Cuando Israel exhibe con orgullo la crueldad, el mundo debe responder con contundencia

«Bienvenidos a Israel, nosotros somos los dueños aquí». (¿QUIÉN PARA ESTO?)

el misnistro de Israel abusa de los cooperantes
el misnistro de Israel abusa de los cooperantes

No es seguridad, es crueldad: La intolerable humillación del ministro de Seguridad Nacional de Israel a los cooperantes

El alto cargo de la seguridad israelí desata la indignación global al difundir un vídeo donde se mofa de activistas europeos —entre ellos varios españoles— atados y arrodillados. Una agresión directa a la dignidad humana que el Gobierno de España ya tacha de "monstruosa".

La política de la crueldad ha traspasado una nueva línea roja. La difusión de un vídeo grabado y aireado en redes sociales por el ministro de Seguridad Nacional de Israel ha dejado en 'shock' a la comunidad internacional. En las imágenes, el máximo responsable de las fuerzas policiales del país se mofa y humilla públicamente a decenas de cooperantes y activistas de la Flotilla Global Sumud (entre ellos, ciudadanos españoles) tras ser interceptados en aguas internacionales mientras intentaban llevar ayuda humanitaria a Gaza.

Las imágenes son devastadoras para cualquiera que defienda los valores del Evangelio y los Derechos Humanos: hombres y mujeres desarmados, obligados a arrodillarse bajo el sol con las manos atadas a la espalda y la frente pegada al asfalto. Mientras tanto, el ministro de Seguridad Nacional pasea entre ellos ondeando una bandera y espetándoles con desprecio: «Bienvenidos a Israel, nosotros somos los dueños aquí».

Una bofetada a la dignidad humana

La reacción de la diplomacia europea ha sido unánime y contundente, especialmente la de España. Nuestro ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, no ha contenido las palabras ante lo que considera una absoluta falta de humanidad, calificando las imágenes de "monstruosas, indignas e inhumanas", exigiendo la liberación inmediata de los compatriotas y una disculpa pública.

Incluso dentro del propio Gobierno israelí, el ministro de Exteriores ha tenido que salir a pararle los pies a su compañero de gabinete: «Has causado un daño tremendo con este espectáculo vergonzoso... Tú no eres la cara de Israel».

El vídeo del ministro de Seguridad Nacional hiere la sensibilidad de cualquier persona de fe o con un mínimo sentido de la justicia. Reducir a cooperantes pacíficos a una postura de sumisión indigna no es defender a un Estado; es deshumanizar al prójimo.

Este lamentable episodio nos recuerda que, en el tablero de la geopolítica, la propaganda del odio cotiza alto. Cuando los cooperantes —muchos de ellos movilizados por profundas convicciones éticas y cristianas de justicia y paz— son tratados como trofeos de guerra ante las cámaras de un ministro, la comunidad internacional no puede mirar hacia otro lado. La solidaridad no se puede  arrodillar.

El silencio que nos hace cómplices ante la falta de escrúpulos

Este lamentable episodio no es solo un conflicto geopolítico o un incidente diplomático más; es una radiografía del alma humana cuando se deja corromper por el poder y el desprecio al prójimo. Ver a cooperantes pacíficos —movidos por la compasión y la justicia— deshumanizados y tratados como trofeos de guerra es una flagrante contradicción a los valores del Evangelio que nos llama a reconocer en el hermano, especialmente en el que sufre, el rostro de Dios.

La propaganda del odio y la soberbia de quienes se creen "dueños" de la tierra y de las vidas ajenas jamás podrán apagar la luz de la solidaridad. Cuando la crueldad se exhibe con orgullo, la fe no puede ser un refugio de neutralidad ni la Iglesia puede mirar hacia otro lado.

Seguir a Jesús de Nazaret nos exige una palabra profética y valiente. No podemos callar ante el atropello de los derechos más sagrados. Hoy más que nunca, frente a los muros del desprecio y las cadenas de la opresión, estamos llamados a levantar la voz por los desarmados, a denunciar la monstruosidad de la violencia y a recordar que el único camino hacia una paz verdadera es aquel que se edifica sobre la justicia, la misericordia y la inviolable dignidad de cada ser humano. La solidaridad, arraigada en el amor evangélico, camina con la frente en alto; esa es una fuerza que ninguna bofetada de soberbia podrá arrodillar.

También te puede interesar

Lo último

stats