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Desahogos con respeto.

Procuro llevar a efecto, dentro de lo posible, el criterio de tratar con respeto a las personas.Respeto que es reconocimiento de la persona como entidad única, lo cual presupone la comprensión de lo que el otro es, hace o dice. El respeto al otro es intentar valorar sus intereses y necesidades en contraste con los propios. Y eso aunque se enfrenten a los propios. En el "recinto" digital en que nos movemos, con las palabras. Valorar su "modus vivendi", buscar el porqué de lo que dice y por qué lo dice, ponerme en su lugar, aceptar sus opiniones bien que contrastándolas con las propias y con otras similares a las nuestras...

Intento leer a diario los comentarios y, a fe, que algunos producen irritación. Y muy a pesar mío, hay momentos en que cedo a la provocación. A pesar de eso, cuando no me es posible contender sin dejarme llevar por el enojo, prefiero callar, no escribir nada en respuesta. Repito, aunque a veces no lo parezca, al menos lo intento. Eso conlleva necesariamente no insultar, que es el mínimo gesto de respeto a la persona.

Las “normas” que deben regir los comentarios en un blog son claras. Decían así:

Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o simplificaciones groseras o vulgares.

No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.

Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.

Decimos que lo intentamos, aunque parezca que no. Abordar ideas a nuestro juicio obsoletas, resaltar situaciones de hechov y sinecuras de la Iglesia que provienen de la extorsión mental; extraer conclusiones de la historia de la Iglesia; comparar creencias; rebatir argumentos... no implica menospreciar a la persona, aunque lo parezca.

Las personas que hoy sustentan tales credos son seres humanos iguales a uno mismo y que, con seguridad, buscan la felicidad para sí y para los suyos. Tales personas son individuos de carne y hueso que, como todos, merecen apoyo, respeto, consideración, a veces ayuda... Y tales personas no se agotan ni en sus opiniones ni en sus creencias.

Yo mismo he citado aquí con frecuencia a conocidos y amigos del estamento clerical: yo no hablo con ellos pensando en su cargo y en su oficio, hablamos de cosas comunes, que constituyen el 99% de nuestra vida. En cuestión de ideas no entramos, porque siempre son discutibles. Y admitimos que se discutan también las nuestras.

Exponer. No atacar actitudes personales con palabras salidas de tono. Aunque nos parezcan indefendibles. Por otra parte, tales comentarios, cuando son exabruptos, no van a ninguna parte ni consiguen otra cosa que reafirmar en las convicciones.

Con frecuencia hemos dicho aquí que hurguen en blogs aledaños, blogs que sustentan creencias, y vean si encuentran comentarios que ataquen lo que en ellos se dice con la virulencia que aquí se hace. No admiten la más mínima réplica. ¿Por qué? No dejar opinar es clara falta de respeto, cuando una de las peculiaridades de los blogs es el contraste de pareceres.

Repetimos, no es nuestro propósito ceder a la provocación. Es criterio de actuación a pesar de que algunas veces la lógica expositiva nuestra parecezca contradecirlo. Lo sé. Habrá quienes puedan extraer enunciados que así lo parecen.

Estas reflexiones me las han sugerido, NO los “habituales” del blog, tan cansinos como lo somos nosotros, sino las formas expresivas de alguien que firma como BERNARDO. Pareciendo darnos la razón, lo hace con descalificaciones que rozan, cuando no lo son, el insulton [Examinen quienes le contestan si no se dejan llevar por la provocación].

Defendamos o vituperemos ideas con educación, aportando datos o ideas pero sin ofender. Creo que el diálogo, que nunca busca la descalificación, encumbra a quien lo practica.

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