Hazte socio/a
Última hora
Fallece una de las monjas ancianas de Belorado

Más sobre el jolgorio navideño de otros tiempos.

No nos podemos hacer una idea ni siquiera aproximada de cómo era el mundo hace dos, tres o cinco siglos en el mundo rural. Un ejercicio de imaginación podría acercarnos a la dura vida rural de esos tiempos haciendo omisión de todas las comodidades que la técnica ha propiciado en nuestros días, coches, televisiones, adminículos de comunicación, lavadoras y utensilios eléctricos de cocina, calefacciones centrales, interruptores eléctricos… Así nos podríamos hacer una idea de lo dura que llegaba a ser la vida en aquellos tiempos.

Añádase que, para poder vivir, el labriego o ganadero dependía totalmente de la naturaleza. Los que tenemos “cierta” edad y hemos “gozado” de la vida de un pueblo, hemos visto de pequeños lo que eran las faenas agrícolas, con pocos periodos de descanso, entre ellos el tiempo de Navidad. Arar los campos con mulas o bueyes días y días a partir de septiembre u octubre, siempre que hubiera llovido para esponjar la tierra reseca, desde que apenas despuntaba la luz del día hasta que era imposible distinguir los surcos; luego, sembrar en noviembre y rastrillar la tierra. Y esperar a que despuntara el grano.  

Diciembre y sus fríos era el lapso que las faenas agrícolas concedían, tiempo para festejos navideños y anteriormente solares. Con la permisividad del clero, épocas hubo en que, en la noche de Navidad que todos esperaban y dentro de los maitines y de la misa, entraban pastores en tropel en la iglesia bailando y cantando, se sentaban delante a comer sus gachas, había coloquios donde, para provocar la risa, se echaba mano de chascarrillos y dichos subidos de tono, había intervención de actores que hacían de profetas, Sibilas en número de doce…

Recuérdense las Églogas navideñas 1 y 2 de Juan del Enzina cuando entró al servicio del Duque de Alba en 1496. En la I, dos pastores, Juan y Mateo, entran en la sala donde los duques oían maitines contando el “misterio” de María con un lenguaje pastoril difícil hoy de entender. Se continúa con la II, juntándose a ellos los pastores Marcos y Lucas. Terminan con un largo villancico a cuatro voces, con gritos de júbilo ¡Gran gasajo siento yo,Huy ho – Yo también, soncas, ¿qué ha?, huy ha!

Graciosa es también aquella canción navideña de Juan de Triana, del Cancionero de la Colombina, donde se pide la ayuda de Dios (Deus in adjutorium meum intende) para la moza que se quiere casar (adveniat regnum tuum) y al fin, presentados varios posibles,  elige casarse ¡con el abad! ¿Y por qué con el abad?, pregunta la madre. “Porque no siembra y ha pan”. Bueno, hasta los mismos clérigos presentes reirían la gracia.

Muy en el fondo, se puede adivinar lo que ambos grupos, el clero y el pueblo, celebraban, que no era otra cosa que la muerte del mundo viejo y el nacimiento del nuevo. La iglesia, con ese afán ordenancista que la caracteriza, sitúa la muerte en fechas determinadas y la reviste de “timor et tremor”, misterio, tremendismo y miedo. El pueblo no, el pueblo la vive de otra manera: es algo natural, si lo viejo no muere no nace lo nuevo, la naturaleza obra así… “Ad mortem festinamus…” que cantaban. Y el mundo moría y renacía en el solsticio de invierno.

Digamos a despecho de lo dicho, que la celebración católico-popular está infinitamente por encima del modo como ha degenerado su ambientación y preparación en el entorno católico. El repertorio teatral y, sobre todo, musical de esta noche es amplísimo, variadísimo y de una alegría desbordante, bien que buscando de alguna manera introducir lo humano en lo divino (otros podrían decir que tratando de liberarse de lo divino).

¿Qué es hoy la navidad? Un recuerdo machacón de los grandes almacenes, oyendo todo el día los mismos degenerados villancicos (deberían pagar un plus de peligrosidad a los empleados de los mismos, por peligro evidente de caer en la neurosis fóbica). Antes del gran Oratorio de Navidad de Juan Sebastián Bach (seis cantatas), en otros lugares de Europa, y de España, ya había suficiente cúmulo de música como para arracimar no 6 sino 60 cantatas. Allá por los alrededores del año 1.000 Nôtre Dame de Paris produjo lo que luego sería el germen de toda la polifonía religiosa de siglos posteriores: los “órgana” de Leoninus y Perotinus Magnus. Fue por Navidad.

Por otra parte y como insistiendo en los aspectos lúdicos, mitológicos y humanamente festivos de la Navidad, ¿alguien se ha preguntado por qué en los belenes de nuestros días están presentes figuras tan extravagantes como el “caganer” o la vieja hilandera? Búsquese “también” entre las explicaciones dadas más arriba: la muerte de lo viejo; la Parca Cloto, la que corta el tiempo, sustituida por la vieja Sibila aunque sea la misma persona. Es una forma como otra cualquiera de pervivencia de elementos anteriores al cristianismo. Dado que también la Navidad es anterior al cristianismo, poco importa señalar un detalle más.  

¿Y que esto son invenciones? Además de lo referido en el Sínodo de Toledo de 1473, recuérdese lo que se decía de Hernando de Talavera:

Siendo nombrado Arzobispo de Granada buscó atraer a la fe “verdadera”, “por las buenas”, a los granadinos recién conquistados y que, a la vista de la lentitud de resultados, fue sustituido por el contundente Cisneros. ¡Será mejor el amuermamiento actual!

También te puede interesar

Lo último