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Culto en espíritu y en verdad

Domingo 3º de cuaresma

Culto en espíritu y en verdad

Domingo 3º de cuaresma

Evangelio Jn 4, 5-35

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José: allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial.  Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: Dame de beber. (Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida).

La Samaritana le dice:¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contesto: Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.

La mujer le dice: Señor, si no tienes cubo y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?

Jesús le contesta: El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

 

La mujer le dice: Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Señor, veo que tu eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.

Jesús le dice: Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto; llega  la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adoraran al Padre en espíritu y verdad.

Par meditar:

El cuarto evangelista sugiere aquí la única vocación de la humanidad: vivir como hermanos sin discriminaciones reconociendo con gratitud esa Presencia de amor en que todos habitamos. Todos en el fondo tenemos sed de esa presencia; por la fe nos abrimos libremente a esa presencia y caminamos en ella. Es lo que celebramos en el culto litúrgico

La   conducta de Jesús derriba el muro de separación entre hombre y mujer. En aquella sociedad judía era impensable que un judío alternase con una mujer de igual a igual. Mentalidad machista sigue todavía en nuestra sociedad, minusvalorando y utilizando irreverentemente  a las mujeres.

También el evangelio sugiere la necesidad de admitir pluralidad de religiones. El cuarto evangelista ya ve cómo la misma comunidad cristiana puede caer en el ritualismo, cuando en realidad todos los ritos y símbolos sacramentales en la comunidad cristiana deben ser expresión y ayuda para vivir la fe o experiencia cristiana como seguimiento de Jesucristo. Santiago lo dice así: “La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo”. Como expresión e impulso para esa conducta tienen sentido las prácticas religiosas.

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