Cadiñanos: "La Semana Santa es mucho más que la puesta en escena de un pasado"
"Da vida a los sentimientos que te provocan, transforma tu corazón, tu mente, tus juicios, tus valores al paso de aquello grande que contemplas", pide el obispo de Mondoñedo-Ferrol, Fernando García Cadiñanos, en su carta "Semana Santa: Escuela de amor, fe y esperanza"
Un año más la Semana Santa llama a las puertas. Comenzamos una nueva oportunidad de celebrar el Misterio Pascual en nuestras iglesias y de prolongarlo en nuestras calles. Las rúas de algunas de nuestras ciudades, como Ferrol, Viveiro, Mondoñedo y otras más, se verán enriquecidas por el paso de las procesiones que son prolongación de nuestro culto y el testimonio de vida que se hace cultura y belleza. Es momento de agradecer el inmenso trabajo que todas las cofradías realizáis año tras año. Vuestra dedicación y la vivencia profunda de los Misterios no es mera tradición, sino una verdadera y pública manifestación de fe.
El papa Francisco, cuando era todavía obispo en Buenos Aires, dejó escritas estas palabras: «Os invito, pues, a que salgáis a las calles y acompañéis los pasos de Semana Santa, ¡es una forma de evangelizar! A través de la belleza plástica de las imágenes que reflejan instantes concretos de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, ¡estamos evangelizando! Por medio de la participación activa y bien coordinada en las procesiones damos testimonio de nuestra fe, una fe que, imbricada en la cultura y en el arte de nuestros pueblos y ciudades, hace que nuestros conciudadanos se asomen al misterio redentor de un Dios que por amor a toda la humanidad, ¡a todos! se entregó en el Misterio de la Cruz. Es necesario salir a las calles, porque también en y por ellas transcurren nuestras vidas y quehaceres cotidianos. También en medio de ellas tenemos que convertirnos en testigos vivos y valientes de un Cristo vivo».
Pero la Semana Santa es mucho más que la puesta en escena de un pasado: es la experiencia presente de un Dios que ama al mundo hasta el extremo de dar la vida. Por ello, os animo muy especialmente a abordar esta celebración desde la única clave cristiana que le da sentido pleno: la fe y la esperanza.
Contemplar el misterio del amor de Dios manifestado en Jesús, que fue pasado pero siempre es presente, nos ha de llenar de asombro y agradecimiento. Este es el inicio del camino para la fe. Pero también nos invita a revisar cuál es nuestra respuesta a ese amor entregado y cómo nos mueve a transformar nuestra vida y nuestras comunidades. La Cruz también es motivo de esperanza para un mundo tan ávido de ella. Al mirar al Crucificado encontramos la salvación. La realidad del dolor que atraviesa toda nuestra vida, misteriosamente se une a aquella Cruz y encuentra en ella un rayo de luz y de fortaleza. La violencia de los injustamente masacrados y ajusticiados por el mal que anida en nuestro mundo (pensemos en las guerras, en las diferentes violencias, en los desplazados por múltiples motivos…) realmente es iluminada y vencida por aquel justo ajusticiado. La Cruz es árbol de vida, cobijo de caminantes, faro en la tormenta.
El Crucificado ilumina nuestra vida. Por eso lo exponemos en la plaza pública. Os invito a contemplar esta Cruz que nos salva. Que en ella, en el encuentro con su amor, elevemos nuestra oración por nosotros y despertemos a una mayor sensibilidad por los crucificados de nuestro mundo. Porque vivir la Pasión del Señor nos lleva a solidarizarnos con los que sufren en nuestro tiempo.
La Semana Santa se convierte así en escuela de amor, de fe y de esperanza. Contemplar los tronos es contemplar el amor de Dios mostrado en Cristo. Pero también es releer nuestra historia y una provocación para la solidaridad y la cultura del cuidado. Es acoger la esperanza que nos viene de la Cruz. Por eso, te invito a que no te quedes en lo externo. Entra en el corazón del Misterio que representan. Da vida a los sentimientos que te provocan, transforma tu corazón, tu mente, tus juicios, tus valores al paso de aquello grande que contemplas. Sólo así quedaremos tocados por el Amor que se manifiesta en la Cruz, y por la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte.
Que vivamos una feliz Semana Santa.