El milagro de Sabah en Ceuta: la vecina musulmana que transforma su casa en refugio de dignidad

Entre cazuelas, duchas y ropa limpia, la galardonada activista ceutí abre las puertas de su hogar en Los Rosales para socorrer a los migrantes desamparados

Conecta2:  Cómo vivir el Ramadán
Conecta2: Cómo vivir el Ramadán | imagen de arc¡hivo facebook Radio Televisión Ceuta

Encarnar el mandato supremo de la acogida al hermano

En medio del desamparo que rodea a los cientos de personas que aún buscan refugio en Ceuta tras las recientes entradas masivas, un rincón de la barriada de Los Rosales se ha transformado en un verdadero faro de humanidad. Se trata de la vivienda de Sabah Hamed, una conocida activista ceutí de confesión musulmana que, sin esperar burocracias ni protocolos institucionales, ha abierto de par en par las puertas de su hogar para ofrecer lo más básico y urgente: un plato de comida caliente, agua limpia, ropa seca y la posibilidad de ducharse con dignidad.

Sabah, española de origen bereber y reconocida en la ciudad por su incansable compromiso social —que en 2022 le valió el prestigioso Premio María de Eza—, encarna la mejor tradición de solidaridad interconfesional de la frontera sur. Lo que comenzó como una respuesta instintiva ante el sufrimiento de quienes vagaban por las calles sin rumbo, se ha consolidado en pocos días como un punto vital de atención comunitaria y consuelo.

Cada jornada, decenas de personas acuden a su puerta buscando no solo auxilio material, sino también el gesto caluroso de alguien que las mira a los ojos y las reconoce como iguales. En sus cazuelas no solo se cocina alimento para el cuerpo; se prepara un refugio para el alma frente a la intemperie y la incertidumbre de la migración.

Esta iniciativa solidaria pone de manifiesto la fuerza del tejido social y el poder transformador de la fe hecha obras. La entrega incansable de Sabah personifica, en primer lugar, el sagrado deber de la hospitalidad (ikram al-dayf) y la compasión que constituyen el corazón mismo del Islam. Al mismo tiempo, su gesto tiende un puente espiritual fraterno al coincidir plenamente con el núcleo del mensaje evangélico del cristianismo: el mandato inequívoco de acoger al forastero, vestir al desnudo y reconocer el rostro de lo divino en los más vulnerables.

Al final, quizá lo mejor del Islam y lo mejor del Cristianismo sea precisamente esto: su profunda humanidad y sus entrañas de misericordia. Cuando perdemos esa sensibilidad compartida, acabamos convirtiendo la fe en un bloque de hormigón rígido, algo pesado que aplasta en lugar de liberar y que es incapaz de transmitir una buena noticia. Por eso, el gesto de Sabah —a pesar de ser una historia sencilla y cotidiana— no deja de ser una noticia inmensamente rica y esperanzadora, merecedora de ser conocida y contada por todos.

También te puede interesar

Lo último

stats