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Santos y santos

Todos –casi todos- somos santos. La misma Iglesia católica nos dedica el uno de noviembre un día particular titulado litúrgicamente la “Fiesta de Todos los Santos”. Si no fuéramos santos, o no quisiéramos efectivamente serlo, ni usted estaría leyendo este comentario con interés en profundizar y hacer más consciente su fe, ni tampoco yo me molestaría en redactarlo, en acondicionar su publicación y exponerlo a interpretaciones de un signo o de otro.

Teniendo presente la condición de santos-santos de todos, es obligado reconocer que a algunos y algunas se les concedido el “honor de los altares”, mediante el correspondiente, complicado y costoso -en todo orden de cosas- proceso canónico. Exactamente esta faceta de la santidad es parte, si no importante, sí significativa de este comentario.

La ocasión próxima me la proporciona el número 2.153 (año XLII-14) del cuatro de abril de 2010 de “L’Osservatore Romano” -edición semanal en lengua española- en cuya página 2, y en su apartado “Promulgación de decretos de la Congregación para las Causas de los Santos”, se publican nada menos que 16. En los mismos se reconocen expresamente y en orden a la beatificación-canonización de los siervos y siervas del Señor, la autenticidad de milagros, el martirio y las virtudes heroicas de quienes, con sus nombres y apellidos y sus circunstancias de lugar, de tiempo y de obras en el decurso de sus vidas y de su paso -“pascua”- por la muerte, nos dejaron otros tantos ejemplos, constituidos además en nuestros mediadores ante Dios.

Subrayo en esta ocasión, y a la vista del contenido de la promulgación de los Decretos de la citada Congregación, que ellos pertenecen y son de fundadoras de la Congregación de Misioneras, de Religiosas de la Inmaculada, Esclavas de María, Hermanos de la Compañía de la Cruz, de la Sagrada Familia, de la Dolorosa, obispos, arzobispos, sacerdote diocesano, religiosos y de un solo seglar, por más señas “Luis Grozde, laico, miembro de la Acción Católica, que nació en Gorenje Vodale (Eslovenia) el 27 de mayo de 1923 y fue asesinado por odio a la fe en Mirna (Eslovenia) el día uno de enero de 1943”.

La proporción del santoral canonizable, tal y como refleja la reciente promulgación de estos Decretos con su casi totalidad de clérigos –religiosos- Jerarquía y los laicos -uno solo-, intensifica en muchos el interés de hacerse a sí mismos y a las “autoridades eclesiásticas competentes, “preguntas” como estas:

¿Es que sólo o fundamentalmente son –siguen siendo- santos canonizables en la Iglesia los curas, los frailes, las monjas y los monjes, junto con obispos y arzobispos? ¿No será lícito apuntar a que, siendo la inversión, también la económica, considerable, si no hay una Orden, Congregación o Diócesis que financie los gastos, estos no los asumirá una familia o una asociación interesada en contar en su calendario con una nueva fiesta litúrgica? ¿No estarán exigiendo estas preguntas y sus congruentes respuestas otros procedimientos en el “iter” de los actuales procesos de canonización de tal modo que su continuidad deje de desedificar al Pueblo de Dios, que por supuesto debiera intervenir mucho más y decisivamente en la elección de los santos?

¿Es que también ha de contar el dinero en canonizaciones y beatificaciones, tanto para su iniciación como para su coronación y festejos? ¿Habrán de estar expuestos los santos también a las vanidades, presunciones y orgullos devotos y mojigatos de personas concretas, de asociaciones e instituciones con nombres o apellidos de Dios, de la Virgen o de otros santos? ¿Provocará desánimos, o afanes de superación y de fe, en los laicos, la comprobación de que el reconocimiento oficial de la santidad canónica o litúrgica apenas si les pertenece, a consecuencia del acaparamiento del estado clerical y asimilado?

En las páginas del ejemplar de “L’Osservatore Romano”(edición en lengua española) del que tomo los datos de la promulgación de los Decretos para las Causas de los Santos, compruebo con curiosidad, carente de sorpresas, que no hay un solo artículo en el que se exponga alguna idea que roce la crítica, que se inserta una documentada exposición sobre “El Infierno según el Nuevo Testamento”: “el lugar gélido” y que en las 16 páginas de este número se insertan 17 fotos solemnes del Papa.

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