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12 de Octubre: Mi patria es el mundo y la inculturación mi bandera

La Hispanidad profética de los teólogos, misioneros y mártires que encarnaron el Evangelio en Latinoamérica

La fe que se hizo carne: misioneros y mártires de la Hispanidad

En torno al 12 de octubre, el debate público suele encallarse en la polarización: por un lado, la glorificación acrítica de la conquista imperial; por el otro, la condena sumaria y sin matices de la historia. Sin embargo, para la conciencia cristiana y el espíritu evangélico, la verdadera memoria de la Hispanidad no se mide en coronas, desfiles ni conquistas territoriales, sino en las huellas de quienes cruzaron el océano impulsados por una sola certeza: la dignidad sagrada e inviolable de cada persona como hijo de Dios y ciudadano del mundo.

El 12 de octubre no podemos celebrar la no-inculturación. No hay nada de evangélico en la imposición cultural, la violencia o el avasallamiento de los pueblos originarios. Lo que el cristiano celebra y agradece es la semilla del reino que prendió en tierra americana gracias a quienes entendieron que el mensaje de Jesucristo solo es inteligible cuando se encarna, respeta, escucha y abraza la realidad de cada cultura.

Porque todo cristiano es, por su vocación bautismal, un misionero; y todo verdadero misionero sabe que la evangelización exige inculturación. Evangelizar no es exportar una civilización ni imponer una estructura sobre otra, sino hacer espacio para que la Buena Nueva florezca con el rostro, las lenguas, los dolores y las esperanzas de la gente que la recibe.

Frente a la fuerza de las armas, la codicia mercantil y los abusos del poder colonial e imperial, emergió a lo largo de los siglos una corriente profética de teólogos, misioneros y mártires españoles. Esos sí que amaban…

La raíz profética: Salamanca y la defensa de los derechos humanos

Mucho antes de que las filosofías seculares redactasen las declaraciones modernas de derechos, en las aulas de la Universidad de Salamanca y en los primeros conventos del Nuevo Mundo resonó el Evangelio como un escudo para los oprimidos:

El compromiso de nuestro tiempo: Teología de la Liberación y martirio

Esta corriente de inculturación y justicia no se detuvo en el siglo XVI. Para no escribir aquí demasiados datos y cansar, mejor es dar el salto al siglo XX, a nuestra historia reciente, donde la Hispanidad misionera escribió sus páginas más profundas y conmovedoras desde la opción preferencial por los pobres, la Teología de la Liberación y el testimonio de la propia sangre:

Sin más bandera que la Verdad del Evangelio

Celebrar hoy la Hispanidad desde la fe no es justificar las sombras del pasado ni vanagloriarse de dominios mundanos. Es dar gracias por la luz incombustible de quienes convirtieron el mensaje cristiano en servicio, respeto cultural y entrega radical.

Un verdadero seguidor de Jesús no rinde culto al patriotismo excluyente ni busca imponer patrias terrenales, porque el cristiano no es nacionalista; es un ciudadano del mundo cuya única bandera es la Verdad del Evangelio. Por eso mismo, allí donde va, no coloniza ni exige que el otro cambie de piel para encontrarse con Dios: se incultura, haciéndose uno con el pueblo que lo acoge y comunicando el lenguaje común y universal del Evangelio que a todos nos abraza.

La verdadera Misión con mayúsculas no conquista: se incultura. No domina: se abaja y sirve.

El legado de nuestros teólogos, misioneros y mártires nos recuerda que en el Reino de Dios no hay fronteras, y que el único "imperio" legítimo para un seguidor de Jesús es el del Amor que se entrega sin reservas hasta dar la vida.

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