Carta a Francisco (a un año de tu partida)

Querido Jorge, querido Padre Jorge:

Laudato-SI. El Papa verde
Laudato-SI. El Papa verde

Querido Jorge, querido Padre Jorge: Hoy hace un año que te fuiste, y aquí me tienes, frente al papel, intentando procesar este vacío que se siente tan lleno de ti. Como bien sabes, porque me has leído en mis artículos de Religión Digital o me habrás "ojeado" en mi tesis, artículos y libros, he dedicado algunos años a intentar explicar tu mensaje. Pero hoy no quiero hablar desde una perspectiva analítica o académica, sino como el hijo y el hermano que se siente huérfano de tu sonrisa, pero cargado con tu herencia.

Ha pasado un año, y tu "olor a oveja" se nos ha quedado pegado a la piel. Siempre lo dije y lo mantengo: para ti no era un eslogan, era una categoría teológica y vivencial. Me enseñaste que el pastor que no se mancha en el barro no sirve para el Reino. Gracias por devolvernos el protagonismo a nosotros, al Pueblo de Dios, y por sacarnos de la comodidad de los despachos para llevarnos a la intemperie de las periferias, donde la piel se rasga y la fe de verdad se pone a prueba.

Sé que muchos se preguntaban si tu reforma moriría contigo. Qué poco te conocían. Tu reforma es irreversible porque no cambiaste solo los papeles de la Curia, sino que cultivaste la sinodalidad en el alma de todos y hoy, más que herederos, somos semillas sembradas. Nos enseñaste que caminar juntos es la única forma de no perdernos. Nos regalaste esa "mística de los ojos abiertos" para ver al hermano en el descarte y no pasar de largo.

Buen viaje, Padre Jorge. Aquí seguimos, intentando "hacer lío", tal como nos pediste con esa insistencia tuya tan argentina. Pero para lío, ya habrás visto desde tu balcón eterno hasta dónde ha llegado "nuestro amigo Trump" (es broma, Bergoglio; aunque te confieso que nos cuesta horrores tenerlo y amarlo como prójimo, “próximo”, ¿verdad?).

Menos mal que, en este tablero tan convulso, Prevost se ha puesto en su sitio —que es el tuyo también— y con su temple sereno pero innegociable, le ha dicho lo mismo que le hubieras dicho tú; quizá con otras palabras, pero con el mismo espíritu de quien no se dobla ante el poder del dinero ni ante el muro del descarte. León y tú le habéis dejado bien clarito que la dignidad humana no es negociable en ningún despacho, recordándole aquello que resume siglos de resistencia eclesial: «Con la Iglesia te has topado, "amigo Trump"; para lo bueno y para lo malo (que de esto también sabemos mucho). Porque aquí los últimos —si no nos aburguesamos y acabamos traicionando el Evangelio de Jesús— queremos que sigan siendo los primeros. Y los primeros, los últimos. Le pese a quien le pese».

Quédate tranquilo, seguiremos cuidando la "Casa Común" y vigilando que no nos gane la desidia. Intercede por nosotros, que falta nos hace. Ruega por nosotros, Francisco.

Para el pueblo, S. Francisco, Papa.

Fdo: Jesús Lozano Pino

San Francisco Papa
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