Yo ya sabía que Topuria iba a perder

Pan, circo y espectáculo: la maquinaria de la UFC al más puro estilo Trump

Topuria vs Gaethje. Gana Trump
Topuria vs Gaethje. Gana Trump

Ayer, temprano, como a las seis y algo de la mañana, me levanté a oscuras por el pasillo y me encontré una sorpresa que me dejó helado: allí estaban mi hijo, que ya es un joven universitario, y mi hija adolescente, pegados a la pantalla viendo el combate por internet. Que un chico en edad universitaria esté enganchado a estas cosas, bueno, en cierto modo nos resulta más habitual o predecible dentro de su entorno. ¿Pero mi hija? ¿Cómo consiguen que una chica adolescente también se levante de madrugada, con el sueño que suelen tener a esa edad, solo para ver un evento como este junto a su hermano?

La respuesta es tan abrumadora como preocupante: la brutal maquinaria de propaganda que engorda a estos combatientes. La publicidad generada alrededor de estos enfrentamientos es una bestia insaciable que lo inunda todo (redes sociales, TikTok, creadores de contenido). Consiguen transformar la violencia en un fenómeno pop indestructible, capaz de arrastrar a la juventud —desde universitarios despiertos hasta adolescentes— del sofá a unas horas intempestivas solo por alimentar esa expectativa desmesurada.

Y aquí viene mi segunda confesión, que va ligada a la primera: el título de este artículo es una burda trampa para llamar tu atención. Vaya por delante mi petición de disculpas si te he atraído hasta aquí con un anzuelo tan flagrante, pero es que a veces hay que usar las armas del espectáculo para poder hablar, precisamente, del espectáculo.

La verdad por delante: a mí la UFC me importa lo mismo que si me hablas de la XYZ. No tengo ni idea, ni me interesa, y lo que es peor: me parece un evento desagradable. Que me perdonen los millones de fieles seguidores de estas disciplinas, pero para mí, todo eso no es más que la manifestación de la fuerza bruta más primaria. Sangre, chillidos, testosterona desbocada y golpes directos a la mandíbula. Un circo romano moderno disfrazado de deporte de élite que me resulta, cuanto menos, ajeno.

Pero el combate de Ilia Topuria no era solo un evento deportivo. Era una puesta en escena.

La noche de Trump y el factor Gaethje

Seamos realistas, ¿quién podía pensar que en mitad de la celebración del cumpleaños de Donald Trump, rodeado de su corte, el ganador iba a ser un georgiano-español? Como si no conociéramos ya al mandatario estadounidense y cómo se las gasta. Aquello no era un octágono neutral; era el salón de invitados de Trump.

En una noche así, el guion exigía gloria patriótica en bandeja de plata. El escenario estaba perfectamente dispuesto para que brillara un estadounidense de pura cepa, un tipo como Justin Gaethje, el prototipo ideal para desatar el delirio de las gradas americanas. En la mente de los allí presentes, la narrativa era perfecta: la noche de Trump tenía que coronarse con el triunfo de Gaethje, el guerrero de la casa, para que el magnate y sus amigotes se divirtieran celebrando el poderío local a costa de cualquier aspirante extranjero. Este siempre es el modus operandi de la administración Trump en la geopolítica mundial.

Pensar que el resultado iba a desafiar la fiesta de cumpleaños del líder, dándole el protagonismo a un georgiano-español en lugar de a su compatriota Gaethje, es no entender cómo funciona el "Show de Trump". En su mundo, las victorias de los que no encajan en el molde de la barra de bar americana no suelen estar en el menú de la noche. Era la noche de Trump, y por ende, la noche donde debía reinar un estadounidense.

Más allá de la fuerza bruta

Al final, de lo único que uno se da cuenta al ver el eco de estos eventos —y al ver a tus propios hijos hipnotizados por las pantallas a las seis de la mañana— es de que la sociedad sigue necesitando esa dosis de "pan y circo" en su versión más cruda. Los grandes magnates sonriendo en primera fila, el olor a sudor y apuestas, y la sensación de que, por encima de las reglas del deporte, lo que de verdad domina ahí dentro es el más puro estilo Trump: la espectacularización de la agresividad.

Así que sí, yo ya sabía que Topuria iba a perder. No porque supiera de llaves, de KO's o de estrategias en la lona. Sabía que perdía porque, a veces, hay escenarios donde el rival no es solo el que tienes enfrente con los guantes puestos, sino todo el ecosistema que empuja para que gane el de casa. Y contra una maquinaria de propaganda tan bestia, capaz de desvelar a tus hijos de madrugada, no hay entrenamiento que valga.

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