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Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

"La Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados es una oportunidad propicia para revisar nuestra actitud. En el fondo, está en juego qué sociedad estamos construyendo y queremos dejar…"

Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

La realidad de los migrantes se ha convertido hoy en uno de los fenómenos que provocan mayor controversia a nuestro alrededor. Siendo un hecho que ha acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia (en Galicia bien lo sabemos), en los últimos años se ha acentuado debido a la globalización y la creciente movilidad humana. Y, paradójicamente, el discurso sobre la migración y la perspectiva desde la que se siente han mutado hacia crecientes y preocupantes cotas de rechazo, de sospecha y de miedo. 

Sería bueno que nos preguntáramos por las causas de esta nueva actitud que, sin duda, marcará nuestros compromisos y perspectivas futuros como sociedad en la búsqueda de la justicia. Las razones son complejas, múltiples y diversas. Me atrevo a explicitar algunas. 

Por una parte, ha influido el número creciente y los porcentajes de población de origen extranjero que se dan en algunas regiones, ciudades o barrios de España, que en ciertos casos son muy altos. La mayoría huyen de sus países buscando las oportunidades que el sistema económico les impide en sus territorios y que a nosotros nos ha tocado en suerte. 

Además, en algunas personas pesan comportamientos particulares: aunque no sea lo habitual, el que alguien de un colectivo incumpla sus deberes ciudadanos y no se esfuerce por participar activamente en la sociedad se generaliza con facilidad a todo el grupo. 

Sociedad

Otro elemento determinante es la diferente interpretación de lo que significa el término y el proceso de la integración. Para muchos, integrarse equivale a asimilarse por completo a la sociedad de acogida, sin recibir ni acoger la riqueza de lo diferente y sin percibir que la acogida supone también un cambio en la sociedad mayoritaria. Desde esta perspectiva, se rechaza a quien no actúa según esa asimilación idéntica. 

Tampoco podemos ignorar los factores socioeconómicos. Al inmigrante se le puede ver como una carga, como alguien que amenaza nuestro bienestar, o como el que se aprovecha sin haber colaborado. Aquí aflora el rechazo hacia el pobre, hacia quien tiene menos oportunidades, o se encuentra al borde de la exclusión: la aporofobia, que tristemente se manifiesta con enorme frecuencia. 

También influye nuestro posicionamiento previo: cuando los vemos como un problema, carga, dificultad… no es difícil descubrirles como competidores, extraños y hasta enemigos. A ello contribuyen también las fake news tan habituales en estas cuestiones. 

A todo ello se suman las lecturas ideológicas sobre lo que significa la identidad. Esta se comprende, cada vez más, desde posturas excluyentes que perciben lo diferente como una amenaza, olvidando que nuestra identidad siempre es plural, fruto de muchas otras y nunca es unívoca.

Los miedos, los sentimientos, la sinrazón completan también este largo elenco de causas. Quizás no nos damos cuenta de que, al actuar así, nos mostramos profundamente frágiles y manipulables. Es importante que la razón y, para los cristianos, la fe, iluminen nuestros juicios y comportamientos, impidiendo que quedemos al albur de los sentidos. 

Conviene mirar hacia nuestro interior para vigilar qué semilla está floreciendo y estar atentos a la cizaña que siempre acecha

La Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados es una oportunidad propicia para revisar nuestra actitud ante los migrantes, especialmente en esta hora que nos ha tocado vivir y con la dimensión política que conlleva. En el fondo, está en juego qué sociedad estamos construyendo y queremos dejar. Conviene mirar hacia nuestro interior para vigilar qué semilla está floreciendo y estar atentos a la cizaña que siempre acecha. Jesús nos invita a ver a los migrantes como personas, es más, como hermanos, como lugar sagrado de encuentro con Él, como posibilidad de crecimiento, como riqueza humana, social y eclesial. La catolicidad que profesamos es camino de universalidad. 

Encuentro

El lema de la jornada de este año, “incluso uno de estos pequeños”, nos convoca a valorar a cada persona, especialmente a los menores, que son los más vulnerables y frágiles. Que la celebración de este día sea una oportunidad para generar cultura de acogida y de apostar por un mundo más fraterno, rechazando posturas que nos deshumanizan.

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