Hazte socio/a
Última hora
El caso Zornoza, archivado

Análisis y opinión: el desplome de vocaciones sacerdotales.

Se ha debatido en días pasados el asunto de las vocaciones sacerdotales, de las cuales depende, a medio plazo y en gran parte, el porvenir de la Iglesia. Recogiendo datos de aquí y de allá, opiniones, noticias puntuales, informes varios y elucubraciones personales me atrevo a poner mi grano de opinión desde mi lejano interés sobre este problema que tanto les afecta.

Por poner fechas, referidas principalmente a España, el descenso de vocaciones comenzó en los años 60 y el declive ha sido constante e imparable. Ha aquejado tanto al clero secular como al regular, porque la desbandada ha afectado quizá mucho más a congregaciones y órdenes religiosas. De ahí, seminarios vacíos y venta de inmuebles, monasterios y demás.

Las causas han sido muchas y variadas y no todas achacables a la propia Iglesia: sociales, culturales, familiares y en gran medida eclesiales. La ponderación de las mismas depende de la perspectiva y el enfoque que cada uno quiera dar.

1. Por hablar del ámbito territorial en que la Iglesia se mueve, habría que hablar de la transformación social que España ha sufrido, o gozado, entre los años 1965 y 1980. En quince años España ha cambiado mucho más que otros países de Europa en cincuenta años

España se ha “urbanizado” de modo acelerado, creciendo las ciudades y vaciándose el campo. Eso ha propiciado, entre otros cambios, que los jóvenes hayan tenido acceso a estudios superiores; que hayan aparecido nuevas profesiones atractivas y bien remuneradas; las necesidades económicas a la vez que el deseo de prosperar ha hecho que la familia tradicional rural, numerosa, haya finiquitado. En este contexto y en lo que respecta a la Iglesia, el sacerdocio ha perdido el carácter de ascenso social que en otros tiempos tenía.

2. El modelo religioso que hasta los años 60 predominaba socialmente ha dejado progresivamente de existir. La Iglesia estaba presente en todos los ámbitos, comenzando por las instituciones y siendo elemento “imprescindible” en pueblos y ciudades pequeñas. Hasta esos años, la práctica dominical y sacramental se consideraba más o menos obligatoria, siendo el sacerdote una figura institucional en la sociedad, especialmente la rural. Cuando la fe vivida de manera sobre todo ritual deja de ser norma social, las vocaciones dependen de la convicción personal. El entorno ya no favorece ni propicia tal elección. Es más, ese entorno se muestra no sólo indiferente sino en ocasiones contrario a tal opción vocacional.

3. El Concilio Vaticano II (1962 a 1965) supuso una renovación en muchos ámbitos de la presencia de la Iglesia en el mundo y hasta un giro radical en aspectos varios de la vida religiosa. Sin embargo, también trajo consigo una fuerte crisis posconciliar. No parece que se haya analizado suficientemente el abandono masivo de sacerdotes que ocurrió entre 1968 y 1978. La vida del sacerdote, su realización personal y su convicción quebraron. Y ello fue producto de la confusión doctrinal y disciplinaria en los años 70 así como de la formación recibida; los seminarios perdieron identidad, es decir, hubo una desconexión entre lo que la Iglesia enseña qué debe ser un sacerdote y lo que algunos seminarios realmente formaban; se produjo una ruptura o cambio sustancial de modelos de vida religiosa hasta entonces muy estructurados. De ahí el abandono masivo. Y este desgaste interno afectó directamente a la renovación y elección vocacional.

4. Si volvemos la vista al semillero de vocaciones sacerdotales que era la familia española, de nuevo el cambio social producido en los años 70 tiene mucho que ver en tal descenso. Comenzó un proceso de desaceleración de la natalidad: menos hijos, menos vocaciones; asimismo, de padres menos practicantes, menos transmisión de valores religiosos; y la mayor movilidad social llevó consigo menos arraigo parroquial. Hoy las vocaciones tienen su origen por lo general en familias muy creyentes, que son minoría.

5. Otro dato sociológico importante ha sido la secularización cultural de España. De ser un país homogéneo y católico, hubo un proceso imparable hacia un país plural y secularizado. Se produjo una progresiva caída de la práctica dominical; el catolicismo desapareció como rasgo de identidad pública, algo que tuvo su correlato en la Constitución de 1978; asimismo, es importante señalar cómo influyó en el descenso de vocaciones la cultura individualista y consumista, así como el relativismo moral, con la consiguiente pérdida de referencias trascendentes. En este caldo de cultivo la vocación sacerdotal aparece como algo contracultural.

6. Como consecuencia, la misma imagen social del sacerdote cambia y hasta desaparece. Reflejo de ello es la ausencia de sotanas en ámbitos públicos: el sacerdote quiere ser uno más, incluso muchos se incorporan al mundo obrero. Es cierto que su prestigio social no desaparece, pero cada vez es menor. Añádanse los escándalos de algún miembro del clero que los medios de comunicación magnifican: son minoritarios, por supuesto, pero influyen mucho en adolescentes y jóvenes que, por cierto, comprenden poco las exigencias que conlleva el sacerdocio, cuando no desconocen en la práctica lo que será su vida futura.

7. Si ahora nos adentramos en las interioridades de la vida eclesial, percibimos cambios sustanciales en la vivencia de la fe. En muchas parroquias se produce la imposibilidad de acompañamiento espiritual de los fieles. Vemos también que la liturgia, los ritos, se tornan insustanciales, muchos de ellos puramente folklóricos, poco cuidados y poco significativos, especialmente entre los jóvenes. La vida comunitaria ha perdido la fortaleza que antes tenía. La carencia de sacerdotes produce el abandono de colegios, de espacios juveniles y también de muchos pueblos. Donde hay vida litúrgica intensa, claridad doctrinal y vivencia comunitaria, las vocaciones sí aparecen. Donde no, desaparecen.

8. Resulta curioso cómo se produce una sustitución de compromisos que incluso se pueden definir como cristianos. Vemos cómo muchos jóvenes, y no tan jóvenes, se “apuntan” a movimientos cristianos voluntarios, forman parte de ONGES, se inscriben en grupos eclesiales sin vocación sacerdotal y, en general, se alistan a cualquier voluntariado como forma de entrega total.

9. Retomando lo dicho arriba, hay factores demográficos determinantes que también condicionan la adscripción al sacerdocio. En primer lugar, sabemos ya que España es uno de los países con menos natalidad del mundo. Además, la población joven es cada vez menor. La Iglesia trata de suplir la carencia de sacerdotes “importando” sacerdotes inmigrantes que no suponen efecto ejemplarizante en la grey de los fieles. Por otra parte, el volumen de inmigrantes de Sudamérica aporta católicos, pero no vocaciones locales.

Como conclusión, podemos decir que, entre 1965 y 1985, la fuerte caída de vocaciones ha afectado de manera alarmante tanto a la burocracia de la Iglesia como a la vida espiritual de la comunidad cristiana. Parece que se ha ralentizado, pero no ha repuntado tal como exigiría su pasado histórico y su presencia cultural y social.

También te puede interesar

Lo último