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Ganas de hacer el canelo.

Yo no sé si la fotografía que cuelgo es la de Manuel Mandianes. La tomo de Religión Digital. Que nos dice que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas acaba de descubrir un Mediterráneo que llevaba no sé cuantos años descubierto. No sé cuantos siglos. Y el descubridos ha sido un tal Manuel Mandianes que, si es el de la fotografía, en vez de dedicarse a descubrir lo descubierto, mejor le iría yendo a tomar el sol a ese mar que acaba de descubrir porque parece lavado con OMO.

Tampoco sé, ni me importa nada, si ese Manuel Mandianes es el mismo Manuel Mandianes Castro, sacerdote español expulsado de Colombia en el año 1972. Si sigue de sacerdote, si se ha secularizado, si tiene esposa, novia, hijos o si regenta alguna parroquia en alguna diócesis española. En el caso de que sea el mismo. Que también me la refanfinfla.

No sabemos el día en que nació Cristo. Y ni siquiera el año. Eso lo sabe todo el mundo. Pero en la noche del 24 al 25 de diciembre conmemoramos su Nacimiento. Con amor, con fervor y con enorme gratitud al inmenso amor que nos entregó. Naciendo para nuestra salvación eterna y para hacernos hijos de Dios.

Pues eso es todo. ¡Qué importan las fechas ante ese infinito misterio! Dios nos ha nacido. Se nos ha dado. Y lo celebramos ese día. Porque nos da la gana celebrarlo. Con gozo agradecido y emocionado.

Como celebramos a Santiago el 25 de julio, a Santa Ana el 26 y a la Virgen del Pilar el 12 de octubre. Bien sé que no es dogma de fe el sepulcro de Santiago o la venida en carne mortal de la Virgen a Zaragoza. Pero los que queremos lo conmemoramos. No hacemos daño a nadie. Y el día pudiera ser cualquier otro. O tal vez ninguno. Sería igual. Pero son esos. En nuestra veneración. Si ahora viniera cualquier genio, y creo que ese tal Mandianes no lo es, a decirnos que sería mejor el 27 de marzo o el 6 de noviembre pensaremos que está haciendo el chorras. Y si dice que ninguno, pues allá él. Jamás hemos pretendido que, cura o no, comparta nuestras creencias y nuestras devociones. Yo, personalmente, prefiero tenerle por absolutamente ajeno a mí.

Lo único que lamento es que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, institución hasta hoy muy acreditada, entre en estas cuestiones sectarias, anticatólicas y de una ciencia que no lo es.

Mandianes, seas el cura o no, me parece que has metido el remo.

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