Fiesta de San Juan, de nuevo el rito del mito.
He aquí otra fiesta-mito. Otra fiesta pagana que la Iglesia trató por todos los medios de “sacralizar”. Fundamento de ambos: la explosión del verano, de las luminarias, del calor, el tiempo oportuno de sacar lo oscuro a la luz, de quemar las ramas viejas taladas en invierno...
Nadie pretendería quitar méritos a Juan el Bautista, caso de haber existido. Quizá, e insistimos en "caso de haber existido", el más eximio representante de aquella turbamulta de predicadores que proliferó en tiempos de crisis nacional y en los secarrales palestinos, ese personaje extraño nacido de forma milagrosa –cuántos personajes bíblicos y no bíblicos engendrados “en la vejez”--, nuncio del verdadero sol, Cristo.
Respecto a su existencia real, no se puede tomar como argumento su presencia en escritos "no históricos" sin una confirmación ajena a ellos. Pongo un símil: Lakshmana era hermano de Rama, Rávana aparece como rey rival de Rama... ¿Existieron? No se sabe. ¡Pero si aparecen en el Ramayana! O más cercano a nosotros, Guildenstern... ¿lo conocen? ¡Sí, aparece en Hamlet! ¿Existió?
Es fácil fabricar personajes. Los novelistas lo hacen a diario. Pero, por la sublime razón del "quod gratis afirmatur gratis negatur", tampoco nadie puede impedirnos decir lo que creemos que subyace bajo su figura. En esencia, que los fuegos de la fiesta de San Juan son testimonio patente de una tradición milenaria, evidentemente precristiana, vinculada con el solsticio de verano.
Y para que nadie se lleve a engaño, quede clara una cosa: si la Iglesia quiere personificar sus credos --Cristo sol de justicia, Dios luz de la humanidad, San Juan precursor-- en un personaje muy libre es. Muy libre es de airear cuentos y cuentecillos moralizantes.
Pero lo que no puede pretender es hacer creer e imponer como verdad que tal personaje es real, que existió, que vive y reina por los siglos de los siglos en el cielo... A eso no se puede plegar cualquier mente que razone. Eso es lo que rechaza cualquier persona que use su sentido común. Los cuentos, cuentos son. Y emocionan y hacen llorar y moralizan... Pero la vida, la razón, la realidad, van por otro lado.
Comencemos a dudar del mismo nombre. La festividad de San Juan se coloca en la “puerta” del verano. Entre lo romanos Jano era el dios de las puertas (“janua”, januarius, enero). En la Edad Media, conforme se iba extendiendo la mancha de aceite del cristianismo por el solar europeo, Jano perdió, pero quedó su homónimo Juan (Johannes, John, Ivan... ), la puerta de Cristo: él, como los días, va disminuyendo hasta desaparecer cuando aparece Cristo. A partir del 24 de Junio los días tienen, más o menos, un minuto menos de sol. Hay otra “puerta” en invierno, otro Juan, Juan Evangelista (27 de diciembre) que con su evangelio mistérico, abre la suya al verdadero Sol.
Siempre han existido celebraciones del inicio del verano, pero fue durante la Edad Media cuando se produjo la colusión entre lo que se venía haciendo y lo que trataban de imponer; la quiebra entre los ritos de los antepasados que la pléyade de monjes pretendía erradicar y las nuevas celebraciones sustitutorias. Ya habían aprendido del pasado: alíate con quien no puedes vencer. Métete en su casa para echar de ella a sus inquilinos y así poder cambiar los muebles a voluntad.
Sigo y comento el libro de Philippe Walter “Mitología cristiana. Fiestas, ritos y mitos en la Edad Media”.
En varios momentos del año había celebraciones del fuego: en Carnaval se quemaba un maniquí gigante; con el fuego de Pascua simbolizado en el cirio pascual se quemaban ramas de boj, “fuego de Judas”; el fuego de Beltain, víspera del 1º de mayo, inicia la noche de Walpurgis; el fuego de Hogunna, víspera de Tosantos idem de idem. Fuego siempre purificador.
En Francia se celebraba tal fecha, 23 de junio, con una fogata alrededor de un árbol podado –el “mayo” central— adornado con coronas de flores. Entre otras cosas para propiciar la protección contra los rayos. En París, durante siglos, era tradición que dicho árbol lo encendiera el rey. Se sabe de Luis XI, Enrique II y demás hasta Luis XIV. Alrededor de él se hacían rondas, bailes, incluso se saltaba sobre las brasas. También en el resto de los países de Europa.
Había otras celebraciones más crueles cuando ciertos visionarios propalaron sus quimeras personificando en determinados animales sus miedos, aprensiones y temores. Alguien camina de noche por el bosque y “ve” al demonio en forma de gato, gato negro, por supuesto. Consecuencia: a quemar gatos metidos en un saco en la hoguera. Y así con zorros, sapos, culebras, serpientes, lobos, incluso caballos. Esta masacre de animales el día de San Juan no estaba exenta de tintes exorcistas.
Léase en la Leyenda Dorada (Jacobo de Vorágine) cómo por el rito del fuego quedan exterminados los dragones que surgen con los calores primeros del verano. Cual lagartos y demás reptiles que reviven con el calor solar.
“La fiesta de San Juan es una de las ocho fechas del año en las que aparece el salvaje”, dice Ph. Walter, sea en forma de lobo verde, gato, oso, serpiente, hombre lobo...
La “cristianización” de este periodo, es sintomático, viene de mano de un personaje bíblico también “salvaje”: vivía en el desierto, se alimentaba de langostas y miel silvestre, vestía con pieles de camello. Es el perfecto modelo de todos los “hombres salvajes” medievales. Y si lo proporciona la Biblia, mejor que mejor, aunque desconociendo que éste, a su vez, es un arquetipo indoeuropeo.
“La Iglesia combatía enérgicamente la figura del hombre salvaje porque esa figura constituía el sostén de las creencias paganas en la metempsicosis”. Los celtas veían divinidades encarnadas en determinados animales (en la Guerra de las Galias VI, 14, Julio César hace referencia al dogma fundamental de los druidas, la transmigración de las almas).
En nuestro solar patrio las celebraciones más importantes eran las de las "brujas vascas" que en la noche del 23 de junio celebraban su akelarre más importante, pues es la noche en que se manifiestan la Basa Andre (Señora del Bosque) y el Basa Jaun (Señor del Bosque o Aker), hijos ambos de Andra Mari o Ama Lur. Nótese la pervivencia de Jano en Basa Jaun.
Como lo que pretende un “blog” no pasa de manifestar la opinión de quien escribe, como mucho la vulgarización, no vamos a extendernos en más consideraciones. San Juan no es sino personificación de mitos o prácticas ancestrales anteriores a la extensión del cristianismo. ¿Precursor? Pues muy bien si a alguien le sirve. ¿Anunciador? Pues más de lo mismo. Háganse las loas que se quieran --y en Religión Digital hemos leído suficientes-- que siempre será poner pegatinas y adornos a un maniquí.
¿Conclusiones?
1) ¿Para qué sustituir un mito por otro mito? Hoy día ambos, mito pagano, mito cristiano, reducidos a escombros en los museos de la antropología histórica. Uno de ellos pervive en el rito.
2) ¿Para qué engañar a la gente dándole existencias reales como sustitución de ritos ajenos? Lo que es un cuento, quede como un cuento, piadoso si se quiere, moralizante si así se busca, pero cuento al fin y al cabo.
3) Dejemos, pues, que todo quede en celebración festiva de la llegada del verano, algo que se reduce hoy día a finalización de un curso escolar, comienzo de vacaciones, tostarse a marchas forzadas, gozar de la naturaleza, esperar la cosecha de manzanas, limpiar la piscina... y poco más.
En la consideración de todo lo dicho, ¿por qué se escandalizan los petimetres crédulos por el hecho de que alguien pretenda celebrar la llegada del verano --el triunfo del sol-- prescindiendo de "juanes" o rezando directamente al "dios sol"? ¿No ven que es lo mismo?