S. Ignacio de Loyola: principio y fundamento
01 El “primer Ignacio de Loyola”.
De joven, San Ignacio fue un hombre con un futuro militar y humano prometedor brillante, dado a la fantasía y a la buena vida en los palacios de Castilla. Hasta los 26 años de edad fue hombre dado a las vanidades del mundo a caballo del poder y placer.
Como San Pablo, también Ignacio de Loyola tuvo su caída del caballo a partir de ser herido en Pamplona en 1521; pasó su noche oscura, tuvo su punto de inflexión y, de la mano de Dios, vio la luz y su vida cambio de rumbo de manera radical
02. El “segundo Ignacio de Loyola”. Principio y fundamento.
S Ignacio entra en crisis tras la grave herida de Pamplona.
En la convalecencia en Loyola cae en cuenta de que el principio y fundamento, el tesoro de la vida -que meditábamos el pasado domingo- no son las armas ni los honores militares, ni otro tipo de “fundamentos”. La roca que nos cimienta y nos salva, la piedra angular es Dios (JesuCristo).
La primera meditación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio es -probablemente- la piedra angular, lo más importante de la vida de San Ignacio y de toda existencia humana.
Dios es el principio y fundamento de su vida y de la nuestra.
Quien sabe de dónde viene y hacia dónde va en la vida, ya sabe mucho y definitivo en la existencia.
03. El sentido de la vida
¿Cuál es fundamento de mi vida? ¿Por qué y para qué vivo? Esta es la cuestión radical.
Por contraposición, para quien no sabe a dónde va, ningún viento le es favorable.
Al mismo tiempo: quien tiene un motivo para vivir, ya encontrará el cómo.
En el fundamento que pongamos a nuestra existencia, radicará también el sentido de la vida
San Ignacio fue un peregrino en busca de sentido, en busca de centrar su vida. La piedra angular de su vida (y de la nuestra), el principio y fundamento es JesuCristo.
04. Tres grandes hombres de nuestro pueblo
Allá en Roma, en la Iglesia del Gesù (Jesús) están enterrados San Ignacio de Loyola y el Padre Arrupe. Se suele decir que son los dos fundadores de la Compañía de Jesús. San Ignacio la funda allá en el siglo XVI (1491-1556) y el Padre Arrupe en el siglo XX (1907-1991).
En el crucero de la misma Iglesia del Gesù se encuentra también el brazo del navarro san Francisco Javier, (1506-1552) compañero querido de Ignacio de Loyola.
Tres grandes hombres, que lo fueron por su fe y por su audacia. Los tres fueron hombres de pensamiento y de fe, valientes y audaces hasta el final.
+ Ignacio pudo haber seguido siendo un militar brillante o viviendo tranquilamente en Loyola, o en la corte de Castilla, pero cambió radicalmente su vida y la entregó al Reino de Dios.
+ El Padre Arrupe fue un hombre audaz que decididamente encauzó la Compañía de Jesús hacia los pobres y la teología de la liberación, lo cual le costó ser prácticamente denostado.
+ Francisco Javier llevaba camino de ser un “señorito parisino”, “terrateniente” en Navarra, pero Francisco quema las naves y con el evangelio en la mente y en el corazón se embarca hacia las misiones donde entregará su vida y morirá el 3 de diciembre de 1.552 en Sanchón, frente a China,
Los tres abrieron caminos en la vida.
San Ignacio es el vasco más universal. San Francisco Javier fue un hombre audaz y misionero. El P Arrupe vertió la Compañía de Jesús un místico en el “hábitat” de la teología de la liberación. Los tres grandes cristianos, hombres audaces, pensadores y con una actividad.
Yo me pregunto si nuestra Iglesia hoy y aquí es audaz, creativa, evangelizadora, misionera o estamos enrocados en una iglesia fosilizada, sin audacia, clerical y sin espíritu…
Nos hace falta principio y fundamento en la vida (S Ignacio), evangelización (Fco Xabier), mística y audacia (P Arrupe). Necesitamos libertad de espíritu, gente de la Palabra,