Bocos: "Esperamos que esta Semana de Vida Consagrada sea una sacudida para quienes se hallan adormecidos y con pesimismo o desaliento"
"Necesitamos afianzar y contagiar el radicalismo evangélico y la misión profética de nuestra vida", señala a RD el cardenal claretiano en vísperas de la inauguración de estas Jornadas, de las que ha sido gran impulsor
"La fidelidad creativa no puede estancarse", afirma el P. Aquilino Bocos. Y para remover sus aguas, un año más (y van 55 ediciones), el Instituto Teológico de Vida Religiosa (ITVR) organiza en Madrid (y también en modo online), del 8 al 11 de abril, la Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada, bajo el lema “Afrontar la reducción. Caminando y habitando el desierto”.
"Hay nuevos desafíos que exigen una vida consagrada más capacitada y dispuesta a dar respuesta, como son: la indiferencia religiosa, la migración, la cultura digital, la comunicación, la soledad no deseada, etc. De ahí la inevitable reorganización y reestructuración de los espacios y tiempos", señala el cardenal claretiano en entrevista con Religión Digital.
"Los dones recibidos están esperando otra expresión, otra forma de coordinar esfuerzos, otras prioridades, aunque suponga salir y situarse en otros contextos", señala el alma mater de esta Semana, muy consciente –pero no apesadumbrado– de "la urgencia de hacerse cargo de la situación en la que nos encontramos, por la necesidad de reavivar la fe, la esperanza, la creatividad y por el obligado compromiso de fidelidad en el seguimiento de Jesús".
Pregunta. Algunos pueden pensar que el tema de declive numérico no es nuevo. ¿Reflexionarlo académicamente será suficiente si no se han empezado a tomar medidas ya?
Respuesta. Efectivamente, el tema de la reducción numérica, en Europa y América Latina, no es nuevo. Y no afecta sólo a la vida consagrada, sino a las otras vocaciones laicales y ministeriales. Pensemos, como un condicionante serio, en la reducción de matrimonios y el bajo índice de natalidad.
R. La curva de descenso viene produciéndose desde hace 50 años. Quizá se ha llegado a un momento crítico y, por eso, es obligado afrontarlo en una Semana Nacional como ésta. Esperamos sea una sacudida para quienes se hallan adormecidos y para quienes están tentados de pesimismo o desaliento. Ciertamente, algo hay que hacer, porque los talentos que se nos han dado, son para fructificar en bien de la Iglesia y de la sociedad. Los dones recibidos están esperando otra expresión, otra forma de coordinar esfuerzos, otras prioridades, aunque suponga salir y situarse en otros contextos. La fidelidad creativa no puede estancarse. El P. Claret decía a la pequeña congregación naciente: “Pocos hemos de hacer mucho”. Así infundía confianza.
P. El recordado Luis Alberto Gonzalo decía que, en la Vida Consagrada, no faltan quienes no quieren ver lo evidente, es decir, quienes optan por no afrontar esa reducción… ¿Se pueden permitir las congregaciones y otras realidades apostólicas mirar para otro lado?
R. Ciertamente que no. De hecho, hace más de 20 años, varios profesores del Instituto de Vida Religiosa y Publicaciones Claretianas han estado requiriendo la atención de las Órdenes y Congregaciones sobre este tema de la reducción. Sobre todo, por la urgencia de hacerse cargo de la situación en la que nos encontramos, por la necesidad de reavivar la fe, la esperanza, la creatividad y por el obligado compromiso de fidelidad en el seguimiento de Jesús.
R. Hay nuevos desafíos que exigen una vida consagrada más capacitada y dispuesta a dar respuesta, como son: la indiferencia religiosa, la migración, la cultura digital, la comunicación, la soledad no deseada, etc. De ahí la inevitable reorganización y reestructuración de los espacios y tiempos.
No es la primera vez que en la historia de la Iglesia se producen fenómenos parecidos. Por eso es legítimo preguntarse: ¿caminamos hacia el ocaso o hacia la aurora?
P. Reputados especialistas ofrecerán en estas jornadas varias perspectivas sobre esta cuestión. ¿Cómo vive este momento quien ha puesto su vida al servicio de la Vida Consagrada?
R. Con la preocupación que los datos nos presentan: somos menos y con edades avanzadas. Están en juego muchos servicios de evangelización y de promoción humana. A la vez, sigo creyendo y esperanzado. No es la primera vez que en la historia de la Iglesia se producen fenómenos parecidos. Por eso es legítimo preguntarse: ¿caminamos hacia el ocaso o hacia la aurora? Pongo los ojos en el Señor de la historia y me fío de su Providencia. No se puede olvidar que la vida consagrada es un don del Espíritu Santo a su Iglesia. Debería sorprendernos que, en Asia y África, la vida consagrada es joven, creativa, misionera.
P. En una reciente entrevista, el cardenal salesiano Ángel Fernández Artime aseguraba que la Vida Consagrada “puede renacer de sus debilidades”. ¿Lo ve también así el cardenal Bocos?
R. Su opinión es más respetable porque habla desde el Dicasterio para la Vida Consagrada y porque es un hombre que conoce muy bien la Iglesia y la vida consagrada. Tiene una gran experiencia por haber transitado y animado la vida de comunión y de sinodalidad en la Iglesia por todos los continentes.
R. La vida consagrada “puede renacer de sus debilidades” como revivieron los huesos en la profecía de Ezequiel. Aunque sea un poco largo, merece transmitir el texto: “Me dijo: “Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?”. Yo dije: “Señor Yahveh, tú lo sabes.” Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. Así dice el Señor Yahveh a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.» Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yahveh: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.» Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército”. (Ez 37, 3-10).
P. Puede decirse que usted es el ‘padre’ de estas Semanas. Tras medio siglo de andadura, ¿qué han aportado al ser y estar de la Vida Consagrada?
R. Las Semanas surgieron desde la dirección de la revista Vida Religiosa, en los momentos críticos de la renovación postconciliar. Tomé posesión de la revista cuando se publicaba la magnífica exhortación Evangelica Testificatio, del Papa Pablo VI. Cuando comuniqué el propósito de organizar estas semanas, me sugirió el P. Luis Gutiérrez, que, entonces era Presidente de la CONFER, que pusiera como organizador al Instituto Teológico de Vida Religiosa. Y así se hizo. Son ya 55 Semanas organizadas por los distintos directores del Instituto. Sus 54 volúmenes son un arsenal de inspiración, fundamentación bíblica, histórica y teológica, y de orientación para la pastoral, la formación y el gobierno.
Procuro alentar a cuantos se dejan llevar por la inercia y la obviedad. El bombardeo cultural, técnico, político, amortigua la sensibilidad ante los valores superiores
P. En unas semanas, cumplirá 88 años. ¿Sigue cultivando el asombro?
R. Es condición humana y, mientras el Señor me siga manteniendo despierto, trataré de cantar sus maravillas en la Iglesia y en el mundo. Sigo creyendo que la belleza salvará el mundo, como señaló Dostoievski, y Dios sigue mostrándonos su amor, su ternura y su gloria.
R. Sigo cultivando el asombro ante el Misterio de Dios, que es amor por sus hijos. Oro según el mandato de Jesús: “Rogad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies. (Mt 9, 38). Y procuro alentar a cuantos se dejan llevar por la inercia y la obviedad. El bombardeo cultural, técnico, político, amortigua la sensibilidad ante los valores superiores. Se apodera de nosotros la insensibilidad y la rutina ante lo que nos pasa en la sociedad, en la Iglesia y en la vida consagrada, erradicando el asombro y la admiración frente a los valores que rigen nuestra vida. Necesitamos afianzar y contagiar el radicalismo evangélico y la misión profética de nuestra vida. Estamos llamados a ser luz que alumbre en este mundo, para que todos los hombres descubran el resplandor de la gloria de Dios.
P. Y la Vida Consagrada, ¿mantiene ‘afinado’ el asombro de los orígenes?
R. Comienzo con una observación: No reduzcamos el ángulo de visión sobre la vida de la Iglesia y de la vida consagrada. Ser menos o ser más mayores, no significa que hayamos perdido el vigor de las raíces carismáticas, proféticas y escatológicas. Hace tiempo se me quedó grabada esta expresión de Ernesto Sábato: “A la vida le basta el espacio de una grieta para renacer”. Estando sanas las raíces, es cuestión de volver a ellas y cuidarlas para que lleguen a fructificar.
R. Es urgente encender el entusiasmo vocacional a través de la oración y el estudio. Parafraseando a Bernardo de Chartres: Somos enanos, pero vamos en hombros de gigantes de santidad y sabiduría, que han colaborado en la transformación del mundo. Nuestros fundadores y fundadoras amparan sus comunidades.
R. Creo que esta 55 Semana Nacional para Institutos de Vida Consagrada va a ser un recuentro para cuantos asistan o participen online, que les permita renovar y fortalecer la esperanza en el futuro de la vida consagrada, que es, a la vez, el futuro de la Iglesia.
