Ha sido Adela Cortina quien ha tomado de su mano la expresión “razón cordial”, rescatando la identidad del ser humano que no solo es grandeza y reclama respeto por su autonomía, sino que es también fragilidad y reclama compasión.
¿Cómo ayudar a las personas que se encuentran mal, a las personas que sufren porqué tienen alguna dificultad en su propia familia, consigo mismos, en el ámbito laboral, porqué han perdido un ser querido o lo están perdiendo? ¿Cómo hacer que la relación sea un encuentro terapéutico que alivie el sufrimiento?
La pérdida ambigua puede dejar a las personas paralizadas, incapaces de seguir con su vida, sin rumbo, sin brújula, abandonadas a una suerte de cuya salida no se tiene noticia, ni siquiera por comparación.
La muerte, tanto la de otros como la propia, es una de las experiencias más significativas y proveedoras de sentido en la vida de los seres humanos, pero a la vez, constituye el gran tabú de la época contemporánea.
Sentirse acogido en el corazón tiene que ver con esa experiencia de confort emocional que uno hace cuando experimenta que lo más íntimo es también observado, contemplado, no juzgado y entrañablemente cuidado por el que acoge
La resiliencia depende del arte de tender el brazo para pedir ayuda y del arte de procurarla con relaciones significativas para ayudar a subirse sobre la barca que se ha dado la vuelta en la vida de tantas personas.
En el ámbito de la relación con las personas enfermas, discapacitadas o sufrientes por cualquier causa, el poder terapéutico del contacto corporal, de la ternura es muy importante.
Las palabras, que una vez dichas ya no nos pertenecen, y tienen una gran importancia a la hora de abrir el corazón a la esperanza, o de encaminarlo a la desesperación.
Ser cuidado, dejarse querer, dejarse ayudar, constituye un reto para vivir con sentido en muchos momentos de la vida, especialmente en situaciones de gran dependencia.
Humanizar constituye un reto permanente que nos interpela el modo como realizamos nuestros procesos de identificación de necesidades y de acogida a las personas
La propuesta de Jean Allouch en “la erótica del duelo en tiempos de muerte seca” tiene como hipótesis central la subjetivización del duelo en lugar del trabajo del duelo, es decir, la significación, particularmente con el poder de la narrativa, de lo perdido y de uno mismo, no solo el desplazamiento del objeto amado a otro.