Tiempo para nosotros

Por tenerlo todos y poderlo desperdiciar, quizá valga poco: el tiempo...

Sí, el tiempo dedicado a los dioses y las energías destinadas a ellos, han de dedicarse al hombre. Hombre que siempre será, como Dios, único. Su dignidad está en su unicidad, pero siempre necesitado de integrarse, “por abajo”, en la naturaleza y, “por arriba”, en la sociedad.

Dios tiene todo el tiempo del mundo y quiere jugar con nosotros: la vida es corta y no está para dedicarla a estos juegos, los juegos de la salvación. Mejor será dedicar el tiempo, primero, a nosotros mismos, que sólo disponemos de una vida que no tiene marcha atrás; y luego, como primicias de la vida, a los niños, que son los verdaderos dioses de la vida, antes de que sufran la transformación que la sociedad espera de ellos.   

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