La religión en dialéctica bifronte.
Toda religión, como hecho cultural, como estructura y como sinergia de voluntades que es, tiene una morfología bifronte.
Por el hecho de existir, ya es algo positivo; si además es fuente y origen de creaciones artísticas, si ha servido de consuelo para las almas, si ha engendrado figuras heroicas, ya debe ser valorada de forma positiva.
Pero
--si en su seno ha crecido la mala hierba de la imposición y la coacción, de la codicia y del afán de poder;
--si ha cegado los cauces expresivos de la sociedad, impidiéndolos u orientándolos por caminos interesados y la mayor parte de las veces equivocados;
--si sus ideas extravagantes y peregrinas se han extendido por imposición conminatoria;
--si se ha aprovechado de la riqueza creada por los hombres en beneficio de manos improductivas y de creaciones puramente estéticas... ¿qué pensar?
Cuando una sociedad creada "ex profeso" para producir y aportar el bien a las personas genera en su seno tales descarríos y en tan alto grado, quizá al mismo nivel que procura el bien, menester será poner en entredicho su validez cuando no su misma existencia.
Es lo que sucedió con el cristianismo. Dejando de lado las concomitancias mitológicas que conforman su ideología, el nacimiento del cristianismo supuso un sano revulsivo dentro de la sociedad donde se expande. ¿Pero qué vino después?
Gran parte de su historia se puede resumir en los apartados que arriba hemos citado. De ahí la conclusión a la que uno llega: puede haber otras vías más "humanas" para llegar a idénticos resultados.
Es lo que el mundo actual le está enseñando.