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Feliz Pascua. ¡Cristo ha resucitado!

El alma sólo es de Dios... pues que siga con ella.

Es un asunto del que hemos hablado en repetidas ocasiones --el alma--, pero preciso será que cooperemos para que alguno, al albur de lo que aquí decimos, caiga en la cuenta de la confusión, tergiversación y manipulación con que la credulidad organizada una y otra vez torna, como Perico al torno, a hablar del alma, lógicamente con el sano propósito de salvarla. Sin almas que salvar no existirían las religiones.

La conciencia de uno mismo, la memoria del pasado, la pervivencia de la verdad adquirida es lo que nos hace sentirnos "yo" desde el inicio de nuestra existencia: nada tiene que ver el cuerpo de aquel bebé jugando en la cuna con ese otro que arrastra su sopor vital tumbado en el sofá, aunque percibamos y seamos sujetos de un "continuum" no quebrado entre ambos.

¿Qué es lo que hace que, cuando cambia todo, nada cambia? ¡El alma! Pues precisamente la creencia en el alma ha sido la causa de falsos conceptos de la vida, de la sociedad, de la ciencia y de su evolución.

Llamar "alma" a eso que da continuidad al ser ha sido también una creencia filosófica. Grandes sistemas filosóficos han fundamentado su doctrina en esa dualidad de alma y cuerpo, materia y espíritu..., significativamente los sustentadores de la creencia y a su vez sustentados por ella.

Como vocablo, como forma de "llamar las cosas" --sede del pensamiento, origen de los actos volitivos, refugio de la reflexión, plantel de principios morales, etc-- se podría admitir tal concepto. De hecho es así cuando el lenguaje coloquial se refiere al alma.

Pero, digámoslo todo lo alto que se pueda, como "ente" que informa al cuerpo, que lo vitaliza, que puede tener existencia posterior aparte, que es sujeto de la gracia divina, que es creación de Dios... nada de nada.

Un apunte colateral: dado que nadie percibe que las facultades "espirituales" –memoria, entendimiento y voluntad, las que dicen son las tres facultades del alma-- sean las mismas de niño que de adulto, ¿tendríamos que admitir que también ese alma ha sufrido cambios sustanciales a lo largo de su existencia?

No hay tal alma, sino un yo vital que se curva sobre sí mismo, que, dentro de su propio crecimiento, de su evolución y disolución, se piensa a sí mismo.

No se es "hombre" por tener alma racional inmortal ni por estar hechos, según designio amoroso de Dios, a su imagen y semejanza. "Imago Dei"... ¿Sí? Será por eso que los dioses de los negros tienen la tez oscura y los dioses eslavos tienen ese aspecto rojizo con que todos conocemos a sus íncolas.

Si de semejanza se trata, más cierto es y más lógico hablar a la inversa: los dioses son imagen del hombre porque "así los pensamos" y sobre todo porque son criaturas del hombre.

El hombre "se hace a sí mismo" sin el aporte benefactor de los dioses. Sólo se elevan al cielo los que se fabrican sus propias alas, los que ascienden con la verdad: eso ha hecho el hombre. Otros pretenden convencernos de que esas alas las han proporcionado los dioses; se ofrecen, incluso, como "taller de reparación de alas". Y viven de eso.

El hombre es un producto más del universo tan evolucionado que ha sabido poner la naturaleza a su servicio, con sus derivados malignos de añadido; que la ha domesticado; que ha sabido crear un sistema complejo y efectivo para comunicarse; que sabe defenderse de forma previsora contra los peligros de esa naturaleza: catástrofes, alteraciones, enfermedades...

Y si lo anterior no fuera ya algo exclusivamente humano, añadamos lo más sublime y que es término de la evolución: ha logrado reflexionar sobre su yo y sobre la naturaleza, admirándose y gozando de ella.

Falta que sepa mantenerse dentro de ella y no erigirse en dios de la naturaleza, ni siquiera por delegación de dioses "ex machina".

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