La pérdida ambigua puede dejar a las personas paralizadas, incapaces de seguir con su vida, sin rumbo, sin brújula, abandonadas a una suerte de cuya salida no se tiene noticia, ni siquiera por comparación.
La muerte, tanto la de otros como la propia, es una de las experiencias más significativas y proveedoras de sentido en la vida de los seres humanos, pero a la vez, constituye el gran tabú de la época contemporánea.
Sentirse acogido en el corazón tiene que ver con esa experiencia de confort emocional que uno hace cuando experimenta que lo más íntimo es también observado, contemplado, no juzgado y entrañablemente cuidado por el que acoge
La resiliencia depende del arte de tender el brazo para pedir ayuda y del arte de procurarla con relaciones significativas para ayudar a subirse sobre la barca que se ha dado la vuelta en la vida de tantas personas.
En el ámbito de la relación con las personas enfermas, discapacitadas o sufrientes por cualquier causa, el poder terapéutico del contacto corporal, de la ternura es muy importante.
Las palabras, que una vez dichas ya no nos pertenecen, y tienen una gran importancia a la hora de abrir el corazón a la esperanza, o de encaminarlo a la desesperación.
Ser cuidado, dejarse querer, dejarse ayudar, constituye un reto para vivir con sentido en muchos momentos de la vida, especialmente en situaciones de gran dependencia.
Humanizar constituye un reto permanente que nos interpela el modo como realizamos nuestros procesos de identificación de necesidades y de acogida a las personas
La propuesta de Jean Allouch en “la erótica del duelo en tiempos de muerte seca” tiene como hipótesis central la subjetivización del duelo en lugar del trabajo del duelo, es decir, la significación, particularmente con el poder de la narrativa, de lo perdido y de uno mismo, no solo el desplazamiento del objeto amado a otro.
En el mundo de la salud, donde la tecnología campa cada vez más a sus anchas, no hay que negar que se hace indispensable la pregunta sobre el bien y el mal, lo justo y lo injusto.
Dad la gran necesidad que existe en el el acompañamiento en duelo, los Centros de Escucha especializados en este tipo de acompañamiento son aún insuficientes.
Escuchar es un arte y así lo practicaba San camilo de Lelis. Se aprende con paciencia, entrenamiento, supervisión. En particular, la escucha para aplicarla a las profesiones de ayuda, la que esperamos todos encontrar en una alianza terapéutica humanizadora.
Los abusos sexuales a menores son una forma terrible de generación de sufrimiento. Han existido siempre y han sido valorados de manera diferente a lo largo de la historia
José Carlos Bermejo: "Estamos convencidos de que es necesaria la investigación para contribuir a la eliminación de los abusos, a la construcción de una cultura humanizada y al deseo de salir crecidos de las experiencias traumáticas vividas"
Puedes participar de la investigación pinchando aquí El cuestionario es anónimo