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El Papa, con las víctimas

Ya hasta hay teólogos... ¡Que no existe el Purgatorio!

Ya que NO los Jerarcas de la Credulidad, que han dimitido de la apologética hasta por interés vital, al menos SI algún crédulo, aplicando un mínimo de lógica filosófica, podría caer en la cuenta de que toda la defensa de “su” fe, de “su” religión y de “su” credo se hace desde "sus" propios presupuestos.

En principio a nadie podría parecerle mal: cada uno puede creer lo que le venga en gana. El dogma, si se cree por fe, no necesita demostración ni apelativos racionales, se cree.

Pero hay todo un acendrado empeño en demostrar la racionalidad de la fe, que los dogmas no repugnan a la razón, que la fe ayuda a la razón, que fe y razón se complementan... ¡Y por ahí ya no! Los dogmas repugnan a la razón, así de claro. Créanse, sí, pero no se engañen ni traten de engatusar. Es la diferencia entre creer en "verdades suspiradas" o creer en "verdades demostradas".

En ciencia --que engloba el común sentir de la gente-- hay algo elemental, cual es que una demostración no queda validada con su propia definición. O, considerado bajo otro punto de vista, que la explicación reiterada de un hecho no lleva consigo la existencia del mismo. Algo similar, "tertio modo", a ese dicho que dice que una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

Para defender que algo a creer tienecredibilidad, o lo que es lo mismo, para demostrar la racionalidad de los carismas o dones del Espíritu Santo, por poner un ejemplo, se remiten a la doctrina de Pablo de Tarso en la carta a los Corintios, pasan a los Efesios, lo confirman con doctrina del obispo Agustín, generan cientos de miles de testimonios escritos y terminan, es un suponer, con la "Lumen gentium" o con cualquir "miscato". A partir de ahí, ¡ya se puede creer!

Para demostrar que “fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”, recurren a Lucas, se dan una vuelta por Juan, vuelven a Lucas otra vez, se remiten a los Hechos de los Apóstoles, expurgan cualquier comentario de los Padres de la Iglesia, generan cientos de miles de lecturas y libros y... ¡ya se puede creer!

Para demostrar la existencia del Purgatorio --curiosamente negada ahora por conspicuos y defenestrados teólogos-- recurren a los Macabeos, acceden luego a Mateo, lógicamente acuden a los sempiternos Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, revuelven en los concilios de Lyon, Florencia o Trento, llegan hasta "Constituciones" relevantes del Vaticano II, generan toda una sarta innúmera de textos plagados de terrores ígneos, se ponen a orar como posesos por los númenes de sus antepasados recientes(1), ofrecen las necesarias dádivas... ¡y ya tienen una tradición existencial, ya existe el Purgatorio, ya hay que creer en él!

(1) En los innúmeros funerales a los que he asistido, he dejado volar la imaginación, co-padeciendo sentimentalmente a los deudos e incluso dejando en libertad al pensamiento. He llegado a la conclusión de que los suplicios purgacionales deben ser tremendos durante el primer año, desaparecen antes de llegar al 2º aniversario y en algunos casos, muy raros, perduran hasta que la viuda muere...

Lo ciertamente seguro es que tales penas no duran un siglo. ¡Y mire Ud si hay delitos que debieran purgarse por lo menos un milenio! ¿No será porque no hay nadie que ofrezca unos miserables maravedíes por una minúscula oración?.

¡El Purgatorio, sólo el Purgatorio, es una fuente importante de "pasta", y no para servir de combustible. Su Valor Añadido, además, no tiene una I delante.

Por idéntica razón, crea o admita el crédulo sin el menor cargo de conciencia –racional— que todo eso “se puede no creer”.

Dado que el argumento “de autoridad” no es nunca argumento, y no otra cosa es la remisión constante a “sus fuentes”, habrá que recurrir a su misma doctrina filosófica: “quod gratis afirmatur, gratis negatur”. El refrán es suyo.

No salen por los campos de la vida, del sentido común, de las reglas científicas a buscar la confirmación del revoltijo en que se encuentra su propia casa: ponen un poco de orden en los rótulos, sacuden el polvo de los siglos, siguen charlando entre ellos del sexo de los ángeles y ya les basta.

Si insisto en este asunto es para que no insistan en la murga de que es razonable creer. Sí, creer es razonable, porque de hecho se cree: lo que no es razonable es creer en lo que se cree.

Moralejas "en positivo":

1) La mayor convicción fíltrala con tu razón.

2) La razón del "boca a boca", muchas veces te equivoca.

3) Si una cosa me sirve, puede que la contraria me sirva más.

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