Dos caminos

La verdadera pretensión de una persona normal, que piensa y actúa, recorre caminos como los que siguen:

  • centra su atención “amorosa” en sí mismo, en su familia y en la sociedad, no dedica sus amores a “entes” que no sabe si existen;
  • sabe que el “paraíso” está entre los suyos y por eso trabaja para disfrute de él y de quienes son sus congéneres;
  • sabe que la felicidad está en este mundo y sólo en este mundo;
  • sabe que la ayuda no se obtiene ni con oraciones ni con una “gracia” divina especial, sino que está en su propia seguridad, en su decisión y en la fuerza interior que surge de él;
  • busca un encuentro con la vida para unirse a ella, incluso para someterla a su razón y para disfrutarla, no busca la unión con un cristo hecho de madera o de barro que “se imagina” que es real;
  • sólo encontrará la paz del espíritu por el conocimiento de sí mismo, de las leyes que rigen su conciencia, de los mecanismos, fuente y causa de sus emociones, no por la entrega amorosa a Jesús y a su santísima Madre María con la ayuda de ángeles de la guarda y espíritus sobrevoladores.

El que tiene como norte estas ideas, obrará en consecuencia:

  • entre edificar una escuela o una iglesia, la elección es indudable, edificará una escuela o transformará la iglesia en escuela;
  • si hay que hacer algo, no se distrae con bendiciones y plegarias previas;
  • su cultura tiende hacia la vida: recuerda, sí, a los que murieron, sus méritos, su legado, sus enseñanzas, su cariño, pero no vive pendiente de la muerte ni rememora con ritos o plegarias a los que fueron sus antecesores;
  • lucha contra la enfermedad, no la acepta ni menos ofende al que sufre con “Dios así lo ha querido”;
  • busca erradicar la pobreza como si de una lacra social se tratara, no la ensalza y la acepta como buena;
  • es amante de la paz y rechaza todas las guerras, más si son por motivos “idealistas”, como las promovidas por la religión;
  • busca el entendimiento entre todos los hombres, la unión, la igualdad, la plena realización del ser humano;
  • en fin, pretende una ética universal fundamentada en la dignidad de la persona, en ser parte integrante de la naturaleza; se siente ser social, igual, racional y libre, no una moralidad que sujete al hombre a preceptos irracionales o principios fundamentados en creencias no racionales.

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