Del micrófono al altar: Cristóbal Jiménez, el hombre que dejó a Gabilondo por Ignacio de Loyola
La noticia más difícil: cuando el titular es tu propia vida
Hubo un tiempo en que la voz de Cristóbal Jiménez no buscaba el alma de los oyentes, sino la noticia más cruda. Como estrecho colaborador de Iñaki Gabilondo en los años dorados de la SER, cubrió guerras, crisis y poder. Tenía el éxito que el mundo aplaude, pero en la cima de su carrera decidió cambiar la "última hora" por la paciencia de la eternidad. Hoy, este jesuita que sigue analizando la realidad con ojo de reportero, nos abre las puertas de su itinerario vital. No es la historia de alguien que huyó del periodismo, sino de alguien que llevó la búsqueda de la verdad hasta sus últimas consecuencias. Hablamos con él sobre el salto al vacío, el ego de las redacciones y por qué, a veces, para escuchar a Dios, hay que apagar primero el ruido del dial. He tenido la suerte de tenerlo muy cerca unos días en Loyola y no he desaprovechado el momento de gracia, tanto para disfrutar del tiempo de espíritu que, a través de él, Dios me abría, como para embarcarlo en la no fácil tarea de responder a las preguntas de un reportero amateur.
El detalle de la grabadora
Cuentan que, incluso hoy, cuando Cristóbal se sienta a conversar, mantiene esa mirada atenta del reportero que sabe que la verdad no suele estar en la primera respuesta, sino en lo que el entrevistado calla. Su vida es un recordatorio de que se puede ser jesuita sin dejar de ser periodista, porque ambas misiones poseen algo en común: buscar la verdad y tener el valor de contarla. Escuchando a Cristóbal Jiménez, uno comprende que no hay una ruptura real entre el periodista que fue y el jesuita que es. Al final, el buen periodismo y la fe comparten una misma raíz: la curiosidad infinita por lo humano y la sospecha de que, detrás del ruido de los titulares, hay una verdad más profunda esperando ser escuchada.
Cristóbal no dejó la comunicación; simplemente cambió la urgencia de la primicia por la importancia de la presencia. Nos deja una lección valiosa para este mundo acelerado: que la mejor noticia no es siempre la que llega primero, sino la que nos ayuda a entender quiénes somos y hacia dónde vamos. Gracias, Cristóbal, por recordarnos que se puede bajar del ritmo frenético del mundo para encontrar, precisamente allí, el sentido de todo.
Hola Cristóbal, si te parece, vamos a dividir la entrevista en 3 grandes bloques: tú vocación, la comunicación y la mirada al mundo.
Bloque 1: La Vocación (El hombre detrás de la Compañía)
Pregunta. Cristóbal, tu vida parece el guion de una película de búsqueda. Tenías "el éxito" según los estándares del mundo. ¿Fue tu vocación un portazo repentino a la radio o una noticia que se fue cocinando a fuego lento en medio de las coberturas internacionales?
Respuesta. Lo primero que me gustaría decir es que yo ¡jamás daría un portazo a la radio! La radio ha sido desde mi infancia compañera inseparable de camino. Y lo sigue siendo. La escucho a diario y forma parte de mi oración. Rezo con noticias y situaciones que escucho en la radio y me ayuda a crecer en sensibilidad con lo que ocurre en este mundo tan diverso y complejo. Dejé la radio no con un portazo repentino sino más bien como un camino lento, acompañado y madurado, un proceso de discernimiento.
P. Se dice que un jesuita es alguien que busca "hallar a Dios en todas las cosas". Para alguien que ha visto lo peor del ser humano en conflictos bélicos, ¿es más difícil encontrar a Dios en una trinchera o en la rutina de una gran ciudad?
R. Ver y encontrar a Dios casi siempre es algo complejo. Y casi siempre, además, descubrimos su presencia, podríamos decir, “a toro pasado”, cuando hacemos relectura de lo vivido. Entonces podemos decir: no me di cuenta, pero allí estaba Él. Es complejo, además, porque Él no está siempre como a nosotros nos gustaría o donde a nosotros nos gustaría. Dios es muy sorprendente. En los conflictos bélicos, en las tragedias humanas, sin duda que cuesta intuir su presencia y toca convivir con la pregunta: “¿Dónde te has metido?” Y es un proceso el ir descubriendo que Él está ahí, sufriendo, crucificado. Y está también en ese grupo de personas que, en medio del drama, son cauces de esperanza y ternura.
P. Cuando le dijiste a tus compañeros de la SER que te ibas a los jesuitas, ¿cuántos pensaron que te habías vuelto loco y cuántos envidiaron tu valentía?
R. Nunca se me ocurrió hacer una encuesta o una estadística, supongo que habría gente para todo. Pero encontré un respeto enorme que me conmovió.
Los titulares son para las noticias y la Iglesia no es una noticia, es la comunidad de los que viven y anuncian la Buena Noticia, una comunidad rica, diversa y compleja. A veces tengo la sensación de que en la Iglesia vivimos un poquito acomplejados, con miedos, miedo a expresar con valentía nuestra fe, miedo a no molestar a nadie…
Bloque 2: La Comunicación (La Fe en el dial)
P. Has pasado del ámbito de la comunicación y los colegios a ser una voz de referencia espiritual. Como periodista: ¿Qué titular le pondrías al estado actual de la Iglesia en España?
R. Los titulares son para las noticias y la Iglesia no es una noticia, es la comunidad de los que viven y anuncian la Buena Noticia, una comunidad rica, diversa y compleja. A veces tengo la sensación de que en la Iglesia vivimos un poquito acomplejados, con miedos, miedo a expresar con valentía nuestra fe, miedo a no molestar a nadie…Necesitamos que resuene con fuerza esa frase que repite Jesús: “No tengáis miedo”.
P. En la radio se lucha por el "minuto de oro". En la vida espiritual se busca el silencio. ¿Cómo se convence a una sociedad adicta a las notificaciones del móvil de que lo más importante ocurre cuando no pasa nada externo?
R. Dice Jesús “mi Padre trabaja y yo también trabajo”. Dios está siempre trabajando en nosotros, y allí donde creemos que no pasa nada, siempre ocurren cosas. Es la sabiduría que comunica Jesús cuando dice: “el Reino de Dios es como un hombre que sembró un campo: de noche se acuesta, de día se levanta, y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo”. Esto es un modo de estar en la vida. Tenemos que cultivar esa confianza en un Dios que, sin que sepamos cómo, siempre está actuando en nosotros.
P. ¿Crees que la Iglesia comunica mal, o es que el mensaje del Evangelio es, por naturaleza, "antimedia" porque no admite simplificaciones ni titulares de 140 caracteres?
R. Hay un poco de todo. En un mundo tan rápido y a veces tan superficial, el mensaje del Evangelio tiene una hondura y unos ritmos distintos. Pero también es verdad que a veces la Iglesia ve a los medios de comunicación como rival y no como aliado en la misma batalla de hacer del mundo un lugar más habitable y justo.
Bloque 3: La Mirada al Mundo (El análisis de la realidad)
P. Tú que has entrevistado a líderes mundiales: ¿Qué le falta al liderazgo actual que sí tenías presente en la espiritualidad de San Ignacio de Loyola?
R. Una palabra clave en la espiritualidad ignaciana es “ayudar”. La Compañía de Jesús nace para “ayudar” a las almas. Ayudar es salir del propio querer e interés, romper el círculo del “yo”, que es insaciable, para abrirse un poquito más a los demás. Un buen liderazgo debería implicar descentramiento y servicio.
P. Vivimos en una era de polarización extrema. Los jesuitas siempre han estado "en la frontera" y en el diálogo. ¿Se puede ser un puente, Cristóbal, en un mundo que solo quiere levantar muros?
R. Quizá por eso es más necesaria que nunca esa labor de tender puentes. Está en la esencia de la Compañía de Jesús. En la Fórmula del Instituto, nuestra regla primera, se dice que una de las misiones de los jesuitas es “reconciliar desavenidos”, es esa tarea de generar cauces de reconciliación.
P. Si hoy tuvieras que volver a sentarte frente a un micrófono para un último editorial de apertura en Hoy por Hoy, ¿cuál sería el mensaje urgente que le lanzarías a la sociedad?
R. Fundamentalmente la experiencia de Dios que siento y con el que me comunico, que a pesar de las dificultades, de la injusticia, del dolor, Dios ve el mundo con esperanza. Para Dios todos tenemos arreglo. Yo tengo arreglo, tú tienes arreglo, el que lea esta entrevista también tiene arreglo. ¡Dios no da nada por perdido!
P. Y por último: después de haber buscado tantas exclusivas para otros y haber encontrado finalmente la tuya en la fe..., si hoy tuvieras que ponerte los cascos, abrir el micrófono y decir solo una frase antes de que se apague la luz roja del estudio para siempre, ¿cuál sería?
R. Esto terminará bien. Para nuestras vidas y para nuestro mundo nos espera un final bueno. No porque dependa de nosotros. Si dependiera de nosotros no sabríamos si lo conseguiríamos o no. Puede que sí o puede que no. Pero no depende de nosotros. Es promesa de Dios. La última palabra para nuestras vidas y para nuestro mundo será “bienaventurados”, “felices”. Es más de una frase, seguramente el productor me lo recortaría un poquito, pero la frase sería esa: esto terminará bien.
P. Muchas gracias Cristóbal por tu sinceridad. Gracias por dejarte entrevistar. Pero, sobre todo, gracias por haber compartido con un grupo de cincuenta docentes lo más valioso que posees: la experiencia de Dios que podemos descubrir a través de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola.
