"Jesús no es superior a Gengis Khan"

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El día que la compasión fue declarada inservible: Netanyahu y la tremenda demolición de los cimientos morales

Jesús no es superior a Gengis Khan
Jesús no es superior a Gengis Khan

Ayer asistimos a un momento que debería hacernos helar la sangre. No por la estrategia militar, sino por la demolición de los cimientos morales de nuestra civilización. Cuando un líder afirma que "Jesús no es superior a Gengis Khan" porque "siendo bueno y justo no se vence al mal", no está solo dando una opinión histórica: está firmando el certificado de defunción de la ética humanista.

La lógica del terror como "éxito"

Comparar la figura de la justicia y la entrega con uno de los conquistadores más sanguinarios de la historia (cuyo legado se mide en pirámides de cráneos) es un mensaje claro para el mundo: Ya no importa ser el "bueno", solo importa ser el que queda en pie.

Es la justificación de la brutalidad elevada a política de Estado. Se nos dice que la bondad es una debilidad y que el único camino a la "potencia mundial" es el desprecio por la piedad.

El factor humano: ¿En qué nos estamos convirtiendo?

  • Ayer se nos dijo: Que la justicia es un estorbo para la victoria.
  • La realidad es: Que una victoria sin justicia es solo un desierto con otro nombre.
  • La gran contradicción: Convertir a una nación en potencia a costa de despreciar los valores que, irónicamente, muchos dicen defender.

¿De qué sirve dominar el mundo si para hacerlo tienes que escupir sobre la idea de que ser justo tiene algún valor? Si la referencia de éxito es Gengis Khan, entonces hemos retrocedido 800 años de evolución moral en una sola frase.

¿Y ahora qué, “Dios mío”?

No podemos normalizar que el poder se justifique a través del desprecio a lo sagrado (sea para creyentes o para humanistas). La brutalidad no es una herramienta necesaria; es el fracaso de la política y de la humanidad misma.

Si aceptamos que para "vencer al mal" hay que ser más cruel que el mal mismo, entonces el mal ya ha ganado antes de que se dispare la primera bala.

¿Qué queda de nosotros cuando el éxito se mide en fuerza y no en dignidad? Les pregunto a todos ustedes, gente de bien que no se conforma con leer noticias y normalizar, o banalizar — como decía Hanna Arendt — el mal.

La lectura crítica y la oración son, sin duda, una forma de supervivencia moral y espiritual.

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