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¿Vida eterna? ¿Para qué?

Deseo de permanecer: éste es el gran sentido que tiene la "vida eterna" que predican.

Lo tendríamos que repetir una y mil veces para que los crédulos se enteraran: una permanencia o vida eterna es engaño para la razón, duda para el sentido común y, he aquí la paradoja, para los creyentes sustancialmente distinta a la actual. Predican la vida eterna pero no saben cómo será, no tienen constancia de ella, la deducen de sólo deseos...

La ciencia, a lo largo de los siglos y especialmente en estos últimos doscientos años, ha ido desvelando, explicando y confirmando cualquier aspecto humano que al hombre le afecte, cualquier duda existencial o culinaria, interés, hecho que importe a la felicidad y bienestar del hombre: en los ¿seis mil? años de vida de las religiones, y en lo que MÁS puede interesar a la humanidad, su porvenir eterno, todavía no han conseguido saber nada "directamente" de ese mundo glorioso que nos espera. ¿No les da que pensar a los crédulos? Cada religión "aporta" sus conjeturas: el gozo de Dios, las 70 vírgenes, una reencarnación más sublime, "lo que ni ojo vio...", "la ausencia de todo dolor..."

Por otra parte, para el discurrir del pequeño mundo en que se mueve cada mortal, poco podría importar ese deseo de permanencia eterna. Porque, ¿qué es y de qué está hecha "la vida eterna" que tanto condiciona al creyente?

Copio de cualquier sitio: Estado de perfección eterno, en el cual se hallan todos los bienes [¡naturales y sobrenaturales!] sin mezcla ninguna de mal. O, como dice Pablo de Tarso: Ni el ojo vio ni el oído oyó ni en el corazón humano cabe lo que Dios ha preparado para los que le aman. "La juntura de todos los bienes», según el decir de San Juan de la Cruz. O Santa Teresa en sus visiones: "...porque todos los sentidos gozan en tan alto grado y suavidad, que ello no se puede encarecer, y así es mejor no decir más". ¿Los sentidos?

Estupenda definición de tal vida "post vitam". Estupenda... si dijeran algo. ¿Ilusiona a alguien? ¿Impele a ser mejor? A mí, al menos, no me dice nada.

Si en algo debiera importar la permanencia después de la muerte, sería por el rastro de bondad y por la estela de bien que la persona deja a su partida. Sólo las personas queridas dejan huella.

La gloria es efímera y menos las posesiones. Es racional pensar, porque así sucede, que el dolor primero de la separación pronto queda superado. En cambio el recuerdo perdura, primero en los allegados más cercanos. Puede trascender ese recuerdo a la segunda generación, pero casi siempre, en la tercera generación, se pierde su rastro: algún objeto, quizá algún escrito, una referencia legal...

La memoria histórica a la que sólo personajes excepciones acceden ya es "otro cantar". Depende de lo extraordinario del personaje, por el bien realizado o por el mal causado.

¿Pero importa todo eso a la persona-individuo-hombre? ¿Condiciona la vida de una persona tal deseo? Es posible. Incluso hasta plausible: "quiero ser importante, hacer grandes cosas y pasar a la posteridad"...

Y por el aspecto que nos interesa, ¿pueden la brevedad de la vida, la certeza de nuestra desaparición, el olvido de lo que hicimos generar angustia, la angustia de que hablan los creyentes y que lleva a la "desesperación vital"?

Todo debiera importar poco para fundamentar una ética personal del "más acá", para que primara más el "aquí", el "ahora" y el momento diario. Un sano reduccionismo viene bien de vez en cuando: del instinto de supervivencia, común a todos los animales, sólo es consciente el hombre, para su bien y para su desazón. Al darse cuenta de que va a morir, busca como sea el permanecer.

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