¿Soy el único que se ha quedado de piedra con el "fenómeno" León XIV en España? Una visita desarmada y desarmante
Mejor volcarse con el Papa real que con los que lo intentan suplantar…, porque los hay más papistas que el Papa
Confieso que todavía estoy frotándome los ojos. He visto estos días cómo todo el mundo —y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo— ha llevado en volandas al papa León XIV durante su visita.
Es verdad, no seamos injustos: la fontanería vaticana ha funcionado como un reloj suizo, pero la organización interna en Madrid, en Barcelona y en Canarias ha sido de un absoluto 10. Los eventos han estado súper bien programados, planificados al milímetro en cada una de sus sedes, con gusto y profundidad, y el propio Pontífice se ha movido con una naturalidad pasmosa que desarma a cualquiera. Pero mi asombro no va solo por la logística. Lo que realmente me ha dejado de piedra ha sido el impresionante despliegue y la exhibición de fuerza —en el mejor de los sentidos— de la Iglesia católica en un terreno político-social tan complejo como es la España actual.
Un baño de masas en la España del "No sabe / No contesta"
Seamos realistas. No estamos en la España de hace medio siglo. Vivimos en un país donde la secularización avanza, donde muchos ya no creen y una gran mayoría se refugia en el sociológico "no sabe o no contesta". Un país, además, donde todavía quedan coletazos del desprecio que generaron aquellas políticas del nacionalcatolicismo; un pasado que, nos guste o no, todavía levanta ampollas en ciertos sectores.
Por eso, lo que hemos vivido estos días es un acontecimiento histórico, seas o no creyente. No todos los días viene un Papa, y menos multiplicándose en escenarios tan diversos como la capital, la ciudad condal o el archipiélago canario. La apertura de los telediarios, el seguimiento masivo en televisión, el tsunami de reacciones en internet y, sobre todo, el increíble apoyo recibido tanto por el pueblo llano como por los mandatarios del Gobierno y la oposición... sinceramente, me ha parecido inaudito.
¿O es que soy yo el único que se ha quedado sorprendido de la buenísima respuesta del pueblo español? Esperaba debate, crispación, quizás cierta indiferencia de los de siempre. En su lugar, nos hemos encontrado con un respeto institucional y un fervor popular dignos de análisis en cada rincón que ha pisado.
Realidad frente a ficción (y frente a los "jueces" de turno)
Al ver este baño de masas tan real, tan humano, no he podido evitar pensar en los tiempos que corren. Hombre, mucho mejor volcarse con el Papa real que con aquellos que quisieron serlo o inventárselo usando Inteligencia Artificial. Que hoy en día te crean un "falso Papa" con un buen algoritmo en menos de cinco minutos para lanzar discursos a la carta.
Pero el problema no es solo la tecnología. Lo preocupante son los clones de carne y hueso. Porque de esos los hay a patadas: dentro y fuera de la Iglesia, dentro y fuera de España, jugando a ser más papistas que el Papa. Personajes que se creen con el derecho de dictar quién es buen católico y quién no, mientras León XIV demuestra que la Iglesia se lidera con naturalidad, cercanía y pisando el barro de la realidad.
España ha respondido, de norte a sur y de la península a las islas. Sorprendente, pero real. Quizás es que, en el fondo, este país tan rápido para la autocrítica todavía sabe reconocer cuándo está ante un líder que, más allá de las siglas y las ideologías, viene a tender puentes y no a levantarlos. Nos hacía falta.