Pascal decía tonterías.
En el fondo, aunque los fieles creyentes afirmen una y otra vez que Dios no tiene nada que ver con la razón humana, que la religión es cuestión del corazón, que la vivencia debe escapar de los moldes de la razón, no por ello desdeñan cuantos argumentos “racionales” han aportado filósofos hoy trasnochados.
Es el caso de Pascal, fiel cristiano y mejor científico. Hay quien percibe la fuerza argumental que tiene su famosa “apuesta” y la reeditan. Son más o menos los mismos que citan sin el menor rubor los argumentos de Tomás de Aquino o Anselmo de Canterbury, aunque los encierren en otros moldes. Y se los creen y a ellos les sirven. Pues bueno… si les sirven... Es curioso que dichos argumentos suelen querer convencer y estar destinados a quienes, precisamente, los refutan y rechazan.
¿Qué decía Pascal? La postura ante Dios puede ser doble y doble la consecuencia:
- Dios SÍ existe, por lo tanto si crees en él, irás al cielo; pero si no crees en él, irás al infierno. Dios NO existe, tanto el que cree como el que no cree, no perderán ni ganarán nada. La conclusión es clara, es mejor atenerse a lo que sí es seguro, esto es, es mejor creer en Dios por la recompensa del cielo.
Es de suponer que el mismo Pascal se daría cuenta de la flojedad de su afirmación y cualquiera que piense un poco llega a las mismas conclusiones sobre la futilidad de tal silogismo. Eso de “si Dios no existe el hombre no pierde nada…” exige mayores matizaciones.
- 1ª. En caso de admitir el SÍ del hemistiquio pascaliano, la salvación o condenación eternas no dependen “sólo” de creer o no creer; dependen sobre todo de una vida recta y honesta.
- 2ª Pascal olvida a la Iglesia: al ser ésta la que guía, controla y administra la “salvación”, las consecuencias en alienación vital son funestas para la salud del individuo que lleve a las últimas consecuencias los dictados y dicterios de ese Dios.
- 3ª Una de esas consecuencias es que creer para llegar al grado mayor de felicidad celestial supone llevar una vida de perros (privaciones, sacrificios, humillaciones, etc): ¿y si Dios no existe? ¿Habré desperdiciado lo bueno que tiene la vida? ¿No estamos en esta vida para ser “también” felices en ella?
Pero la filosofía más elemental añade otras objeciones a esta “ocurrencia” de Pascal:
- 1. Pascal no piensa en otras religiones cuyos requisitos para salvarse pueden ser muy distintos. Da por supuesto que la suya, la católica, es la verdadera. ¿Y el enfado de esos otros dioses, que existen lo mismo que el Dios cristiano, no lo tiene en cuenta?
- 2. Creer o no creer no puede ser una decisión voluntaria, porque la religión nos dice que “la fe es un don de Dios”. ¿Cómo compaginar una cosa con otra?
- 3. Pascal da por supuesto el creer en Dios por pura conveniencia, por el regalo de la salvación. ¿Pero no sabe que Dios lo ve todo y sabe los motivos por los que el hombre acepta creer?
- 4. La disyuntiva de Pascal implica una carencia de certeza, se basa en algo verosímil, en probabilidad. La vida no puede regirse por tales criterios sino por certezas racionales constatadas. ¿Dios es algo constatado?
No merece la pena detenerse en esta vulgaridad de Pascal, que sigue las sendas de filósofos escolásticos. Ni tampoco citar las críticas de, por ejemplo, J.P. Sartre o W.K. Clifford.