radicalmente algunos de los pilares fundamentales de la civilización humana, que a veces damos por descontado. Simulando voces y rostros humanos, sabiduría y conocimiento, conciencia y responsabilidad, empatía y amistad, los sistemas conocidos como inteligencia artificial no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino que también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas.

El desafío, por tanto, no es tecnológico sino antropológico. Custodiar los rostros y las voces significa, en última instancia, cuidarnos a nosotros mismos. Acoger con valentía, determinación y discernimiento las oportunidades que ofrecen la tecnología digital y la inteligencia artificial no significa ocultar para nosotros mismos los puntos críticos, las opacidades, los riesgos. 

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la inteligencia artificial como amiga omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, oráculo de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

Habilidades cognitivas

La cuestión que nos importa, sin embargo, no es en lo que logra o logrará hacer la máquina, sino qué podemos o podremos hacer nosotros, creciendo en humanidad y conocimiento, con un sabio uso de instrumentos tan poderosos a nuestro servicio. Desde siempre, el hombre se ha visto tentado a apropiarse del fruto del conocimiento sin el esfuerzo que supone el compromiso, la investigación y la responsabilidad personal. Sin embargo, renunciar al proceso creativo y ceder a las máquinas nuestras funciones mentales y nuestra imaginación significa enterrar los talentos que hemos recibido para crecer como personas en relación con Dios y con los demás. Significa ocultar nuestro rostro y silenciar nuestra voz.

El riesgo es grande. El poder de la simulación es tal que la inteligencia artificial también puede engañarnos con la fabricación de realidades paralelas, apropiándose de nuestros rostros y nuestras voces. Estamos inmersos en una multidimensionalidad, donde cada vez es más difícil distinguir la realidad de la ficción”.

Acciones

El mismo Papa León nos propone: “El desafío que nos espera no es el de detener la innovación digital sino el de guiarla, y en ser conscientes de su carácter ambivalente. Corresponde a cada uno de nosotros alzar la voz en defensa de las personas humanas para que estos instrumentos puedan realmente ser integrados por nosotros como aliados; aumentar nuestras capacidades personales de reflexión crítica; evaluar la credibilidad de las fuentes y los posibles intereses que están detrás de la selección de información que nos llega; comprender los mecanismos psicológicos que se activan ante ello; permitir a nuestras familias, comunidades y asociaciones elaborar criterios prácticos para una cultura de la comunicación más sana y responsable.

Como católicos, podemos y debemos aportar nuestra contribución para que las personas, especialmente los jóvenes, adquieran la capacidad de pensar críticamente y crezcan en la libertad del espíritu”.

Pensamiento crítico

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