Novedosos derroteros de la religión... ¿o han desistido?
Hace unos años cayó en mis manos un libro de E.Miret, El porvernir de la religión, que leí con cierto interés. Como él, pensadores y teólogos bienintencionados formulan propuestas novedosas para la regeneración del cristianismo.
Ninguna de ellas va a servir de nada porque los intentos no han mostrado virtualidad alguna. Ni el voluntarismo, ni la bondad innata, ni la credulidad purificada van a lograr vueltas al redil cuando ya no hay tenadas para ovejas sino individuos que piensan por sí mismos y sociedades avanzadas que desterraron la ignorancia y el seguidismo.
En el libro de referencia señala distintos tipos de religiosidad al uso y al desuso o derivas de la religiosidad cristiana:
1.Religión del Dios “vivo” que “habita entre nosotros”. Dios del misterio, Dios del corazón, Dios de la relación de amor entre los hombres, Dios de “la experiencia de Dios”, Dios manifestado en Jesús.
¿Qué añadir a lo de siempre? Tal concepción destruye el tinglado: los “oficinistas y funcionarios de lo sacro” no están por la labor. Por otra parte, convierte la fe en puro psicologismo de la fe, con lo que ésta queda subsumida totalmente en lo humano.
2.Religión abierta, un mundo en que los seres que lo pueblan sean sólo humanos. Actitud abierta, universal, acogedora de todo y de todos...
Más de lo mismo. Tal actitud de apertura a "lo humano" no “exige” religión alguna: la comunidad humana es así. Además, esto no es religión, esto es “panfilia”, hedonismo social, puro altruismo o pura utopía: ninguna religión aceptará jamás que el hereje siga con su hjerejía sino el ortodoxo con la ortodoxia oficial.
3.Religión del Amor que supera los círculos cerrados y exclusivistas. Religión cuyo Dios es único y todos son hijos de Dios.
De acuerdo, la lógica de que sólo exista un "dios" llevaría por esos derroteros, porque “lo otro”, la división actual, es de una irracionalidad apestosa. Pero ¿no es esto un total sincretismo? Y caemos, o caen, de nuevo la utopía: tal religión es imposible. Es el esperanto de los credos.
4.Religión de lo profano y religión de la intimidad. Sobra tanta parafernalia. Deflación de religiones, ritos, doctrinas y devociones e incluso templos.
Estaríamos también de acuerdo si nos moviéramos dentro de esferas crédulas, que no es el caso. Lo que la persona verdaderamente razonante pretende lleva a algo más radical, a una contracción de lo religioso hasta el final: que desaparezcan incluso las creencias. La religión como una estrella que se contrae y termina en agujero negro.
5.Iglesia de los “no se sabe qué son”. Ni denostar este mundo ni impregnarse de él; ni vivir la sociedad histérica que nos envuelve sin salirse de ella. Iglesia del "vivir al margen". Es la Iglesia de los que se guían por su conciencia siguiendo “orientaciones generales”. Hablan de una Iglesia constituida por hombres que practican el olvido, el dar de lado, el inconformismo vital que sabe decir lo que piensa pero sigue su propio camino.
Curiosamente ésa ha sido la defensa de los clérigos ante las personas normales, las razonantes y denunciantes: “Iglesia armadillo”, “Iglesia avestruz”, a veces “Iglesia erizo”, “Iglesia del ya pasará la tormenta”. ¡Y no es tormenta, es inundación lo que están sufriendo! Metidos en su batiscafo ya no saben lo que es la vida. ¿Es posible criticar tal inconcreción? Porque ese amontonamiento de creyentes concienciados tendrán que formar sociedad, tendrán que regirse por normas propias y apropiadas...
6.Religión de la intuición que supera la racionalidad: vivir sin juzgar ni el pasado ni el futuro, vivir en el presente. Religión de la relación que no califica a las personas. Religión de la aceptación intuitiva de lo que sucede y nos sucede. Religión de la admiración y del diálogo.
¿Crítica? Ninguna. Todo lo que se afirma es humano, profundamente humano. Por eso mismo no puede impregnar de magma sacro lo que es aspiración humana. O realidad presente.
7.Religión de la sencillez, al modo como el actual Pontífice-Papa-Susantidad se presenta.La religión como ensueño grandioso de la conciencia.
Tal afirmación tiene el consabido peligro de conducir a un necesario e inconcreto “paganismo” desprovisto de ritos y formalismos. Sí, se mantienen los “arquetipos” míticos con los que todos convivimos, pero no materializados como ahora en religiones. Los Calvino, Lutero o Jansenio sobran; más religión hay en las “fiestas de los locos” o los “Autos Sacramentales” que en toda la pretenciosa teología escolástica.
Exceso de palabrería para un propósito de desafección mítica: la Creación entendida como “algo que existe” y “algo que depende de una Fuente”; nada de condenaciones infernales, sino “samsara” hindú (¿?); el infierno, un estado interior a la espera de la “apocatástasis” final (¿?); la virginidad de María, expresión del “Deseado de las Naciones” (¿?); la hostia consagrada, presencia metafísica de Jesús (¿?); las fiestas religiosas entendidas como traslación a un mundo ideal (¿?); los dogmas, envoltura simbólica alegre y expansiva (¿?). Lo dicho se rebate a sí mismo.
8.Revolución del corazón, ideal sin idealismo, utopía hecha realidad. Sobran las leyes morales, que están inscritas en el corazón.
Curiosamente cuantos se han alejado de la Iglesia, ya viven de esa manera: principios éticos inmanentes, conducta consecuente; la reglamentación detallada se remueve de lo que es vivencia espiritual.
¿Hacia dónde caminan "determinadas" ideas regeneradoras y regeneracionistas de la vivencia religiosa? Cada maestrillo enseña --y edita-- su librillo.