Bud Bunny, Trump y la Superball
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“Benito”, el mayor acto de resistencia contra la narrativa Trump
Tengo que reconocer que hasta hace unos días no me gustaba Bad Bunny, pero lo de la Superball fue, como dicen en mi tierra, “una guantá sin mano”, un golpe de dignidad sobre la mesa. Llamarse "Benito" y no "Bad Bunny" es, en sí mismo, el mayor acto de resistencia contra la narrativa de Trump. Mientras el sistema político de la derecha estadounidense intenta deshumanizar al inmigrante o al puertorriqueño convirtiéndolo en una etiqueta (un "alien", una "amenaza", un "voto"), él se aferra a su nombre de pila.
La humanización frente a la caricatura
Trump construye su discurso sobre caricaturas: el "bad hombre", el criminal, el invasor. Al presentarse como Benito Martínez Ocasio —el hijo de una maestra y un camionero—, él rompe el hechizo.
- La puesta en escena de la normalidad: En sus presentaciones, Benito, a menudo, proyecta visuales de su infancia, de las calles de Vega Baja, de sus amigos de siempre.
- El golpe a Trump: Esto humaniza lo que Trump intenta despojar de rostro. Benito no es un producto diseñado para el mercado anglosajón; es un ser humano que se niega a cambiar su nombre para que un presentador de Fox News pueda pronunciarlo fácilmente. Su éxito dice: "Soy Benito, y vas a tener que aprender a decir mi nombre, no el que tú me quieras poner".
El español como lengua de afecto, no solo de negocio
Trump ha dicho en múltiples ocasiones que en Estados Unidos "se habla inglés". Benito le responde no solo con canciones, sino con sentimiento en español.
- En la letra: Cuando Benito canta temas como "Andrea", donde narra la tragedia y la lucha de una mujer en Puerto Rico, o "Amorfoda", no está buscando el hit de radio; está buscando la fibra sensible.
- La simbología: Al cantar baladas o trap melódico en español en el corazón de la cultura estadounidense, está diciendo que el español es capaz de expresar la vulnerabilidad más profunda. Trump ve el español como un ruido que debe ser silenciado, entre otras cosas porque no lo entiende; Benito lo posiciona como el idioma del amor, el duelo y la victoria.
El rechazo al "Sueño Americano" de Trump
El "sueño americano" de Trump es mercantil y enjuiciable: trabajar, callar, asimilarse y acumular dinero. Benito propone un sueño propio:
- Simbología del vestuario: A diferencia del traje y la corbata de Trump (el uniforme del poder tradicional), Benito usa faldas, colores estridentes y pelo rapado con diseños. Es la puesta en escena de la libertad individual.
- La canción como bandera: En "El Apagón", la letra dice: "Yo no me quiero ir de aquí / que se vayan ellos". Es un ataque frontal a la ley de incentivos fiscales que Trump defendió, la cual atrae a millonarios estadounidenses a la isla mientras desplaza a los locales. Benito humaniza la resistencia: no quiere ser un triunfador en Nueva York; quiere ser Benito en su isla, con su gente.
América es un continente, no un país
El golpe maestro de la puesta en escena de Benito fue, sin duda, su capacidad para ejecutar una lección de geografía humana frente a las narices del nacionalismo más excluyente. Mientras la retórica de Trump ha intentado secuestrar la palabra "América" para reducirla a un club privado con derecho de admisión, Benito utilizó el micrófono para devolverle el nombre a sus verdaderos dueños.
En un despliegue de orgullo que no entendió de fronteras, el escenario se llenó de la energía de todo un continente. Al reivindicar a México, Benito no solo saludó a un público; rescató la dignidad de un pueblo que el trumpismo convirtió en su enemigo favorito para ganar votos. Al nombrar a la República Dominicana, Cuba y Panamá, posicionó al Caribe no como el "patio trasero" de Washington, sino como el epicentro rítmico del mundo moderno.
Pero el alcance fue más allá. Al invocar a Colombia, Venezuela, Argentina y Chile, desmanteló el mapa mental de la Casa Blanca. Recordó que el pulso de esta tierra no se detiene en el Río Bravo, sino que fluye desde los barrios de Ciudad de México hasta las avenidas de Buenos Aires. Fue una bofetada de realidad: mientras unos proponen muros de acero para separar familias, Benito construyó un puente de sonido que unió a las naciones que Trump suele despreciar o ignorar.
Este pase de lista de nacionalidades fue la prueba definitiva de que el relato de "America First" se ha quedado pequeño. América no es una bandera de barras y estrellas; es un tejido humano, diverso y vibrante que habla, llora y celebra en español. Al final, demostró que no se puede amurallar una identidad que ya es dueña del aire.
La política de la cercanía
Trump habla desde podios dorados y aviones privados; Benito, a pesar de su fortuna, mantiene la estética de la realidad de la calle y las carpas.
- En sus conciertos y actuaciones especiales, suele recrear una playa o una fiesta de barrio. Esta simbología conecta con el pueblo, con la gente da pie de una manera que Trump solo puede simular.
- Representa al joven que no necesitó el permiso de las élites blancas para ser el artista más escuchado del planeta. Es la prueba viviente de que la visión del mundo de Trump (donde el hombre blanco anglosajón lidera el camino) es una reliquia del pasado.
Benito es el nombre de la derrota cultural de Trump. Porque mientras uno intenta levantar muros para mantener a la gente fuera, el otro, simplemente siendo Benito, ha logrado que el mundo entero quiera entrar en su casa, sentarse en su mesa y cantar en su idioma.